Buscar en:
  
   
    Zona Vip
Maru Ruiz de Icaza
23 de marzo de 2008

La semana pasada les comentaba sobre los numerosos eventos de moda que se han celebrado últimamente.

Además de los que están por celebrarse en nuestra capital.

Muchas “semanas de la moda”, que evidencian, a mi juicio, una falta de solidaridad entre los protagonistas de la moda en nuestro país.

En respuesta a mi columna anterior, recibí un correo de nuestra querida amiga Odette de Anda, ex presidenta de Fashion Group-México, ex consejera de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido y representante de la firma Pierre Cardin en nuestro país. En resumen, una experta en el tema.

En su correo, Odette coincidía conmigo en cuanto a la necesidad de una mayor solidaridad entre los diseñadores mexicanos, pero hablaba también de otros factores que en su opinión, entorpecen el desarrollo de la industria de la moda en México, y que a continuación reproduzco:

“Los creadores necesitan un verdadero líder, que no sea diseñador pero que a la vez conozca a fondo el mundo de la moda nacional e internacional, y que los guíe sin intereses personales de por medio.

También necesitan un verdadero apoyo del gobierno mexicano y de su entidad, tanto en lo económico como en las relaciones publicas. Un ejemplo de lo que puede conseguirse con ello, es lo que el gobierno de Galicia (España) ha logrado para todo el talento gallego: el reconocimiento del gremio y un incremento en los negocios a nivel local y mundial.

La moda es una industria que genera millones de empleos en México, y valen la pena los apoyos que se le den. La moda no es solo glamour, significa muchas cosas más”, nos dijo Odette en su correo. Coincido con ella.

YA ME HABÍAN COMENTADO que las filas para ver la exposición fotográfica Ashes and Snow, del canadiense Gregory Colbert en el zócalo capitalino, eran de miedo, pero como ya se viene encima el mes de abril, fecha en que según tengo entendido termina la muestra, me propuse buscar un día y una hora “adecuada” para ir con mi familia.

Elegí el martes pasado a las 7 de la noche. “Seguro que entre semana, y de noche, no habrá nadie”, me dije. Pero cual no sería mi sorpresa cuando llegamos, y vi a un montón de gente que pensó lo mismo que yo. Creí que jamás entraríamos, pero no, sí entramos, y lo hicimos casi de inmediato, junto con aquella marea humana, que como nosotros, soñaba ilusamente disfrutar de la muestra.

No quiero parecer una amargada, pero debo decir que no disfruté nadita mi paseo cultural en familia, y no porque la exposición no valiera la pena, sino porque… no la vi. Entramos en el recinto de bambú (espectacular, hay que aceptarlo), como si de una columna del ejercito se tratara, y como yo iba al centro de la formación, tenía que brincar volteando a uno y otro lado para alcanzar a ver las fotografías de gran formato, que prácticamente en su totalidad ya había visto por televisión.

Así, pude alcanzar a percibir la pata de un elefante, la parte delantera de una canoa, la mano de un orangután acariciando la mano de una mujer, y otros pedazos de cada una de las fotografías; nunca el todo. Tratando de remediar el asunto, me abrí paso entre la gente para ocupar un puesto en una de las orillas.

¿El resultado? Que por poco me caigo a uno de los espejos de agua que están colocados a los costados del pasillo, justo por debajo de las fotografías. Una vez pasado el peligro del remojón, tuve que apurarme a ver las imágenes, pues los que venían detrás empujaban a los de adelante. Total, que como pude logré llegar al final del pasillo, donde estaban proyectando algunos videos, interesantes, no lo niego, solo que verlos de pie, con gente moviéndose enfrente y detrás de ti, hacían de la experiencia algo bastante incómodo. Y luego la música, que según me dicen es una maravilla, estaba puesta en un volumen tan bajo, que el ambiente que se pretende lograr, no se consiguió, por lo menos en el tiempo, brevísimo, que estuve dentro.

Para colmo, afuera estaba un grupo de danzantes, bailando a ritmo de sus estruendosos tambores. Total, que ya me urgía salir de ahí. Y salí, claro que sí, y bien rapidito, porque otra marea humana se alistaba para hacer su recorrido. Pero no quería que aquel paseo familiar terminara con tan mal sabor de boca, así que se me ocurrió invitar a los míos a cenar al tradicional Café de Tacuba, al que hacía un buen tiempo que no iba. ¡Qué lugar!

Ya había olvidado lo bien que se come, y lo pintoresco que es. Ubicado en una vieja casona del siglo XVII en el Centro Histórico y fundado en 1912, el restaurante ha sido marco de innumerables sucesos, que forman ya parte de la historia de México. Ahí han sido filmadas, algunas películas, como “Los hijos de Sánchez”, en la que el inolvidable Anthony Queen interpretó a Santos Hernández, empleado del lugar por más de 50 años; también ha visto teñir sus manteles de rojo, con el asesinato, en junio de 1936, de Manlio Fabio Altamirano, un prominente político de la época; y qué decir de su fantasma, una monja que se hace presente moviendo manteles y enchinando la piel de quien se encuentra con ella.

Sin duda, un lugar con mucha historia, que revive, para suerte de nosotros, los comensales, el sabor de los platillos fuertemente arraigados entre los mexicanos desde la época de la colonia. Al final, valió la pena nuestro paseo.

¡Hasta la próxima semana!

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Inició su labor como periodista hace doce años en la revista Actual, donde aún colabora. A lo largo de su carrera, ha entrevistado a personalidades como Bertín Osborne, Fernando Allende, Claudia Schiffer, Eva Herzigova, Nicola Bvlgari, Tonino Lamborghini, Guadalupe Loaeza, Juan Soriano, José Luis Cuevas; deportistas como Gabriela Sabatini, Gustavo ?Guga? Kuerten, así como a la alpinista mexicana Karla Wheelock.

Es corresponsal en México para la revista ¡Hola! desde hace cuatro años. Desde entonces ha realizado diversos reportajes para la conocida revista española del corazón, como el que hizo al magnate Peter Loftin en su residencia Casa Casuarina de Miami, que fuera propiedad de Gianni Versace; a Ana Cristina Fox, en su cabaña de Los Pinos; o más recientemente, al empresario Carlos Peralta, en su increíble barco ?Princess Mariana?, en la isla de Capri.

Recientemente recibió la invitación para colaborar en la revista Élite, que saldrá a la luz en abril o mayo de este año.

 
Columnas anteriores
 
Falta unión entre los diseñadores mexicanos 2008-03-16
 
Presenta Martha Chapa libro sobre gastronomía 2008-03-02
 
El 120 aniversario de El Colegio Americano 2008-02-24
 
Librería de Polanco, entre las mejores 10 del mundo 2008-02-17
 
Premiarán en Italia a Leonardo Péreznieto 2008-02-10
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL