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Pemex: farsa y farsantes
La mentira de la privatización se ha repetido sin pudor, y para muchos es una verdad Urge la reforma energética, pero Calderón y López Obrador quieren lucir “la medalla” El aniversario 70 de la expropiación petrolera sirvió para que tres de las más importantes expresiones políticas recordaran la gesta del presidente Lázaro Cárdenas y para exponer sus muy peculiares concepciones sobre la crisis mexicana del petróleo y una urgente reforma a la paraestatal Pemex. Pero también fue el momento ideal para que en distintos tonos, desde diversos observatorios y sobre todo a partir de intereses que parecen encontrados, esas tres expresiones nos mostraran el tamaño de la tramoya que han montado en torno al petróleo. Y en algunos casos, la supuesta defensa de Pemex no parece más que una farsa que lleva desde objetivos político-electorales, pasando por aquellos que exhiben claras ambiciones de pasar a la historia bajo el estandarte del petróleo; y en el otro extremo hasta se perciben reacciones producto de una herencia política, que son perfectamente explicables. Pero vamos por partes. Está claro que nos referimos a los eventos que respectivamente encabezaron el presidente Felipe Calderón, el derrotado candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, y el tres veces aspirante Cuauhtémoc Cárdenas, quien además es “el hijo del general”. En los tres eventos, con matices y estilos diversos, Calderón, López Obrador y Cárdenas rechazaron una posible privatización de Pemex. Y si nadie habla de esa posibilidad —privatizar Pemex—, resulta obligada la pregunta: ¿por qué los anuncios de guerra de un sector que desde la plaza pública habla ya incluso de la formación de “comandos” de mujeres dispuestas a dar la vida por el petróleo? Y la respuesta no sólo es obligada, sino bastante simple: porque resulta que el debate sobre Pemex tiene una buena dosis de farsa. Y en esa farsa participan los tres aludidos. Vale recordar que cuando empezó la discusión sobre la reforma energética —hace casi dos meses— dijimos que el asunto había partido de un falso debate: el de la supuesta privatización de Pemex. Desde entonces y hasta hoy, nadie conoce una iniciativa sobre la supuesta o real entrega a manos privadas de la paraestatal más importante de México. Y esto por la razón elemental de que no existe una propuesta clara y contundente que pretenda privatizar Pemex. Más aún, si se habla así, en abstracto, de “privatizar Pemex”, no se está diciendo más que una soberana tontería, porque lo importante para los grandes tiburones internacionales no es la empresa petrolera, sino el petróleo. En todo caso, se debiera hablar de la privatización de los sistemas de exploración, explotación y extracción del hidrocarburo. Pero la mentira de que se pretende privatizar Pemex se ha repetido sin pudor al extremo de que para sectores amplios de la población se ha convertido en una verdad de a kilo. Y ¡ay de aquel mortal que se atreva a rebatir esa “verdad”!, porque eso no sólo significa que está en contra del mesías tropical que promueve la mentira de la privatización, sino que se habría colocado en el bando de los traidores a la patria. Y esos herejes deben ser juzgados y quemados en la plaza pública con leña verde. El Presidente, como todos saben, propuso un debate “abierto, objetivo y sereno” sobre las alternativas para sanear Pemex y al mismo tiempo impulsar la extracción de petróleo en aguas profundas. Bien, pero resulta que por otro lado, impulsó una agresiva campaña mediática —a un costo económico altísimo— sobre la supuesta urgencia de correr por el tesoro que nos espera en aguas profundas del golfo de México. Pero Calderón nunca nos dice con claridad cuál es su propuesta. Contribuye con ello a la especulación, a la farsa de la privatización y, por si no se han dado cuenta sus “genios”, a “inflar” la imagen del legítimo. Sí, porque luego del fraude escandaloso, vergonzoso, que impuso el señor López Obrador en el PRD —todo para que su delfín se quede en el puesto—, queda claro que al derrotado candidato presidencial no le importa un bledo el petróleo ni la soberanía ni la defensa del patrimonio. Lo único que le importa es construir nuevamente su imagen para convertirse en el candidato presidencial de los amarillos para 2012. Y sí, si el señor Vicente Fox construyó al candidato presidencial amarillo para 2006 con el espantajo del desafuero —una necedad que le costó todo a Fox—, Calderón construye al candidato presidencial del PRD para 2012. Y Calderón se empeña en la reforma energética no porque ésta se traduzca en una mayor eficacia de su gobierno, sino porque quiere pasar a la historia al amparo del petróleo mexicano. Sin duda que es urgente la reforma a Pemex, pero tanto Calderón como Obrador quieren lucir en el pecho “la medalla” que los podría convertir en los modernos Lázaro Cárdenas. Y todo indica que Calderón no dará marcha atrás —si desiste desinfla a AMLO—, y que con ello se convertirá en el impulsor de ese Frankenstein en que se ha convertido el señor legítimo que, a su vez, encabeza la ridícula farsa de las asambleas populares dizque para defender el petróleo, y que no son otra cosa que su precampaña presidencial. ¿Y Cuauhtémoc Cárdenas? El hijo del general parece el único sensato. Reprueba las dos farsas y a sus farsantes. Pero también se mete a la tramoya al no reprobar con firmeza el fraude electoral en el PRD, ni denunciar abierta y claramente la farsa de su hijo político en torno del petróleo. Como siempre, se esconde en los dobleces discursivos. Y son muchas las voces que le preguntan a Cárdenas: ¿Hasta cuándo, ingeniero? aleman2@prodigy.net.mx
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