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Maru Ruiz de Icaza
16 de marzo de 2008

En las últimas semanas he tenido noticia de un buen número de eventos de moda que se han llevado a cabo o que están por celebrarse.

A raíz de ello, me vinieron a la mente algunos grandes desfiles de moda, de renombre internacional, que se celebran alrededor del mundo, sobre todo en los primeros meses del año. Recordé por supuesto la Semana de la Moda en París, o la de Milán, o la de Nueva York, e incluso la Pasarela Cibeles, de Madrid. Me pregunté entonces si en París, o Italia o España o cualquier otro lugar, habrían escuchado alguna vez hablar de la Semana de la Moda en México (por citar sólo uno de los muchos eventos de este tipo). Me deprimió pensar que seguramente no. ¿Será que falta talento en México?, ¿no sabremos cómo organizar un evento de esa altura?, ¿nos faltará mucho para alcanzar a los grandes de la alta costura mundial?, ¿qué diablos nos faltará? En uno de esos ejercicios mentales que uno se enfrasca a veces, me puse a darle vueltas al asunto, y no alcanzaba a darle al clavo. La verdad es que talento, lo hay, cómo no. Mano de obra, no será la de los grandes talleres franceses, que han elevado el trabajo de sus costureras y bordadoras al terreno del arte, pero si en algo destacamos los mexicanos, es en la mano de obra. Deseos, inversionistas, materia prima y demás, no creo que sea el problema. ¿Cuál es entonces? Al final, llegué a una conclusión, que si bien estoy segura no será la única, sí una de mucho peso, en mi muy humilde opinión: la terrible desunión que existe entre los creadores mexicanos. Todos quieren organizar su Semana de la Moda, o bien, cambian año tras año de evento, porque surgieron diferencias con los organizadores del anterior o con otro de los diseñadores. Luchas de egos que frenan no sólo el avance de la moda en México, sino también la carrera del propio diseñador.

El caso me recordó a ese cuento que muchos, dicen, nos define a los mexicanos. Aquel de la cubeta llena de cangrejos. Cuando un niño se acerca a verlos, le pregunta a su papá por qué no le ponen una tapa para que no se salgan, y el papá le responde que no se preocupe porque ninguno escapará, pues en cuanto uno intenta escalar, viene otro y lo tira. Yo me resisto a creer que los mexicanos, en su mayoría, seamos así. Lo que sí es verdad, es que si los creadores, lo mismo que cualquier otro gremio que desee sonar fuerte, unieran fuerzas, muchas cosas cambiarían en este país, y en pocos años, quien quita, estaríamos viendo en las pasarelas del DF (o Monterrey o Guadalajara, o cualquier otro lugar de nuestra República), a muchas Evas Herzigovas, Heidis Klums o Cindys Crawfords, y no a alguna top model extranjera que esporádicamente viste algún evento, paseando por las pasarelas con la velocidad de un viento huracanado, que ni tiempo le dan a uno de admirarlas. ¿Se imaginan algún día nuestra Semana de la Moda (una sola, la que sea), repleta de celebridades como Victoria Beckham, Katie Holmes, Jennifer Lopez o Madonna, admirando las colecciones de Macario Jiménez, o Héctor Terrones, o Jesús Ibarra & Bertholdo?, ¿se imaginan ver en alguna revista la boda de alguna princesa europea, o de alguna celebridad luciendo la creación de alguno de nuestros diseñadores?, yo sí, porque creo en su talento, pero no en su desunión. Ojalá recapaciten, y digan, como el dicho, “Diseñadores, unidos, jamás serán vencidos”. Ellos mismos lo agradecerán a la larga, y también nosotros, los espectadores, que podremos ahorrarnos mil y un eventos, plagados de retrasos. ¿No creen?

Y ASÍ COMO HABLO DE DESUNIÓN, también tenemos en México muchos casos en el sentido opuesto, que vienen a confirmar que la unión hace la fuerza. Y si no, pregúntenle a personas como Marie-Thérèse Arango, que con la ayuda de un ejército de amigas voluntarias, consiguió lo que muchos consideraban un sueño guajiro: la construcción del Museo de Arte Popular, que no sólo es una preciosidad y un homenaje a nuestros artesanos (“Manos de Dios, manos del pueblo”), sino que además le da trabajo a cerca de 8 millones de ellos, lo que multiplicado por sus familias, viene a beneficiar a más de 30 millones de compatriotas. ¿Qué tal?, ¿se puede o no se puede?

Y como Marie-Thérèse, tenemos muchos ejemplos, como el de Pepita Serrano, que ha llevado al terreno internacional los logros de su proyecto Sivam, que apoya a nuestros valores en el mundo de la ópera; o a Alejan-dra Kahwagi de Quintana, que hoy encabeza a la Funda-ción Gilberto; o a Beatriz Sánchez-Navarro, quien creó la asociación “Adopte una obra de arte”, gracias a la cual han sido restaurados y rescatados de la ruina, numerosos monumentos y edificios en nuestro país. Esto, por nombrar solo algunos casos.

Hasta la próxima semana.

 
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PERFIL
 
Inició su labor como periodista hace doce años en la revista Actual, donde aún colabora. A lo largo de su carrera, ha entrevistado a personalidades como Bertín Osborne, Fernando Allende, Claudia Schiffer, Eva Herzigova, Nicola Bvlgari, Tonino Lamborghini, Guadalupe Loaeza, Juan Soriano, José Luis Cuevas; deportistas como Gabriela Sabatini, Gustavo ?Guga? Kuerten, así como a la alpinista mexicana Karla Wheelock.

Es corresponsal en México para la revista ¡Hola! desde hace cuatro años. Desde entonces ha realizado diversos reportajes para la conocida revista española del corazón, como el que hizo al magnate Peter Loftin en su residencia Casa Casuarina de Miami, que fuera propiedad de Gianni Versace; a Ana Cristina Fox, en su cabaña de Los Pinos; o más recientemente, al empresario Carlos Peralta, en su increíble barco ?Princess Mariana?, en la isla de Capri.

Recientemente recibió la invitación para colaborar en la revista Élite, que saldrá a la luz en abril o mayo de este año.

 
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