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Diferencias tan marcadas en los conteos son señal de ‘focos rojos’ en el proceso electoral del PRD Hoy las encuestas sí son confiables, porque dicen que ganó Encinas y salvan a esa izquierda primitiva ¿Qué van a decir ahora las empresas responsables de los conteos rápidos del proceso para seleccionar al nuevo dirigente del PRD? ¿Van a reconocer que se equivocaron? ¿Aceptarán que fallaron sus metodologías y por ello sus resultados?; ¿los directivos de Consulta Mitofsky e IMOP reconocerán públicamente que fueron usadas por la dirigencia del PRD para hacer trampa? ¿Serán capaces de desmarcarse del “cochinero”? Las interrogantes sobre el papel desempeñado en la elección interna del PRD por las dos prestigiadas encuestadoras pueden llegar al infinito. Sí, pero también puede ser infinito el desprestigio que llevarán de ahora en adelante. Y es que nadie con dos dedos de frente puede creer en la veracidad de los conteos rápidos realizados por Mitofsky e IMOP, sobre todo luego del “cochinero” que todos vimos, que presenció y en el que participó una buena cantidad de militantes. Claro que los directivos de las dos empresas —hasta antes del 16 de marzo, reputadas encuestadoras— pueden decir que las inconsistencia son resultado del clima, la humedad, la insolación... que interfirió en el resultado el efecto Mouriño, la presión del SME y la proximidad de la Semana Santa: lo que quieran y manden. Sí, pero frente al silencio de las encuestadoras y ante la posibilidad de que recurran al cinismo de la clase política —de la que son parte cada vez con mayor contundencia— los ciudadanos tenemos el derecho a recordar el refranero de nuestros mayores y decir: “¡Claro, desde que se inventaron los pretextos se acabaron los tarugos!”. Y habrá quien crea que incurrimos en un exceso al invocar el anterior refrán. Y en ese caso, entonces cambiamos de refranero y preferimos la referencia zapatista. No, aquí no se trata de que “la tierra es de quien la trabaja”, sino que “la encuesta es de quien la paga”. ¿Y quién pagó los conteos rápidos de la elección para renovar la dirigencia del PRD? El mismo que —según Jesús Ortega— pidió a las encuestadoras que validaran los resultados que tenían la noche del domingo 16 de marzo, a pesar de las inconsistencias e irregularidades. Y una perla, sólo para apuntalar la idea: ¿qué cargo ocupa en el Cisen el encuestador que reportó una sorprendente alza en las preferencias a favor de Felipe Calderón, en los previos a julio de 2006? ¿Quién —insistimos— en su sano juicio puede dar credibilidad a dos conteos rápidos que muestran diferencias tan notorias como las reveladas por las dos empresas? Según el nada creíble dirigente del PRD, el “pelele” Leonel Cota, IMOP recabó 93% de la muestra y reportó que Alejandro Encinas aventajaba con 52.1% contra 41.0% de Jesús Ortega. Es decir, una diferencia de 11.1%. Pero el problema no está en esa supuesta diferencia, sino en el contraste con Consulta Mitofsky, que recabó 91% de la muestra —siempre según el nada creíble Leonel Cota—, y sus resultados relevaron que Encinas habría ganado con 49.70%, en tanto que Ortega obtuvo 43.07%. En este caso, la diferencia es de 6.7%. Lo interesante del asunto es que cualquiera que tenga una noción básica de cuestiones estadísticas —como se supone que las tienen en IMOP y Mitofsky— sabe que una diferencia tan marcada entre uno y otro conteo rápido —sobre todo en una elección tan cerrada, que no tiene los elementos mínimos de seguridad, reglas confiables ni respeto a la democracia— es una señal de focos rojos que hacen poco creíble no la medición, sino el proceso electoral. Resulta increíble —y si no es por lo que está en juego, hasta sería de risa loca— la ingenuidad, si no torpeza mostrada por los “genios” que se dicen especialistas de IMOP e Mitofsky, respecto a lo que tenían en las manos, a quienes los contrataron y, sobre todo, a lo que se jugaba en el partido político para el que trabajaron. Y si es cierto que nunca midieron esas variables y esos factores, tenemos el derecho a suponer que fueron parte de la farsa que intenta imponer a Encinas en la dirigencia del PRD, usando como coartada un escandaloso fraude que, contra lo que muchos suponen, no es contra Los Chuchos, sino contra la izquierda mexicana. Y el asunto cobra aún mayores dimensiones si se toma en cuenta una opinión que corre entre los especialistas de las encuestas. Se dice en la jerga de ese gremio que “los amores siempre son estadística”. ¿Qué quiere decir eso? Que como todos en una sociedad, los encuestadores también tienen su corazón, y ese se refleja en las estadísticas. Todos saben que Roy Campos es un enamorado de Andrés Manuel López Obrador. Y dicen sus iguales que todos los miércoles refrenda “sus lealtades” en “La mesa” con Joaquín López-Dóriga. Lo que es cierto, porque nos consta, es que, según Roy, el derrotado candidato presidencial “no cometió errores” durante su campaña presidencial. Pero más allá de los amores, de filias y fobias, de que unos estén con los amarillos Lopos y otros con Los Chuchos, es ridículo que Encinas se “agarre” a ese dudoso triunfo en la dirigencia nacional del PRD sólo a partir “de los conteos rápidos”, cuando el propio Encinas, su mentor y jefe, AMLO, y la claque de todo ese grupo denostaron hasta más no poder a los encuestadores y encuestas porque no eran confiables en julio de 2006. Y claro, no eran confiables porque no les daban el triunfo. Hoy las encuestas sí son confiables, porque dicen que ganó Encinas, pero además porque son la única liana de salvación para esa izquierda primitiva que aún no conoce la evolución y que cree que la convivencia social se resuelve en la copa de los árboles. La izquierda, su autorretrato. aleman2@prodigy.net.mx
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