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La némesis del PRD
Compra de votos, quema de casillas, hurto de paquetería con pistola en mano. ¿Cómo podría el PRD volver a hablar de fraude sin que se cuestionara su autoridad moral para quejarse? Como si se tratara de un cómic, como si las luchas de poder en la izquierda fueran una caricatura de lo que deberían ser, el Partido de la Revolución Democrática ha vivido y recreado en la última semana algo que históricamente cuestionó y que incluso es uno de sus mitos fundacionales. La caída del sistema electoral en 1988, como la expresión más visible del fraude que le robó la elección a Cuauhtémoc Cárdenas y desencadenó el movimiento que transformó al FDN en lo que hoy es el perredismo, tuvo esta semana su versión, 20 años después, en la elección de dirigente del PRD. La manera tan lenta como fluyó el Programa de Resultados Electorales Preliminares en los comicios internos y la extraña decisión de cortar intempestivamente el flujo de los cómputos oficiales, sumadas a las prisas con que la dirigencia nacional y el Comité Electoral salieron a anunciar el triunfo virtual de Alejandro Encinas con base en conteos rápidos, han hecho que más de alguno perciba que en el PRD se reedita la turbia historia de la suciedad electoral que dio origen a su propio partido. El pragmatismo político de los perredistas para disputarse la dirigencia, en el que echaron mano de todos los recursos legales e ilegales y del catálogo de “lindezas” de la era priísta que ellos combatían, va mucho más allá de quién fue el ganador. Es una vergüenza para los dirigentes y militantes de ese partido, pero también avergüenza y ofende a los ciudadanos que acudieron a participar en esa elección o que han votado por este partido sin ser militantes. Jesús Ortega y Alejandro Encinas, con su respectiva cauda de operadores, se sumaron a partir del domingo pasado a la “rotonda de los mapaches ilustres”. Lo que se vio en los comicios internos del PRD iguala a los más ilustres tramposos operadores del PRI. Todos los contrincantes reconocieron irregularidades desde la integración del padrón, hasta el rosario de trampas y corruptelas en que incurrieron para conseguir el voto que les diera el triunfo; pero el fragor de la guerra intestina y la ambición por el control del partido les hicieron olvidar que los contrincantes están afuera. Quienquiera que resulte ganador de los comicios perredistas, según los resultados finales que se conocerán el próximo domingo, ¿cómo explicará a los ciudadanos, a los electores, lo que sucedió? ¿Con qué cara van a pedir el voto para las elecciones de 2009? ¿Y cómo podría el PRD volver a hablar de fraude, de robo de elecciones, de trapacerías electorales sin que se cuestionara su autoridad moral para quejarse? Después del desarrollo de este proceso interno, será muy difícil para los perredistas plantarse frente al PRI y al PAN y llamarles “tramposos” sin arriesgarse a recibir una andanada como respuesta. Porque, en su burdo pragmatismo, los perredistas no se midieron en ambos bandos. Los ejemplos de irregularidades y trampas sobran tanto del equipo de campaña de Jesús Ortega como del de Alejandro Encinas. En los dominios perredistas de Iztapalapa y Nezahualcóyotl, la compra de votos con dinero y despensas está más que documentada. El valor del voto en el oriente de la ciudad se tasaba entre los 50 y los 160 pesos. La operación era tan sencilla que rayaba en lo burdo. En varias casas designadas por los equipos de campaña les daban a los votantes un boletito, que se canjeaba por una despensa o dinero en efectivo en otro domicilio ubicado muy cerca de la casilla, a donde tenían que pasar las personas luego de votar. En las calles de Iztapalapa se veía circular el día de los comicios a grupos de operadores con el padrón perredista en mano, para verificar si habían ido a votar sus simpatizantes; la propaganda y el proselitismo que estaba prohibido poco les importó. A eso hay que sumar la mala organización del proceso, la apertura tardía de casillas, las boletas electorales que estaban circulando un día antes de la elección, la confusión en la entrega de la paquetería electoral, pues en el municipio mexiquense de Metepec aparecieron los paquetes de Ecatepec y viceversa. O los casos de los “rasurados” en el padrón, que estuvieron a la orden del día. No sólo abundaron los casos de electores que faltaban en el listado nominal, sino que tampoco los consejeros a los que iban a elegir se encontraban en el padrón. Pero la cosa no acabó ahí, también hubo coacción por parte de las autoridades del Distrito Federal, amenazas veladas y directas de suspender programas sociales y apoyos económicos en zonas populares, si no votaban por Alejandra Barrales; por eso muchas personas se presentaron a votar con su credencial de beneficiario de los programas del gobierno del DF, sobre todo los viejitos. En Chiapas quemaron casillas, pistola en mano se robaron la paquetería; en el Distrito Federal, para ser precisos en el barrio de La Candelaria, se llevaron las mamparas y el padrón. Escenas y acciones como esas se reprodujeron en varios estados, en algunos casos protagonizadas por los encinistas y en otras por los chuchos. ¿Cómo se genera confianza entre la gente después de esto? ¿Cómo se apuesta a consolidar la imagen de un partido con una oferta confiable para el electorado? Parece que el PRD no ha tomado conciencia de la importancia de lo que representan las elecciones de 2009, en lugar de estar trabajando para mantener la presencia que hoy tienen en la Cámara de Diputados y su condición de segunda fuerza política nacional, parecen ir en sentido contrario, apurados por regresar a su histórico tercer lugar. NOTAS INDISCRETAS… Antes de tomarse unos días de descanso, el presidente Felipe Calderón tomó una definición en el caso Mouriño. Y parece que decidió echarse al muerto en la espalda… Los dados repiten Escalera. Buen descanso. sgarciasoto@hotmail.com salvador.garcia@eluniversal.com.mx
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