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    Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto
18 de marzo de 2008

¿Cómo conjuraron la huelga?

Mouriño, tras los escándalos que lo involucran en un presunto tráfico de influencias, quedó débil y desgastado hacia dentro, en el ánimo del presidente Calderón

En la madrugada del domingo 16, cuando la temperatura ambiente descendía a su punto más bajo, la dirigencia del aguerrido Sindicato Mexicano de Electricistas, encabezado por Martín Esparza, sintió el frío. En el gobierno federal estaban más que decididos a enfrentar la huelga en Luz y Fuerza del Centro; tenían listo todo el operativo para instrumentar la requisa: grupos de trabajadores de la CFE que operarían el sistema eléctrico del Valle de México, batallones de la Policía y el Ejército que colaborarían y resguardarían las instalaciones, y hasta el decreto por el que el presidente Felipe Calderón daría legalidad a la intervención del gobierno ante la huelga.

A esas horas de la madrugada, cuando los combativos electricistas se doblegaron al ver la determinación del gobierno para llegar hasta la huelga, no sólo eran derrotadas las posiciones extremas del SME, que fue obligado a retirar la mayoría de sus cláusulas más cuestionadas, sino que también había perdedores en el interior del gabinete calderonista, donde la manera de enfrentar la amenaza de huelga en la compañía eléctrica del centro dividió en dos posiciones al primer círculo presidencial.

En el momento que la dirigencia sindical estampó su firma en el contrato colectivo y aceptó las condiciones del gobierno, especialmente el Acuerdo de Productividad que obliga a los trabajadores del SME a cumplir con un esquema de mejoramiento sistemático del funcionamiento de la empresa, so pena de darle al gobierno elementos para buscar el cierre de la empresa, se impuso la posición que pugnó hasta el último momento por negociar y arrinconar al sindicato, por encima de la que pedía cancelar las negociaciones y obligar al sindicato a estallar la huelga.

De un lado estaba Juan Camilo Mouriño, el desgastado secretario de Gobernación, que esgrimía el argumento de que no debía negociarse con un sindicato desprestigiado y rechazado por la opinión pública y que era el momento en el que el Presidente debía llevar el tema de LyFC hasta sus últimas consecuencias y propiciar la suspensión de actividades de la empresa, para de esa manera declarar su liquidación y acabar con el problema de raíz.

En el cálculo del titular de Gobernación había no sólo la posibilidad de llegar a donde la mayoría de los presidentes de la República no se atrevieron, propiciando con su tibieza el fortalecimiento de un sindicato abusivo y el debilitamiento de una empresa sangrada por las insostenibles prestaciones de sus trabajadores. Juan Camilo también calculaba que al estallar la huelga en Luz y Fuerza del Centro los reflectores de la opinión pública seguirían en automático el conflicto laboral y le quitarían a él la fuerte presión y el terrible desgaste que ha enfrentado en las últimas semanas desde que estalló el escándalo de los contratos que firmaba con Pemex como apoderado de sus empresas familiares, al mismo tiempo que era funcionario de la Secretaría de Energía.

Enfrentado con Mouriño estuvo todo el tiempo el secretario del Trabajo, Javier Lozano Alarcón, quien defendía la posición de negociar hasta el último momento y le recomendaba al presidente Calderón aprovechar la soledad en que se había quedado el SME, que no contó en este proceso con el apoyo de los perredistas y de Andrés Manuel López Obrador, quienes estaban inmersos en la enconada disputa por la dirigencia nacional del PRD.

“Si los llevamos hasta el último momento y les mostramos la decisión del gobierno para llegar hasta la huelga, no se atreverán a estallarla y firmarán lo que el gobierno les proponga”, decía Lozano, en la confrontación de posiciones dentro del gabinete que tuvo su punto de mayor tensión la noche del viernes y durante todo el sábado, cuando se acercaba el fin del emplazamiento del SME para la firma del contrato colectivo de trabajo.

Si se revisan los detalles del acuerdo final firmado por la dirección de Luz y Fuerza y la dirigencia del SME, es fácil advertir cuál de las dos posiciones se impuso y a cuál de sus dos secretarios le hizo caso al final el presidente Calderón. Si el acuerdo firmado con el SME es tan ventajoso para la compañía, como afirman en el gobierno, donde lo ponen como el inicio de un cambio trascendental en la debilitada LyFC que empezará un proceso sostenido de recuperación, ya se verá.

Por ahora, lo que queda claro es que Juan Camilo Mouriño, tras los escándalos que lo involucran en un presunto tráfico de influencias, no sólo quedó débil y desgastado hacia fuera, como interlocutor político con la oposición, sino que el debilitamiento del secretario de Gobernación también ocurrió hacia dentro, en el ánimo del presidente Calderón, de quien parece, por lo ocurrido en la negociación del tema eléctrico, ya no es el principal consejero ni el hombre de más confianza.

NOTAS INDISCRETAS… El desconocimiento de los conteos rápidos que hizo anoche Jesús Ortega es la crónica de un conflicto anunciado. La premura con la que la dirigencia nacional y el árbitro del proceso perredista, Arturo Núñez, salieron a declarar ganador virtual a Alejandro Encinas, combinado con el silencio de 24 horas de Ortega, hacía pensar que Los Chuchos no se quedarían de brazos cruzados ante la oficialización de tendencias preliminares a favor de su contrincante. Ya suenan entre las tribus de Nueva Izquierda los gritos del ¡voto por voto! y es cuestión de horas para que términos como el de “presidente espurio” y “dirigente legítimo” empiecen a utilizarse en el discurso de los inconformes perredistas. Encinas dice que tiene datos, encuestas y conteos de votos que confirman su triunfo; Ortega dijo anoche que con 62% de las actas de escrutinio en su poder, él gana por 50.1% contra 49.9%, es decir una diferencia de cerca de 0.20% de los votos. ¿Le suena a algo conocido esa diferencia de porcentajes y de votos? ¿Veremos reeditarse los cuestionamientos del 2 de julio, pero ahora el espurio, los plantones y el voto por voto se escucharán dentro del PRD? Será interesante ver cómo se defienden Andrés Manuel López Obrador y sus huestes de lo mismo que ellos denunciaban hace unos meses… Los dados abren la Semana Santa con escalera doble para todos los vacacionistas. Y también para los que se quedaron a trabajar.

sgarciasoto@hotmail.com

salvador.garcia@eluniversal.com.mx

 
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Como un juego de dados su vida ha sido un deambular entre la prensa escrita, la radio y la televisión. La impredecible política lo ha llevado a ser un duro crítico durante casi diez años en una columna que ha dictado si el país se dirige a Serpientes y escaleras.

Fue la voz dura del programa El Weso, y entre sus avatares periodísticos se encuentra la dirección del periódico La Crónica así como colaboraciones en noticieros de radio y TV, revistas y distintos medios a nivel nacional.

Actualmente conduce el programa de TV-Código 2008, una producción de EL UNIVERSAL TV y que se transmite por Proyecto 40.

Tapatío de nacimiento, es amante del cine de arte, de la buena comedia en teatro y un ecléctico en la música.

 
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