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¿Resultados o desvíos?
Luego de la victoria alcanzada en las elecciones al Congreso de 2006, parecía un hecho que los demócratas tratarían de hacer de la campaña presidencial de este año otro referéndum sobre las políticas republicanas Después de todo, toda la gente parece estar harta no sólo del presidente Bush sino de su partido. Por ejemplo, una encuesta reciente realizada por el Centro de Investigación Pew muestra que los demócratas gozan de preferencia en todos los temas importantes, excepto el terrorismo. Incluso, tienen una ventaja de 10 puntos con respecto a la “moralidad”. Añada a esto el hecho de que la percepción sobre la economía está empeorando semana tras semana, y uno podía haber previsto que el tema central de la campaña demócrata sería “echar a los sinvergüenzas del poder”. Sin embargo, ocurrió algo curioso en el camino a las elecciones de 2008. A menos que Hillary Clinton gane abrumadoramente este martes, Barack Obama será el candidato demócrata. Y él no es en absoluto el tipo de candidato que uno hubiera esperado que surgiera en medio de la reacción en contra del gobierno republicano. Ahora, nadie confundiría a Obama con un republicano, aunque contrariamente a las declaraciones tanto de sus partidarios como de sus oponentes, su récord de votos lo coloca, junto con Clinton, más o menos en el centro del partido demócrata más que en su ala más progresista. Pero en vez de subrayar el daño hecho por el gobierno del otro partido, a Obama le gusta culpar a ambos partidos de nuestra lamentable situación política. Y en sus discursos promete no un rechazo a lo republicano sino una era de unidad postpartidista. Eso —junto con su adopción de algunas propuestas conservadoras sobre el crucial tema del cuidado médico— es la razón por la que el ascenso de Obama ha provocado tanta división entre los activistas progresistas, es decir, la gente que podíamos haber esperado fuera la que se uniera y cobrara impulso ante la posibilidad de que finalmente se termine una larga era de dominio político republicano. Algunos progresistas están consternados por la dirección que su partido parece haber tomado: querían a otro Franklin D. Roosevelt y en vez de eso sienten que están ante una versión oratoriamente mejorada de Michael Bloomberg. Sin embargo, otros insisten en que el mensaje de esperanza y el carisma personal de Obama darán como resultado una abrumadora victoria electoral, y que implementará una agenda dramáticamente progresista. El problema es que la fe en la capacidad de transformación de Obama está basada en evidencias sorprendentemente escasas. La capacidad de Obama de atraer a muchedumbres entusiastas a los mítines es un buen augurio para las elecciones generales, y lo mismo sucede con su capacidad para recaudar grandes cantidades de dinero. Pero ninguno de estos hechos apunta necesariamente a una victoria arrolladora. Los datos de las encuestas no aportan mucho: al menos por ahora, pueden encontrarse encuestas que le digan lo que quiere oír, desde la de CBS News/New York Times que le da a Obama una ventaja de 12 puntos sobre John McCain a nivel nacional, hasta la de Mason-Dixon que pronostica la victoria de McCain en Florida con una ventaja de 10 puntos. Lo que sí sabemos es que Obama nunca se ha enfrentado a un oponente republicano serio y que no ha enfrentado el trato hostil que los medios han dado a todos los candidatos demócratas desde 1988. Sí, sé que tanto la campaña de Obama como muchos reporteros niegan que haya recibido un trato más favorable que Hillary Clinton. Pero están bromeando, ¿verdad? Dana Milbank, reportera de la sección de política nacional del Wa-shington Post, dijo en diciembre la verdad: “La prensa la atacará ferozmente pase lo que pase. Realmente tienen desenfundados los cuchillos. No hay duda de que Obama recibe una cobertura significativamente mejor”. Si Obama afianza la nominación, la luna de miel se acabará cuando se enfrente a un oponente al que la prensa ama tanto como odia a Clinton. Si Clinton es incapaz de hacer algo bien, McCain es incapaz de hacer algo mal; aun cuando cambia de posición en forma escandalosa, es perdonado debido a que al parecer luce incómodo cuando lo hace. En serio. Bob Somerby del dailyhowler.com, sitio de crítica a los medios, pronostica que Obama será “dukakisado”, es decir, “tratado como una presencia extraña e inquietante”. Parece demasiado probable. Si Obama en efecto logra llegar a la Casa Blanca, ¿cumplirá las políticas transformadoras que está prometiendo? Al igual que la fe en que puede obtener una victoria electoral abrumadora, la fe en que puede superar una implacable oposición conservadora para lograr una legislación progresista está basada en muy poca evidencia: un año productivo en el senado del estado de Illinois, luego de que los demócratas arrasaron en el estado, y no mucho más. Y algunos legisladores de Illinois sienten que, incluso allá, Obama recibió más reconocimiento del que merecía. “Nadie quiere correr el balón a lo largo de 99 yardas hasta la yarda uno y luego dárselo a un compañero que se lleva todo el crédito”, se quejó un senador del estado con un periodista local. Con todo, los demócratas están en un lugar que muy poca gente esperaba hace un año. Al parecer, la campaña de 2008 será librada con base en la personalidad y no en la filosofía política. Si la magia funciona, todo será olvidado. Pero si no, las recriminaciones podrían destrozar al partido. (Traducción: Gabriela Cornejo)
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