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José Carreño Carlón
28 de febrero de 2008

En la autodestrucción, a AMLO sólo le sale bien lo que lo daña

¿Quién gana con la reforma judicial? Un Ejecutivo que hace suyo el proceso reformador

Como en el IFE, Calderón y PRI terminarán repartiéndose los comisionados de Cofetel

Si tú eres el que estás adentro del hoyo, deja de cavar, reza un viejo dicho anglo que alguien debería dárselo a conocer a López Obrador.

Si sólo te sale bien lo que te perjudica, es muestra inequívoca de que entraste en un acelerado proceso de autodestrucción, expresa un axioma surgido de la realidad con el que no pueden conectar las fantasías que se ha fabricado AMLO para restaurar su liderazgo disminuido.

Le salió tan bien el discurso-amenaza de incendiar al país si el Congreso aprueba una reforma energética hasta ahora desconocida pero que el líder considera ya antipatriótica, que desató ánimos incendiarios en una parte de sus seguidores… sólo que contra otra parte de sus seguidores. Todo parecía, en efecto, que la intención era quemar vivos el domingo a los líderes de su partido en el Congreso, por la sospecha que el propio AMLO ha lanzado contra ellos de cometer un extraño delito, el de actuar como parlamentarios, es decir, escuchar, debatir y proponer, en este caso, fórmulas para tratar de sacar de su postración el sector energético.

Pocos se han ocupado esta semana de su “nuevo” plan de guerra en defensa del petróleo mexicano, una copia del plan de guerra en defensa del gas boliviano que llevó a la presidencia de ese país a Evo Morales, como lo ha apuntado Pablo Hiriart. Sólo que aquí ese plan resultó gravemente opacado junto a los “nuevos” golpes que AMLO se propuso asestarle al presidente Calderón y específicamente a su secretario de Gobernación.

Y es que, tanto la agenda de los medios como la agenda pública, siguen centrados hasta hoy en el más vistoso (y con mayor valor noticioso) episodio del mitin dominical frente a la torre de Pemex: el de las agresiones verbales y físicas de las huestes más fieles al ex candidato presidencial contra los líderes parlamentarios de su propio partido.

Salvo en el sitio El Sendero del Peje, todavía no hay quien defienda públicamente ese lance de los “obradoristas”, ni siquiera entre los aliados más consistentes —políticos o mediáticos— del caudillo de la izquierda mexicana. Cuando mucho se ha pretendido remitir la responsabilidad de los hechos a provocadores anónimos. Pero las víctimas les ponen nombre y señalan a René Bejarano como el tripulante de aquellos grupos violentos. Sí. Un Bejarano plenamente reciclado tras los videos de los dólares, los portafolios y las ligas, reivindicado sin reservas y reincorporado activamente a las filas de su jefe, ahora en la encarnizada lucha por mantener el control de su partido.

Por goteo, pero las reformas van

A pesar del intento de sus allegados por dar por cerrada la polémica bajo el argumento de la necesaria unidad para la lucha contra la reforma energética, el tema de la violencia en la torre de Pemex continúa en la agenda del debate. Y AMLO sigue cavando… a pesar de la profundidad del hoyo que lo aloja y que ya era impresionante después del también dañino golpe mediático, que también le salió de lujo (sí, tuvo cobertura universal) contra la presidenta de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, igualmente de su propio partido.

Y, a su manera, todavía podrían salirle bien a AMLO todas las arbitrariedades de él y de su brazo derecho, Bejarano, para forzar el control de su partido e imponerle otra vez un dirigente formal. Pero en estas circunstancias cualquiera que sea el resultado lo dañaría. Porque si pierde Alejandro Encinas a pesar de todos los esfuerzo de AMLO-Bejarano por elegirlo, la derrota será de AMLO. Y si gana, el caudillo se quedaría con un partido incondicional, pero marginado, en lugar de mantenerse como un personaje sobresaliente, entre otros, pero dentro de un partido inserto en el centro del debate público.

En ese lugar central del debate se colocó desde el martes el destrabe de la reforma constitucional en la Cámara de Diputados, que seguirá hoy en la de Senadores para después ser completada en los congresos estatales. Una reforma relevante, sin duda, porque está destinada a establecer un nuevo sistema de justicia penal, basado en el reconocimiento de garantías básicas en el proceso judicial, que incluye los juicios orales, así como mejores instrumentos para el combate a la delincuencia organizada.

Hay muchos ganadores en este logro. Y de eso se trata. Desde el gobierno y en particular el procurador Eduardo Medina Mora que promovió la reforma, junto al PAN y el PRI que le dieron curso, hasta el PRD que se pudo atribuir la (discutible) supresión de un (polémico) párrafo del dictamen que permitía el ingreso de la policía sin orden judicial a un domicilio ante la amenaza a la vida de personas, y, en caso de flagrancia, cuando se estuviera persiguiendo al inculpado.

Pero quien se alzó con el triunfo mayor, al colocar en la agenda un mensaje ganador, fue el presidente Felipe Calderón. Por una parte, hizo suya la recuperación del ímpetu reformador paralizado en los dos sexenios anteriores. Y por otra parte no sólo pudo ofrecer para el futuro la garantía de procesos judiciales más ágiles y transparentes, ante los empresarios reunidos en la Convención Nacional de la Cámara Americana de Comercio, sino que eslabonó esta reforma con las aprobadas en menos de 15 meses de su gobierno en materias hacendaria, electoral y de pensiones, por insuficientes que puedan ser unas y controvertibles que sigan resultando otras.

¿Autónomos, los empleados de SCT?

Esta recuperación en curso de la iniciativa política del Presidente y este proyecto de reposicionamiento de la imagen presidencial pasa también por un esfuerzo de reconcentración del poder del Ejecutivo, difuminado en el sexenio anterior. De allí el rescate del control de su partido, en disputa con quienes lo controlaban con Fox. Y de allí también las silenciosas pero no tan discretas acciones tendientes a retomar el control de poderes y órganos autónomos como la Suprema Corte, el Consejo de la Judicatura, el IFE, el Trife y, entre otros más, la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), esta vez en competencia y fácil componenda con los líderes partidistas dominantes en el Congreso, particularmente los del PRI.

Con éstos se repartió el control del IFE el mes pasado y con ellos se dispone a controlar la Cofetel. Por lo pronto, el titular de Comunicaciones y Transportes litiga directamente en la Corte para sentar a uno de sus subsecretarios y a uno de sus directores entre los comisionados del órgano regulador de las telecomunicaciones y celebra en sus espacios mediáticos que los ministros no hayan aceptado el martes una de las 15 causas de sobreseimiento de sus amparos. Ya las resolverá la Corte, pero lo que no encaja es la pretensión de que sentar a los empleados de una dependencia del Ejecutivo en una comisión autónoma reforzará su autonomía, como lo postulan los partidarios de esta restauración a ultranza del poder discrecional del Ejecutivo en este y en otros campos.

jose.carreno@uia.mx

 
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PERFIL
 
José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

 
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