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Luis de la Calle
05 de marzo de 2008

Gracias Obama, gracias Hillary

El TLCAN se ha vuelto un referente, una prueba de ácido (litmus test en inglés), para calificar al populismo en Estados Unidos

Los estrategas de la campaña de Hillary Clinton estaban seguros de que la senadora por el estado de Nueva York tendría asegurada la nominación demócrata el supermartes del 5 de febrero. No obstante, el éxito de Barack Obama, senador por el estado de Illinois, en las primarias de Iowa, Carolina de Sur y un conjunto de estados el supermartes, lo catapultó como el candidato a vencer. Es ahora Obama el que tuvo la oportunidad de haber asegurado ayer en la noche la candidatura —aunque no haya logrado el mínimo de delegados necesarios.

En la ya larga campaña, ambos candidatos a la presidencia no habían hecho del comercio internacional un tema central. Lo dejaban para otros más radicales, en particular a John Edwards, cuya estrategia se basaba en críticas a la globalización, la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En un debate en Ohio la semana pasada, la senadora Clinton se pronunció por una renegociación del TLCAN que fuera favorable a Estados Unidos y que incluyera más disciplinas en el terreno laboral y el del medio ambiente. El senador Obama inmediatamente se unió a lo dicho por su contrincante y subrayó que en cuanto llegara a la Casa Blanca llamaría al primer ministro de Canadá y al presidente de México para decirles que cambiaría al TLCAN, que —aunque no lo dijo de esa manera— Estados Unidos no cumpliría con la palabra empeñada por su Ejecutivo y su Legislativo 15 años antes.

El principal motivo de ambos candidatos residía en asegurar el apoyo de los sindicatos el día de la elección primaria. La postura de Obama, por ejemplo, se radicalizó poco después de que el poderoso sindicato de los Teamsters apoyara su candidatura. Este sindicato ha tenido como prioridad y bandera desde hace mucho oponerse al comercio internacional y en particular al TLCAN. En parte esto se debe a que la apertura de autotransporte transfronterizo de carga implica una competencia potencial al gremio de los choferes, que es uno de los pilares de este sindicato.

La estrategia de los dos candidatos demócratas es equivocada, aun en el ámbito electoral, por diversas razones:

1. El TLCAN ha representado un éxito rotundo como muestran el incremento del comercio y la inversión. El comercio trilateral ha crecido más de tres veces, las exportaciones de Estados Unidos a México han aumentado 3.3 veces, las de México a Estados Unidos 5.3 veces. Las exportaciones de Ohio a Canadá han crecido 2.1 veces y a México cuatro veces para llegar a 3 mil de millones de dólares.

2. La economía de Estados Unidos ha experimentado su más largo periodo de expansión y una reducción significativa del desempleo durante los primeros años del TLCAN. Sería erróneo atribuir al tratado este crecimiento, pero lo es mucho más argumentar que ha sido negativo para la economía.

3. Canadá y México son los principales mercados para Estados Unidos en el mundo y por mucho. En 2007 compraron 33% de sus exportaciones.

4. La integración de América del Norte es clave para enfrentar la competencia asiática.

5. El TLCAN no es ahora, como lo fue al principio, un tratado preferencial. Estados Unidos tiene tratados similares con una larga lista de países y el arancel promedio de nación más favorecida es menor a 2%. Ningún empleo “regresará” al revertir la apertura a Canadá y México. Al contrario, las exportaciones de Estados Unidos estarían en gran desventaja en América del Norte.

6. Ningún candidato que se ha pronunciado en el pasado en contra del TLCAN ha triunfado en elecciones nacionales: John Edwards, Tom Harkin, Richard Gephardt, Ross Perot y Pat Buchanan son sólo algunos ejemplos.

7. Las elecciones se ganan con propuestas que miran hacia el futuro y no con batallas que sucedieron hace 15 años. El voto del TLCAN en el Congreso de Estados Unidos el 17 de noviembre de 1993 fue altamente controvertido y debatido. Representó quizás el primer voto en asuntos internacionales no eurocéntrico en ese país y permitió el avance del comercio en numerosos frentes: gracias al TLCAN se hizo APEC, se terminó la ronda de Uruguay y se fundó la OMC. Produjo también una cadena de liberalización competitiva que resultó en Mercosur, tratados de México con América Latina y la Unión Europea y de Estados Unidos con muchos países.

El TLCAN se encuentra ahora no sólo consolidado una vez terminado el periodo de transición este 1 de enero, sino que se ha vuelto un referente, una prueba de ácido (litmus test en inglés), para calificar al populismo en Estados Unidos. A raíz del pronunciamiento del senador Obama en Ohio, la gran mayoría de los periódicos más influyentes de habla inglesa (The Wall Street Journal, Washington Post, USA Today, The Economist, Newsweek, Financial Times y otros) han identificado en Obama cierto grado de populismo, y de pesimismo contrario a su discurso basado en el futuro, que deben tomarse en cuenta en la elección presidencial de noviembre.

A la senadora Clinton también la han criticado y señalado su contradicción al ahora oponerse cuando en el pasado, por lo menos de manera pública, apoyó uno de los mayores éxitos de su esposo.

Gracias al pronunciamiento de los candidatos demócratas, un número importante de diarios y comentaristas han criticado su postura populista y defendido directa e indirectamente al TLCAN. Esta defensa consolida al tratado y enfatiza que, por alguna razón, Canadá y México son importantes. Sin pretenderlo, la crítica fortalece al TLCAN y a la imagen de México en Estados Unidos.

Cuando se negoció el TLCAN muchos pensaban que serviría para limitar el populismo en México —cosa que ha hecho sin duda—, pero no que se convirtiera en el litmus test del populismo en EU. Sorpresas te da la vida.

buzon@cmmsc.com.mx

 
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PERFIL
 
Es director general y socio fundador de De la Calle, Madrazo, Mancera, S. C. (CMM), donde es responsable de la administración y operación de la empresa. Fue director general de Public Strategies de México. Antes, fungió como subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales en la Secretaría de Economía. Como ministro para Asuntos Comerciales de la Embajada de México en Washington, participó en el diseño, promoción e implementación del TLCAN. También laboró en el Banco Mundial como economista de país para las repúblicas Checa y Eslovaca, así como para Polonia y la antigua Zaire. Es miembro del Institute of Public Council on Agriculture, Food, and Trade, del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y del Instituto Mexicano para la Competitividad. Es doctor en Economía por la Universidad de Virginia.
 
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