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Para cerrar
En las dos últimas semanas nos hemos dedicado a analizar el tema del petróleo y los retos que debería enfrentar una reforma energética Hablamos primero del gran costo de explorar y explotar yacimientos petroleros en aguas profundas, continuamos con la discusión sobre el fisco y Pemex, y el martes pasado hablamos de la pretendida eficiencia de la empresa. En varias ocasiones anteriores, desde hace ya varios años, hemos comentado acerca de la declinación de Cantarell y del rápido crecimiento de las importaciones de gasolina. En esta ocasión, para cerrar el tema y poder revisar otros que también son importantes, quisiera compartir con usted alguna información que resuelve dudas muy específicas. Por un lado, se dice que no es necesario explotar aguas profundas en tanto que existen reservas probables en lugares menos complicados. De lo que Pemex cree posible encontrar, hay cosa de 30 mil millones de barriles en las aguas profundas, y 18 mil millones en la parte que hoy ya se explota en el sureste. De hecho, es precisamente en esa región donde se ha dado el crecimiento que ha aminorado el efecto de la caída de Cantarell. Ku-Zaap-Maloob (KZM) ha incrementado su producción, de 2004 a 2007, en casi 240 mil barriles diarios, y el resto de la región marina, en 120 mil. Cantarell, en el mismo lapso, ha perdido 650 mil barriles. Es precisamente por eso que al terminarse Cantarell no nos quedamos sin petróleo, sino sólo sin exportar. Para 2012, Cantarell prácticamente ya no producirá, mientras que KZM estará acercándose a 800 mil barriles al día y la zona marina puede rondar los 600 mil. Pero eso apenas alcanzará para el consumo interno, ése es el problema. También se argumenta que no es necesario que Pemex se asocie con nadie, porque la tecnología para las aguas profundas está en el mercado. Esto no es nada claro. Todos los proyectos que están en desarrollo hoy son conjuntos, posiblemente por la tecnología, pero también por el riesgo. Nadie, ninguna empresa, invertiría las cantidades que requiere el desarrollo de aguas profundas por sí sola, porque podría fracasar por completo. Los accionistas de una empresa así la abandonarían de inmediato. Claro que en el caso de Pemex, no nos podemos ir. Existen diversos recursos que se subcontratan, para cualquier tipo de explotación, que se pueden comprar, pero el diseño, desarrollo y administración del proyecto no puede dejarse en manos extrañas. La coordinación de los diferentes contratistas, por ejemplo, exige conocimiento del tema. Y en verdad no es lo mismo meter un tubo 60 metros en el agua que meterlo cuatro kilómetros. Con respecto a la refinación, nos hemos quedado muy rezagados. En buena parte me parece que esto se debe al incremento del parque vehicular, resultado de bajos precios y abundante financiamiento. Usted debe notar cómo ha crecido el tráfico en su ciudad, y cada auto adicional es más consumo de gasolina. Es lo malo de que el país sí esté creciendo y cada vez más personas puedan consumir más bienes. Durante la década de los 90, el consumo de gasolina se mantuvo prácticamente estable en 500 mil barriles diarios, pero en la década actual el crecimiento en el consumo ronda 6% anual, de forma que en 2007 llegamos a 760 mil barriles por día. La producción, que rondaba 430 mil, se ha logrado incrementar a casi 460 mil, pero la diferencia pasó de unas cuantas decenas de miles de barriles a prácticamente 300 mil barriles por día. Ése es el problema que tenemos con la refinería. No había sido necesaria mientras no crecíamos y teníamos altas tasas de interés. Ahora sí la necesitamos. Hacer una refinería de 250 mil o 300 mil barriles diarios no es cosa excepcional. Debe costar entre 8 y 10 mil millones de dólares, y tardar entre tres y cuatro años para que empiece a funcionar. ¿Debe hacerla Pemex o no? Aquí no hay problema tecnológico, sino operativo. Las refinerías que ha hecho la empresa no han sido grandes éxitos, ni de construcción ni de operación. Pero siempre está la posibilidad de proyectos llave en mano, que muy probablemente ganaría una empresa extranjera, porque se debe licitar internacionalmente. Pero es un problema diferente del de la exploración en aguas profundas. Como puede ver, la información hace pensar que, si modificamos la forma en que Pemex ha trabajado hasta ahora, podríamos obtener mejores resultados. Tal vez por eso nadie más en el mundo tiene un monopolio como el que tenemos nosotros. Ni siquiera Hugo Chávez. Por algo ha de ser. www.macario.com.mx
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