|
En 1997, Marco Antonio Campos (ciudad de México, 1949) recogió su obra poética, de 1970 a 1996, en el volumen Poesía reunida, bajo el sello de Ediciones El Tucán de Virginia, en coedición con la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad de Guanajuato. En aquel tomo, Campos incluyó sus cuatro libros de poesía hasta entonces publicados (Muertos y disfraces, 1974; Una seña en la sepultura, 1978; Monólogos, 1985, y La ceniza en la frente, 1989), a los cuales añadió el inédito Los adioses del forastero. Explicó: “Igual al joven que fui sigo intentando escribir una poesía hecha con el corazón y la sangre, libre lo más posible de decoración o galas y anhelando con humildad que el lector pueda sentirse conmovido con algún poema o verso. Un ideal mío sería escribir una poesía que se correspondiera mínimamente con las lápidas verticales que brillan bajo el sol de Grecia, donde con una concisión de dibujo se resume la historia de una persona”. Con ese ideal, la poesía de Marco Antonio Campos es emotiva e inteligente, ceñida y rigurosa, pero también diáfana: ausente por completo de la pirotecnia verbal y la retórica inextricable muy al uso de quienes confunden malabares con poesía y emoción. Para el autor de Los adioses del forastero, la poesía es, quizá, lo más auténtico de su escritura (que abarca, además, cuento, novela, ensayo, crónica, entrevista, crítica, aforismo), pues “la poesía es a la vez ventana por la que se mira al mundo y ventana por la que se mira al corazón y al alma”. Si, como también cree Campos, “la verdadera biografía de un poeta, o al menos la más honda, está en sus versos”, al entregarnos ahora una nueva reunión de su obra poética, aumentada y releída, esta autobiografía (emotiva e intelectual) ha crecido, ensanchando los horizontes poéticos, del mismo modo que ha profundizado y enriquecido su experiencia vital, su conocimiento (gozo y desdicha) de la existencia. El forastero en la tierra, 1970-2004 (México, 2007) incorpora, a los cinco libros anteriores, uno más, y muy decisivo en su trayectoria lírica: Viernes en Jerusalén (1997-2004), con el que mereció, en España, el quinto Premio Casa de América de Poesía (Madrid, 2005, Colección Visor de Poesía). Con sus más de 400 páginas, El forastero en la tierra ha sido publicado también por El Tucán de Virginia (que editan Víctor Manuel Mendiola y Luis Soto), en coedición con la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Este nuevo tomo de la poesía reunida de Campos abarca casi 35 años de una vocación que ha sido más que un oficio, un destino. Por ello, afirma: “Qué importan las novelas, los cuentos,/ las crónicas o ensayos ¿pero mis versos?/ Si en el futuro alguien los lee, tal vez perciba/ que los escribí con la llama del sol en la hoguera del mediodía/ sobre los girasoles, con los matices múltiples/ del púrpura y del violeta en la disminución del crepúsculo,/ con el grito doloroso del tigre lanceado/ en el momento de fallar la red,/ con gotas de sangre del pecho de las golondrinas/ que no lograron completar el vuelo”. Para Marco Antonio Campos, la poesía ha sido y es lo fundamental en su diversa obra literaria. De ahí que se pregunte: “¿Valió la pena el sacrificio, valió la pena abandonar/ la apuesta de la acción para entregarle la vida a la inutilidad de la poesía?”. Él sabe o intuye la respuesta. Y sus lectores sabemos, quizá egoístamente, que lo que ha valido la pena, por encima de todo, es habernos mejorado (en el sentido de hacernos “menos fieras”, más humanos) con su admirable poesía.
|