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Obama y Clinton pelean por la candidatura; McCain comienza la búsqueda de su candidato a vicepresidente En unas cuantas semanas, algo tendrán que decir sobre las cuestiones económicas estructurales El 70% de los economistas consultados por The Wall Street Journal afirman que la recesión ya es un hecho en Estados Unidos. El déficit comercial crece, entre otras cosas, por el especulativo precio del crudo. La crisis alcanza a la firma Bear Stearns y la Reserva Federal se ve obligada a inyectar liquidez por cientos de miles de millones de dólares en los mercados para tratar de contener el pánico. Pues hasta el Carlyle Capital, de Amsterdam, propiedad del Carlyle Group, enfrenta severas dificultades. ¡Caramba!: increíble, George W. Bush acepta ahora que se viven difíciles tiempos y el paquete de estímulos del gobierno tardará en lograr efectos. Para qué hablar del precio de la gasolina y la comida o las serias dificultades para contratar mano de obra. Mientras tanto, dos precandidatos demócratas hacían demagogia en relación con el NAFTA (el equipo de Barak Obama dijo a los canadienses que entendieran la situación y no hicieran mucho caso; como también pudo aclararlo sin angustia Hillary Clinton), y John McCain comienza la búsqueda de su candidato a vicepresidente. Se comportan todos casi como el presidente Calderón e Iván, “el chico superpoderoso”: “El artículo 50 de la Ley de Adquisiciones no existe... no existe.... no existe”. Y háganle como quieran; porque el domingo se requisa la Compañía de Luz y Fuerza y los jefes del sindicalismo urgidos de delfinoterapia y algún semestre de vacaciones pagadas podrían encontrarse con la liquidación... en la puerta. Medida quizás indispensable para recordarle a López Obrador, y a su delfín Alejandro Encinas, la medida del poder que sí puede. Luego se verá; quizá, al final, el artículo 50 sí existe. Y el chico de los contratos se va a su casa en Campeche. Mientras tanto, la definición del candidato del Partido Demócrata se alarga, en principio, más de un mes, dicen hasta las primarias en Pennsylvania. Y eso exige del precandidato poseedor de la iniciativa (Barak Obama) hacer política y tratar de resolver lo más pronto posible el entuerto, para comenzar a hablar en serio de lo que es fundamental: la economía. Ahora dando tumbos por la crisis financiera, desatada por esa ruptura esperada de la burbuja inmobiliaria. No es difícil pensar en algunas propuestas. John Edwards puede comenzar a definir la situación al interior y hasta al exterior del partido. Si apoya a Obama (o a Clinton) los superdelegados en la convención de agosto tendrán que escucharlo. Y si Edwards ni siquiera reclama el boleto a la vicepresidencia, Obama o Hillary podrán colocar a Bill Richardson de Nuevo México, por ejemplo, en esa posición. Y entonces John McCain comenzará a sentir en serio las presiones. Richardson tiene entre sus haberes el poder dialogar directo y sin intermediarios con los electores hispanos, tan importantes en estados cruciales. Algunos analistas se inclinan por Ted Strickland, gobernador de Ohio, quien tanto ayudara a Hillary en las primarias de hace poco. Por supuesto, falta también la definición sobre la reedición de primarias en Florida y Michigan; pero con toda su carga electoral, dado el voto proporcional en las primarias demócratas, por ahí no pasa la real solución al problema. Pero por lo pronto, tres inocentes aspirantes a la Casa Blanca se han instalado hasta ahora en la esfera de lo político como si sólo de asuntos de corto plazo se tratara. Para estos tres personajes los asuntos de fondo (como los programas de salud y sus finanzas; la reforma migratoria; la integridad del sistema financiero, sujeta ahora a los fondos soberanos y a conservar al devaluado dólar como moneda de pago en el mercado mundial de energía) no han merecido definiciones y compromisos de largo plazo. Pero esta luna de miel de nuestros personajes con la realidad se termina. En unas cuantas semanas o antes, algo tendrán que decir sobre las cuestiones económicas estructurales en el subcontinente norteamericano. Y aquí, hasta por tradición, va a pesar y mucho el pensamiento y las propuestas de William Clinton, quien no por nada, hace más de una década, afirmara: “Es la economía, estúpido”. Y entonces Barak Obama deberá superarse no en términos de excelente retórica sino en función de propuestas realistas y prácticas; como las que Hillary Clinton podría formular sin excesivos costos. Bien; resulta evidente: se acabaron los tiempos de la inocencia o la ignorancia aislacionista para nuestros tres personajes. De aquí en adelante McCain, Obama y Hillary deberán tomar decisiones y hacerlas explícitas. Sus compromisos sobre política económica rebasan las fronteras de EU —como el incidente de Obama con los canadienses ha mostrado—. Durante todos estos meses de primarias y caucus nuestros personajes se dieron el lujo de jugar al proteccionista o al olvidadizo (McCain). Ese momento se agotó; ahí están las cardiacas subidas y bajadas en Wall Street para demostrarlo. Ahora sí, señores. ¿Alguien apuesta? ¿Obama o Clinton? Luego: ¿el demócrata o la demócrata contra el republicano? mvalle131@aol.com
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