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Hugo Sánchez tampoco se equivoca, porque es el mesías del gol ¿Con qué cara los amarillos van a reclamar fraude, democracia? Desde hace no muchos años la Semana Santa ha sido concebida como una temporada de asueto, sea para la reflexión, sea para la vacación. Durante esa semana —y no se diga los llamados “días santos”— los políticos reducían sus actividades y no faltaban los que incluso proponían que en consonancia, los medios de comunicación suspendieran sus actividades. Siempre estaban las voces que auguraban que no pasaría nada y, por tanto, nadie leería diarios, escucharía radio o perdería su tiempo mirando televisión, sobre todo noticias. Hubo casos en los que gobiernos del PRI aprovecharon el “sabadazo” de Semana Santa para anunciar tales o cuales políticas, con lo que anulaban toda posible reacción. Pero así como ha cambiado el clima global, como en la Semana Santa ya son muy pocos los que deciden que son días de “guardar”, también los actores políticos parecen empeñados en que la Semana Mayor también sea de sobresaltos. Por eso, y a manera de provocación, el pasado jueves, en el blog La Otra Opinión planteamos: ¿socialmente que es más importante? ¿El fracaso de Hugo Sánchez con la selección, el escándalo Mouriño, o el cochinero que exhibió el PRD en la pelea interna por su dirigencia? La respuesta fue inesperada. Y, en efecto, quedó claro que si bien una buena porción de ciudadanos se olvidan del trajín cotidiano en Semana Santa, muchos otros están atentos al acontecer diario. Pero más importante que la sobrevivencia mediática de temas como el fracaso del Tri, el escándalo por la elección en el PRD y por las acciones nada éticas de Mouriño —y agregamos el de la supuesta privatización de Pemex—, es que en momentos que debieran ser de reflexión —o acaso por eso— buena porción de la sociedad descubre en políticos, líderes, partidos y actores sociales una constante de cinismo y valemadrismo que parece un síndrome emparentado con la mediocridad, la ausencia de compromisos y valores y, en general, con el autorretrato de “pecadores” en que nos vemos reflejados. El valemadrismo es algo así como la suma de los pecados por los que murió Jesús en la cruz y lo mismo lo vemos en el espectáculo deportivo más popular, el futbol, que en el ejercicio del poder, público, privado o político. Así, los actos inmorales, la falta de valores, el nulo respeto a lo que dice y piensa el otro, y las frecuentes muestras de cinismo, parecen una constante presente siempre en todas las actividades y que sale a flote hoy. Hugo: la vergüenza En este espacio no somos ni especialistas ni fanáticos del futbol, pero sí sabemos que es una actividad social, un espectáculo y un jugoso negocio que mueve a miles de espectadores, pero también millones de dólares. Además del espectáculo, del negocio, de esa necesidad social de pertenencia grupal, el futbol juega un papel que nadie puede negar en la identidad social y nacional. “Quiero un gobierno de ganadores”, “de jóvenes ganadores”, dijo, palabras más o menos el entonces candidato Felipe Calderón, cuando la selección juvenil de México se alzó con el triunfo en el campeonato del mundo de esa categoría. Esa explosión de felicidad colectiva, de identidad del ser mexicano “con lo mejor del mundo”, por lo menos en el futbol juvenil no sólo hizo soñar a muchos que creyeron que esa identidad nos colocaba entre lo mejor del mundo —no digamos en educación, cultura, civilidad— sino que reafirmó un sueño alimentado por las televisoras, los grandes tiburones que se llevan la “tajada del león” en el espectáculo de las patadas; el de que en futbol México es potencia. Y para mostrar al mundo que somos algo así como el “macho cabrío” que todo lo puede y lo alcanza, los señores del futbol le dieron la encomienda de la dirección técnica a un triunfador en México y en Europa: Hugo Sánchez, motejado por muchos como ego Sánchez. Bueno, la historia ya todos la conocen. El señor que insultó, criticó, difamó y se burló del anterior director técnico —cuyo nombre omitimos para ser congruentes con su modestia— hoy es incapaz para la autocrítica. Hugo Sánchez ha sido un fracaso como director técnico, pero igual que su par en la oposición de izquierda —claro que nos referimos al “legítimo”— habla de complots, de algo así como cercos informativos, persecuciones, al tiempo que reclama nuevas oportunidades. ¿Por qué? Sí, porque es el mesías prometido. Claro, para el futbol. ¿Y donde está la vergüenza, los principios y valores, el pudor, la sensatez para decir: “Me equivoqué y por vergüenza renuncio”? No, Hugo no es de ésos. Sí, es del mismo equipo que el “legítimo”. Ninguno comete errores, a los dos los persiguen los perversos. Hugo hace ahora todo lo que ayer criticó. Y peor, no le da vergüenza. PRD: la tragedia Y el mismo fenómeno del valemadrismo, del cinismo, la farsa y la desvergüenza política se percibe en el PRD, ese partido que hace 19 años nació de un escandaloso fraude electoral, cuyos líderes fundadores supieron encauzar hacia la construcción de un partido que prometía ser de izquierda y que apenas al entrar a su adultez parece destruido por otro fraude, pero en este caso no contra el PRD, sino desde dentro del PRD. Muchos ciudadanos delirantes, ciegos y sordos por el amor a un mesías que nada tiene de izquierda y mucho de derecha facciosa se enojan, nos insultan, difaman y lanzan agresiones, porque sostenemos que ese PRD que hace 19 años nació como con estandarte de la “revolución democrática” y la encomienda de sacar al PRI de Los Pinos, hoy es artífice de la “involución democrática” y terminó por ser víctima del “síndrome de Estocolmo”: se enamoró de su secuestrador. El PRD fue víctima de todo lo que criticó. Hoy es el partido más corrupto, antidemocrático, el que usa los métodos más sucios para sus disputas internas, el que compra lealtades, clientelas electorales, roba, embaraza, quema y destruye urnas, inventa padrones, al tiempo que heredó toda la maquinaria de la trampa del viejo PRI. Y por si fuera poco, el “presidente legítimo”, ese que muchos ciegos y sordos defienden a ciegas y sordas, es el artífice del gran fraude. Y no, no se equivoquen, ninguno de los perredistas se salva. Todos son parte de esa gran farsa, de la lucha descarnada por el poder, que ya destruyó al instrumento que se dio la izquierda mexicana para llegar al poder. Y claro, cuando criticamos esa farsa monumental y la destrucción de ese PRD por parte del “legítimo”, de sus secuaces, de la claque que sólo ambiciona el poder por el poder, de Los Chuchos, Los Bejarano y muchos otros ambiciosos y cínicos, no pocos se enojan y —sin entender que la crítica es la joya de la corona para el periodismo de opinión— todavía preguntan: “¿Por qué critica de manera obsesiva a AMLO?”. Sí, les guste o no, toda la actual generación de los amarillos, pero sobre todo el señor “legítimo”, pasarán a la historia como destructores del más importante partido de la izquierda mexicana. Y hay que repetirlo, esa izquierda por la que muchos dieron la vida. Mouriño, inmoral Y dicen los que saben que en la tienda de enfrente, en el cuartel del presidente Calderón, se respira un clima de felicidad por el proceso de autodestrucción del PRD. Pero el problema no está en Los Pinos, sino entre los ciudadanos de a pie. ¿Con qué cara el “legítimo” y su claque volverán a hablar de fraude, de gobiernos “espurios” y de su calidad de supuesto “legítimo”? ¿Quién, luego del cochinero intramuros del PRD, podrá creer que les interesa el petróleo, defender la soberanía? ¿Quién podrá creer que esos enfermos de poder que son los amarillos, son una fuerza que defiende la doctrina de izquierda y que propone la revolución democrática? En efecto, son pocos los que más allá de la pasión y la sinrazón puedan creer que el PRD es de izquierda y que se propone la revolución democrática. Más bien, se trata de la confirmación de que el PRD es la cuarta etapa del PRI. Sí, pero eso no le quita ni un milímetro la mala fama y la peor imagen que se ganó a pulso el señor Juan Camilo Mouriño, el secretario de Gobernación que contra viento y marea sostiene el presidente Calderón y cuya permanencia también coloca al gobierno de Calderón y al propio campechano, como parte de una claque en el poder que carece del más elemental respeto a los ciudadanos. Ante el escándalo por su nada ético proceder político-empresarial, el señor Mouriño primero debió colocar su renuncia a la consideración del Presidente —que es el que legalmente lo nombró y lo puede despedir— como un mensaje a los ciudadanos que le perdieron la confianza. Pero no, el señor Iván prefirió las faldas del poder, la protección oficial, y hoy camina en calidad de junior del poder. Sí, le debe todo a su padre político, al presidente Calderón. Y eso lo convierte en un producto político de desecho. ¿Alguien con un milímetro de frente puede creer que el señor Mouriño es confiable? ¿Entonces, por qué lo mantiene el Presidente en su cargo? Bueno, porque Felipe Calderón también ha sucumbido a la soberbia del poder. Un ejemplo. Muchos dijeron que si retiraba a su secretario de Gobernación, se debilitaría hasta el extremo. ¿Saben cuántos secretarios de Estado cambió el presidente Zedillo en el primer año? Sí, a tres; Hacienda, Gobernación y Educación. ¿Y eso lo debilitó? Sí, pero esas posiciones son o deben ser fusibles intercambiables. Calderón no quitó a Mouriño por sus complejos foxistas. ¿Qué quiere decir eso? Que cree que le daría la cabeza de Mouriño a AMLO. Y ese complejo lo vimos el pasado viernes, en el Hemiciclo a Juárez, en donde Calderón le ganó el evento a AMLO. ¿Quién está haciendo crecer al “legítimo”? Pues sí, lo hace crecer el “espurio”. Por curioso que parezca. Pemex: inmorales Y en el caso de la reforma energética, que involucra de manera directa a la paraestatal Pemex, también parece que alguno de los 10 pecados capitales ha metido su nariz. Primero, en una investigación periodística de esas que no tienen desperdicio, el columnista de Excélsior, Pablo Hiriart, demostró de manera contundente la forma en que el señor “legítimo” pretende engañar a todos con el cuento de la privatización de Pemex, sobre todo cuando apela a la memoria del general Cárdenas. Resulta que, según la investigación de Pablo, el decreto expropiatorio de Cárdenas del Río sí permitía la asociación de empresas privadas con la empresa mexicana Pemex, y sí aceptaba los contratos de riesgo. ¿Qué quiere decir eso? Que el “legítimo” engaña a todo el que quiere ser engañado. Pero si bien el cuento de la privatización de Pemex ha permitido el regreso del “legítimo” a los primeros planos de la vida política, lo cierto es que pareciera que desde Los Pinos se han empeñado en que eso sea así. ¿Por qué? Porque el presidente Calderón tampoco ha sido capaz de clarificar el rumbo de su reforma. Y es tan inmoral el engaño de uno, como la indefinición del otro. En el camino Muchas novedades en los medios. Primero, un saludo y un abrazo a la periodista Nora Patria Jara, articulista de La Jornada y conductora en el Imer del informativo Antena Radio, por el Premio de Periodismo José Pagés Llergo... El académico y conductor Leonardo Curzio trasmitirá su informativo Enfoque, de Radio Mil, por el canal 52 de MVS, una vez que los Vargas no se arreglaron con José Gutiérrez Vivó. Por cierto, el creador de las barras noticiosas matutinas sigue con una deuda gigantesca con sus trabajadores. Resultó ser un mal patrón y, dicen algunos, un patán. aleman2@prodigy.net.mx
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