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    Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
06 de marzo de 2008

México adicto

Sirvan estos días de guardar para una reflexión sobre los graves problemas nacionales. Los grandes pendientes del país que posponemos una y otra vez por los temas coyunturales que un día sí y otro también se roban la atención de los medios y la propia opinión pública.

Hay en cambio retos gigantescos de los que nunca hablamos. Pero que están aquí, omnipresentes. Uno de enormes proporciones es el de la creciente adicción a las drogas de millones de mexicanos. Para nadie es un secreto que pasamos de ser un país de traslado a un país de consumo.

La verdad es que somos adictos a muchas cosas: a los refrescos de cola, a la comida chatarra, al alcohol, a la piratería y a la música de banda. Pero últimamente la preocupación es por el notable aumento en el consumo de las llamadas drogas fuertes: marihuana, cocaína, heroína, crack y metanfetaminas. Es decir, las que tienen que ver con el narcotráfico sustentado en el clandestinaje.

Por ello es sustancial lo dicho hace poco por Juan Francisco Ealy Ortiz, presidente del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, acerca de la urgencia de un debate sobre la legalización de las drogas. Lo que para algunos puede significar una barbaridad, pero que en realidad representa la única alternativa para acabar con el narco. O por lo menos delimitar su influencia que actualmente, en muchos países, llega al grado de narcocracia.

Hoy, por cierto, además de la suma de adicciones de los individuos, hay una evidente adicción de gobiernos y modelo económico imperante a una productiva relación de negocio con el crimen organizado. Comenzando por Estados Unidos, el mercado de mayor consumo. Baste recordar que la ONU estima en 400 mil millones de dólares anuales el monto del tráfico de drogas, lo que representa 8% del comercio mundial y más de la suma del Producto Interno Bruto de decenas de países de los 170 que existen. Así que aun tratándose de una propina por pago de servicios a productores y transportistas como Colombia, Perú, Bolivia y México hablamos de cantidades monstruosas de dinero que desquician cada año países y gobiernos. Bien decía el juez Falcone que no hay crimen organizado sin protección oficial. Y es que son muchos los intereses en juego que incluyen no sólo a funcionarios de todos niveles sino a jueces, policías y bancos que lavan cada año el dinero sucio del narco.

Por ello el temor a un debate abierto y sincero es tan grande. A él se oponen la simulación y la conveniencia. Y es que nadie podría negar que aun sin ser la panacea, no hay otra mejor salida razonable que la legalización. Una decisión que han propugnado mentes tan brillantes como la del premio Nobel de Economía Milton Friedman que entre otras ventajas ha establecido: la disminución de cárceles, presos y muertos por la criminalización del consumo; la reorientación de cientos de millones de dólares en recursos que los gobiernos —por hipocresía o buena intención— destinan al combate al narco hacia programas de desarrollo; resolver el problema moral que representa el castigo social para los consumidores mientras los vendedores gozan de riquezas sin fin; equiparar con realismo las drogas ilegales con el alcohol y el tabaco que son tan dañinos y mucho más adictivos. Y finalmente, reconocer que el actual sistema de prohibición de las drogas hace mucho más mal que bien.

Centros de análisis tan prestigiosos como el del semanario The Economist han declarado abiertamente que la única vía para contener el negocio de la droga pasa por la legalización de su producción, expedición y consumo. “Lo que proponemos no es la solución ideal, pero es la menos mala”, han dicho sus directivos.

Y, mientras tanto, perdemos un tiempo precioso. En México, por ejemplo, mientras no nos atrevamos a debatir este flagelo, los nombres de los principales traficantes y sus cómplices en gobiernos, policías y Ejército seguirán cambiando, pero las historias serán las mismas. Y es que no falta mucho para que apliquemos aquí lo que el gran Gabo reflexionó sobre su natal Colombia acerca de este negocio sin corazón: “No es posible imaginar el fin de la violencia sin la eliminación del narcotráfico, y no es imaginable el fin del narcotráfico sin la legalización de la droga, más próspera cada instante... cuanto más prohibida”.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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