|
PRI, 79 años… y sigue vivo
Juega un papel determinante en el sistema de partidos, en el Congreso y en el triunfo o el fracaso del gobierno federal A nadie debiera sorprender que en 2009 pudiera estar de nuevo como partido mayoritario en la Cámara de Diputados E l 4 de marzo de 1929, y a propuesta de Plutarco Elías Calles —quien el 1 de septiembre de 1928 urgió al Congreso de la Unión a acabar con el caudillismo y establecer instituciones políticas permanentes—, nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que el 30 de marzo de 1938 se convirtió en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y que el 18 de enero de 1946 se convirtió en el Partido Revolucionario Institucional, el PRI que hoy todos conocemos. Hoy ese partido cumple 79 años de su fundación y, como todos saben, mantuvo el poder desde 1929 hasta el año 2000, en que perdió en las urnas la hegemonía presidencial que mantuvo por 71 años. Sin embargo, y a pesar de que el PRI ha estado fuera del poder presidencial en los últimos ocho años, lo cierto es que el viejo partido vive uno de sus mejores momentos. ¿Por qué? Porque si bien es cierto que de manera formal el poder presidencial está en manos del PAN, y el Revolucionario Institucional cayó a la tercera posición en el Congreso, el PRI juega el papel no sólo de fiel de la balanza, sino de balanza imprescindible que regula a los extremos de la derecha y la izquierda mexicanas. Pero el PRI no sólo tiene en su mano buena parte del destino del segundo gobierno de la derecha panista —sin el PRI es imposible que la administración de Felipe Calderón logre reforma alguna en el Congreso—, sino que también tiene a su alcance la posibilidad de establecer una alianza con la izquierda partidista, con el PRD, con toda la oposición y, con ello, hasta podría arrinconar a la administración azul y desencadenar su fracaso. Es decir, que los tricolores juegan un papel determinante en el sistema de partidos, en el Congreso y, por si fuera poco, en el triunfo o el fracaso del gobierno federal. Bueno, hasta se dan el lujo de hacer realidad el milagro de poner en línea los intereses y objetivos encontrados y aparentemente contradictorios de amarillos y azules, como ya ocurrió con la reforma electoral aprobada recientemente, enmienda que —hay que decirlo— favoreció especialmente al PRI y al PRD, a costa de un peligroso retroceso político-electoral. Sin embargo, tampoco ahí termina la fuerza creciente del PRI en los años recientes. Todos saben que a la caída del Revolucionario Institucional en el año 2000, cuando muchos apostaban al desmoronamiento de los tricolores y otros auguraban el final del viejo partido, resulta que rápidamente y como la Hidra, el casi octogenario partido reprodujo en cada una de las entidades federativas en sus manos el esquema presidencialista que idearon los padres fundadores del tricolor. En efecto, el PRI perdió en el año 2000 el poder presidencial, pero cada uno de los estados dominados por el PRI ganó su independencia, y los gobernadores se convirtieron no sólo en los jefes políticos de sus respectivas entidades, e incluso en regiones completas del país, sino en verdaderos jefes y/o caciques de horca y cuchillo, cuya permanencia en el poder no depende del “centro”, sino de la capacidad regional de reproducir los ciclos sexenales en cada entidad. Y con ello rearticuló sus tejidos electorales y de poder. En pocas palabras, el PRI perdió el control político del Ejecutivo federal, pero en cada una de las entidades del país logró regenerar sus maquinarias electoral y de poder, al grado de que en entidades como Yucatán recuperó el poder estatal, en otras entidades, como Hidalgo, reforzó su control político, y se metió en la pelea para recobrar capitales estatales y congresos locales. En términos generales, en el último quinquenio —salvo, claro, la elección federal de julio de 2006— se convirtió en un partido ganador. Y ese PRI que tiene en sus manos el mayor número de gubernaturas, congresos locales y alcaldías, que en el Congreso federal es el eje articulador de la actividad legislativa, que lo mismo hace alianzas con el gobierno de Calderón que camina de la mano con los amarillos; que tiene bajo su control los órganos electorales fundamentales, como el Tribunal Electoral y el Instituto Federal Electoral, ahora va por el control mayoritario en la Cámara de Diputados —en las elecciones intermedias de 2009—, y se prepara para regresar al poder presidencial en 2012. A nadie debiera sorprender que a sus 80 años, en 2009, el PRI pudiera estar de nueva cuenta como partido mayoritario en la Cámara de Diputados —hay que recordar que los diputados federales son electos cada tres años y los senadores cada seis años— y con ello estaría a un paso de regresar al poder presidencial a sus 83 años, en 2012. ¿Por qué es muy probable esto, que el PRI resulte ganancioso en 2009 y 2012? Porque contra lo que ocurrió en los años previos a julio de 2006, en esta ocasión el PRI tiene por lo menos tres muy fuertes candidatos presidenciales: Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones y Beatriz Paredes, en ese orden. Cada uno de los tres pretensos y el conjunto del trío son un poderoso motor que trabaja por sus respectivos proyectos políticos en cada una de las entidades federativas —sean o no gobernadas por el PRI—, que alimenta con recursos económicos, humanos, logísticos y estratégicos a los PRI de todo el país, y que le permitirá al conjunto del Revolucionario Institucional echar a caminar su maquinaria político-electoral. Y todo eso frente a un PRD dividido y debilitado y a un PAN que sufre un acelerado proceso de desintegración. El PRI está en camino de volver, a sus ocho décadas. En el camino En el gobierno federal se sigue muy de cerca el conflicto entre Colombia y Ecuador a partir de la embestida contra el grupo guerrillero de las FARC —y por supuesto su repercusión en Venezuela— porque no descartan confirmar una versión que en su momento causó un escándalo: que Venezuela habría metido la mano y dólares a las elecciones federales mexicanas de 2006. aleman2@prodigy.net.mx
|