Monopolio intocable
Pagamos uno de los servicios más caros del mundo, y aún así Luz y Fuerza del Centro está en quiebra El SME podría declarar la huelga, si no satisfacen sus demandas de revisión salarial y del contrato colectivo Primero dos experiencias que nos constan. Uno. Viejos conocidos de por lo menos tres décadas son gozosos aviadores del Sindicato Mexicano de Electricistas. Y claro, en esos 30 años reciben todos los beneficios, incluida una buena tajada del pago de su consumo de energía eléctrica. Dos. El crecimiento explosivo en la construcción de departamentos en la delegación Benito Juárez dio forma a una codiciada pero grosera red de corrupción que florece a los ojos de todos e involucra a constructoras, empleados de Luz y Fuerza, y trabajadores del SME. “¡Seguro que esta semana se conecta su edificio...! Sólo dígale al ingeniero —responsable de la obra—, que ya sabe cómo se acelera todo...”. Y en efecto, “con dinero bailó el perro”. Luego las experiencias por todos conocidas y que propiciamos de tanto en tanto; los diablitos, el soborno para que no corten la luz cuando no se paga, el robo descarado… Y al final los ejemplos de la represión que suele ejercer con singular alegría el sindicato. Si a usted se le ocurre protestar, quejarse, poner una denuncia, el caldo le sale más caro que las albóndigas: recibos abultados, cortes, amenazas. “¿Por qué tan caro el recibo?”, se preguntan miles de usuarios. Uno de ellos acudió a la sucursal, explicó, aportó datos y le prometieron revisar. Viene la revisión. Que una fuga, un falso contacto, errores en la instalación, ‘abusadillos’ que se cuelgan. Se paga a un especialista, que no es barato. De nueva cuenta la revisión; “el refrigerador es viejo, la plancha es antigua… los focos no son ecológicos”. Se cambian los enseres por nuevos. Pasan meses y sigue la misma cantidad. Al final ya casi pasó un año y la explicación es de risa, más que de enojo. “Hay que esperar a que pase la temporada navideña para evaluar”. ¿Por qué? “Porque aquí en corto… en diciembre se recupera todo”. Y ya no se hable de los grandes consumidores de energía eléctrica: empresas, grandes almacenes. El robo lo promueven los propios empleados y… lo operan los sindicalizados. Y no, no todos son corruptos, ineficaces, transas. La gran mayoría de los trabajadores de confianza y sindicalizados son honestos, cuidan su trabajo y con orgullo lo defienden. El problema está en los otros, los que casualmente se han apoderado del sindicato, que tienen las prebendas, que chantajean al poder, que emplean los más rancios métodos de la vieja cultura del PRI. Y el problema tampoco está en la legitimidad del reclamo para revisar el contrato colectivo. No, nadie discute eso. Lo que está a discusión es que el SME es un sindicato que se ha tragado a la empresa, por lo excesivo de su contrato colectivo de trabajo, porque su burocracia sindical es insaciable en beneficios exagerados, demenciales, que sirven para mantener en sus cargos a esas burocracias, con lo que han contribuido a la quiebra de la empresa. ¿Saben los señores de la empresa y del sindicato cuántos aviadores tienen en su plantilla de casi 40 mil empleados y trabajadores? ¿Sabe cuánto cuesta la corrupción, el robo de energía eléctrica, las comisiones sindicales...? Todo eso lo pagamos los consumidores y los contribuyentes, en esa monstruosa dualidad que nos remonta a lo más oscuro de los monopolios depredadores del capitalismo temprano. Un dato que lo ilustra. Los consumidores de energía eléctrica de buena parte del centro del país —de los 25 millones que recibimos el servicio de Luz y Fuerza a través de su sindicato, el SME—, pagamos uno de los servicios más caros del mundo. Aún así, la empresa generadora y distribuidora de energía —que es la segunda en importancia del país—, está en quiebra. Y por esa razón, por la quiebra, los contribuyentes debemos aportar la escandalosa cantidad de 90 millones de pesos diarios para sobrellevar esa quiebra. Del año 2000 a 2007, Luz y Fuerza del Centro perdió la fabulosa cantidad de 124 mil millones de pesos. Y en los dos casos, el de las altas tarifas y el de los dineros públicos para paliar la quiebra, sale del contribuyente. Y mientras tanto, como todos saben, el próximo domingo el SME podría declararse en huelga si es que la empresa, Luz y Fuerza del Centro, no satisface sus demandas de revisión salarial y del contrato colectivo. Y por supuesto que todos saben que estamos ante amagos y mediciones de fuerza, que la huelga es casi imposible. Pero lo cierto es que la crisis de esa empresa y el pesado contrato colectivo la han hecho inviable y sólo una decisión política revertirá el problema. Es decir, el gobierno federal tendría que recurrir a la declaratoria de quiebra y desaparición de la empresa, para con ello rediseñar a las empresas generadoras de energía eléctrica. La gran pregunta es si el gobierno de Felipe Calderón, debilitado políticamente por los escándalos de su secretario de Gobernación, tendrá la fuerza para una decisión de esa naturaleza. Y la respuesta es que no, que no puede tomar esa decisión y que, por tanto, seguiremos padeciendo al monopolio de Luz y Fuerza y su insaciable sindicato. En el camino En un primer momento, el señor Juan Camilo Mouriño dijo que no debatiría con sus impugnadores —a propósito de las acusaciones de tráfico de influencias en su contra—, y muy pronto debió tragar sapos y serpientes, ya que debió salir a explicar de nueva cuenta su proceder en cargos previos. Ahí dijo que no renunciaría a la Secretaría de Gobernación. Hoy podría ocurrir un nuevo recule del señor Mouriño. ¿Por qué? Porque el secretario de Gobernación podría presentar su renuncia en cualquier momento. Y no, no se trata de una revelación anticipada y menos de eso que otros llaman “información confidencial”. Lo que pasa es que el primer círculo de la casa presidencial evaluó el costo que está pagando el presidente Calderón a causa del “escándalo Mouriño”, y son muchos los indicios de que siempre sí podría haber un cambio de estrategia. Por cierto, al entonces presidente Zedillo le “reventaron” dos secretarios de Gobernación. Y en los dos casos tuvo que ver Felipe Calderón, como secretario general y luego como dirigente del PAN. ¿No aprendió nada? Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx |