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Acabo de concluir una gira que empezó el año pasado por cinco estados de la República: Veracruz, Campeche, Yucatán, Quintana Roo y Tabasco. El motivo, presentar el libro Políticas culturales en transición; retos y escenarios de la gestión cultural en México, editado por la Dirección de Vinculación Cultural de Conaculta y el Fondo Regional del Sur, integrado por estos estados. La última presentación fue en el Museo Parque La Venta de Villahermosa, en el marco de la celebración de su 50 aniversario. Tabasco fue uno de los estados que vivió una época de oro de creación de infraestructura cultural, en los tiempos de Julieta Campos y González Pedrero. Originalmente la gira empezaría ahí, pero la tragedia que vivió la ciudad con el agua lo impidió. Todavía se siente la humedad en las paredes; pero también, en el ánimo de la gente, una fuente voluntad de salir adelante y de construir un nuevo escenario en relación con la cultura y el medio ambiente. En una locación inmejorable, bajo el cobijo de una monumental ceiba, Héctor de Paz se encargó de enmarcar la presentación con un agudo texto titulado Forjadores de futuro, en el cual aludió a nuestra naturaleza híbrida, tránsfuga, mutante. En los cinco estados la experiencia fue sorprendente, además de cálida. En todos hubo público, los comentaristas, todos sin excepción, hicieron reflexiones que aludían a su propia realidad, utilizaron el texto para desmenuzarla. En Veracruz, el primer estado donde se presentó, me declaré pública y genuinamente sorprendida de que el libro provocara las reflexiones que hicieron Elka Fediuk, José Homero y Eduardo Soto Millán, en el Centro Veracruzano de las Artes. En cada estado la lectura del libro fue diferente, pero en todos pude constatar que éste era el catalizador de una búsqueda común: ¿Cómo replantear las políticas culturales frente a una realidad completamente diferente a la de principios o mediados del siglo pasado? Constaté que el libro se había distribuido, salvo en un estado, y que en ciertos casos, cosa extraña, había sido previamente leído. En varios casos estaban presentes periodistas de los medios estatales. Los institutos de cultura habían hecho un buen trabajo. Entre las interrogantes más frecuentes en los diálogos con los asistentes figuran: ¿cuál es la diferencia entre política de Estado, política de gobierno y de partido? ¿Cómo relacionar la política cultural con el medio ambiente? ¿Piensa que la centralización tiene solución a corto plazo? ¿Cuáles serían en su opinión los cambios jurídicos más urgentes en el ámbito cultural? ¿Cree que es necesaria una secretaría de cultura a nivel federal? ¿Cómo participarían los estados frente a esa posibilidad? ¿Qué se puede hacer para atender la migración y la diversidad cultural? ¿Conoce alguna experiencia de otro país donde esté resuelta la educación artística en las primarias y secundarias? ¿Qué opina de la política cultural del PAN en relación con la del PRI? ¿Dónde se puede estudiar gestión cultural en México? ¿Qué ha pasado con el TLC en la cultura? Fluía el interés de compararse con otros países: ¿Cómo nos vemos nosotros frente a otros países de América Latina? ¿Cree que México sigue siendo líder en cultura? Imposible enlistar todas las preguntas, menos aún tener todas las respuestas. Este recorrido hacia el sur me permite constatar algo que he visto en otros estados; el deseo de hacer las cosas mejor y de cambiar. En Quintana Roo, Margarito Molina y el diputado Efraín Villanueva hicieron una reflexión, basada en el libro, respecto de cómo orientar la creación de la posible Secretaría de Cultura en esa entidad. En Yucatán el doctor Pedro Bracamonte, directivo del CIESAS se fue al fondo del libro, hizo una lectura pausada y puso énfasis en que la fortaleza de un país depende de su política cultural. Igualmente reflexionó en torno de los derechos lingüísticos, dada la reciente disminución de hablantes de lengua maya, mientras tanto, en otro foro del propio Cinema Mérida, se realizaba un debate en torno a los derechos indígenas. Oscar Sauri llamó la atención el tema de la profesionalización del sector cultural. Otro asunto de interés entre el público fue el marco jurídico, ante la inminente reformulación del Instituto de Cultura de Yucatán. La polémica en el debate con el público giró en torno de su participación en la vida cultural. Los yucatecos sí que están en la actividad artística y en el espacio público. En Campeche la presentación se hizo en el marco del Festival de Artes y luego de un encuentro de lectores. Eso fue una ventaja porque los asistentes se asumían como tales y se llevaron el libro. Ahí el énfasis fue la relación entre la cultura y el medio ambiente y cómo entender la propuesta de la sustentabilidad en las políticas culturales. El diálogo intercultural estaba actuando a través de la presencia de la Compañía de Ballet de Cámara de Morelos, estado invitado al festival. En las presentaciones estuvieron los que tenían que estar: directivos de cultura, teatreros, gente de danza, directivos de escuelas de arte, periodistas, promotores culturales. El interés en torno de las políticas culturales es creciente. Esta gira me permitió sentir el pulso de esa inquietud en medio del quehacer cotidiano de una región rica en biodiversidad, en diversidad cultural, en patrimonio cultural intangible, como otras tantas regiones de nuestro país. Los periodistas culturales de los estados hicieron su labor, dieron cuenta de los temas y de las polémicas. Ojalá que el diálogo continúe… escritoenvozalta@gmail.com
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