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En qué cabeza cabe
Una hoja volante que se ha repartido en las calles de la colonia Condesa informa que la delegación Cuauhtémoc pretende suspender el tránsito de coches a todo lo largo y ancho de la avenida Michoacán, de Insurgentes a Zamora. La misma publicación afirma que el objetivo de las autoridades es realizar fiestas y conciertos masivos destruyendo el foro Lindbergh del parque México y el mercado, canalizar la circulación vehicular (así dice el texto) por la calle Sonora, hacer un estacionamiento subterráneo, poner un sitio de bicitaxis y baños públicos en el triángulo que forman las calles de Yautepec, Cuautla y Campeche. De ser verdad todo lo que se dice en esta hoja, uno de los vaticinios que se han hecho sobre la colonia Condesa se cumplirá de inmediato: en el futuro de estas calles se vislumbra el desorden, la degradación y la fealdad de la Zona Rosa. No dispongo del proyecto, pero no necesito ser urbanista para afirmar que desde luego sería una locura cerrar la calle de Michoacán. ¿Por qué calles se encauzará el tránsito cuando se cierre, si se cierra, Michoacán? Ciertamente, no por Sonora, el tráfico se desbordará como agua sin cauce por las pequeñas calles adyacentes de la colonia. Mientras quienes visitan la colonia caminan por senderos peatonales, admiran las tlapalerías, los bares, los camiones de mudanzas Chapultepec, los puestos ambulantes donde seres traídos de los años 60 venden incienso y dialogan con una conocida limosnera profesional que pide de 10 pesos para arriba, mientras esos peatones atraviesan el corredor turístico de Michoacán, decía, los vecinos tendremos más coches, más humo, más caos. Por lo que toca a los conciertos masivos y las fiestas, deduzco que los festejos serán encendidos actos perredistas y que no creo que derruyan el foro Lindbergh nada más así como así, aunque nunca faltan locos. En cambio, la construcción de un estacionamiento me parece urgente. Sin un espacio para aparcar los coches, la vida en estas calles será todavía más difícil para los vecinos. Encontrar un cajón para estacionarse es como encontrar a Dios caminando por avenida Michoacán. En consecuencia, los valetparkings, los franeleros y los acomodadores serán, como hasta ahora, los dueños de las calles. En lo personal, he llegado a tratos inauditos con Timoteo, el próspero jefe de la familia de acomodadores que ha logrado privatizar el espacio público del camellón que está frente a la casa de usted. Timo sabe negociar. ¿Escribí timo? La crisis, qué digo crisis, la extinción de lugares para estacionarse ha provocado otro de los grandes negocios irregulares de la delegación y del gobierno del Distrito Federal: las grúas, o unidades de recuperación de vialidades, como les dicen las autoridades. Los gruyeros trabajan en la mañana llevándose los coches de los vecinos que han tenido que aparcar en una esquina después de dar cinco vueltas desesperadas sin encontrar dónde estacionar. Un amigo que no vive en la Condesa deja su coche en el estacionamiento de un restorán, un caso raro en toda la colonia, no se da por mal servido, le da un dinero al encargado y camina ocho cuadras para llegar al lugar de su cita. Nunca verá usted una grúa durante la tarde, cuando funcionan los restoranes y cuando los valets forman segundas y terceras filas en las calles impidiendo la circulación. A esa casualidad se le puede llamar corrupción. Imagino las órdenes: en la mañana arrastren con todo lo que parezca un automóvil, en la tarde permitan que los coches aparquen hasta en las banquetas. Como sea, uno o varios estacionamientos son necesarios en la colonia. El sitio de bicitaxis puedo imaginármelo. A una cantidad indeterminada de bicicletas que se caen de viejas y mediante la ayuda de la soldadura autógena se les suelda en la parte trasera un asiento de madera con ruedas y listo, a pasear por el precioso corredor de Michoacán. En la base del sitio veo unos tendajones callejeros de tacos, sopes y huaraches. Ese lugar será el restorán de Timoteo y los suyos. Veo también puestos de refrescos, chicles, cigarrillos y palanquetas. Veo algunos vendedores ambulantes que ofrecen pequeños recuerdos a módicos precios. Ahí mismo veo también la base de cantantes de la calle donde descansan después de una agotadora jornada cantando a las afueras de los restoranes. De los baños públicos puestos en la unión de Yautepec, Cuautla y Campeche, sólo puedo decir que no tengo palabras: si son Sanirent, los vecinos estamos perdidos; si no son Sanirent, también estaremos perdidos. La verdad es que no sé qué prefiero, si que nuestros funcionarios públicos tengan ideas o que, cuando pase su momento, devuelvan las calles tal y como se las entregaron, hasta con los mismos baches. Es que cuando dicen que van a pensar y les da por tener iniciativas, nuestros funcionarios son un peligro. Cerrar Michoacán, en qué cabeza cabe.
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