|
PRI, el verdadero poder
El presidente Calderón y su gobierno parecen condenados a caminar atados al PRI La realidad es que fue el PRD el que pavimentó el camino de esa alianza El 4 de noviembre de 2006 titulamos así el Itinerario Político de ese domingo: “Calderón, en brazos del PRI”. Argumentamos entonces que contra toda lógica del poder, la realidad era que “por obra y gracia de la peculiar democracia electoral mexicana, el Revolucionario Institucional parece estar listo para convertirse no sólo en el “fiel de la balanza” del nuevo gobierno, sino en el pasaporte indispensable para certificar el éxito o el fracaso del gobierno de Felipe Calderón”. A 15 meses de distancia todo indica que, en efecto, el presidente Calderón y su gobierno parecen condenados a caminar atados al PRI de Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y Enrique Peña Nieto —por citar sólo a los militantes tricolores más reputados—, pero de igual manera el segundo gobierno federal del PAN igualmente parece condenado a permanecer unido, en una suerte de malformación siamesa, al otro PRI, el de la disidencia temporal. ¿Cuál es ese otro PRI al que nos referimos? Todos lo saben: el de la señora Elba Esther Gordillo, la lideresa del magisterio nacional, la capitana del mayor cacicazgo político laboral en México y América Latina, la dueña de las vidas y los destinos de millones de profesores de educación pública y, por si fuera poco, la propietaria de esa rentable empresa familiar que se llama Partido Nueva Alianza, a cuya sombra siguen engordando los negocios familiares. Las dos expresiones del PRI, ya lo vimos todos en los 15 meses previos, resultaron indispensables en las reformas a leyes como la del ISSSTE, reformas como la electoral y la fiscal, y lo serán en la energética y la de justicia. Sin la alianza del PRI, del Panal, del Partido Verde, el Partido Acción Nacional y el gobierno emanado de sus filas estaría prácticamente paralizado, sin posibilidad alguna de impulsar nuevas leyes o reformas a las ya existentes. Pero el problema no se queda en lo cuestionable que pudieran resultar las alianzas del gobierno de Felipe Calderón con el PRI y sus satélites, sino que el problema parece estar en el costo político, social y electoral que están pagando el PAN y su gobierno con esas alianzas. Ese parece ser el verdadero problema, el corazón del asunto, ya que “entreverada” con las reformas que se han aprobado —y con las que vienen—, el PRI ha impulsado peligrosos pasos en reversa de los importantes avances que se habían logrado a partir de la gran reforma electoral de 1996. Para nadie es un secreto, o no debiera serlo, que el PRI trabaja en un proyecto de escala mayor, que no termina ni en una eventual alianza con el PAN y el gobierno de Felipe Calderón, que no sólo tiene una escala insalvable para 2009 y 2012, sino que se propone ser el partido del nuevo siglo. Sí, las reglas del juego, las alianzas, los nuevos arreglos que proponen los señores del PRI no buscan otra cosa que el regreso al poder de los tricolores. Sin embargo, y contra lo que muchos suponen —sobre todo aquellos que ven a un Nicolás Maquiavelo detrás de cada uno de los actuales jefes del PRI—, la verdad es que el único responsable del nacimiento, desarrollo y fortalecimiento de esa alianza que se quiere motejar como PRIAN, no es otro grupo que el de la llamada izquierda mexicana. Y no, no es una exageración y menos una puntada de ocasión. Al quedarse fuera del ejercicio básico, elemental de la política, los amarillos y sus mesiánicos dejan el camino libre para toda clase de alianzas, perversas o no, en torno a temas trascendentales o sólo de coyuntura. Y es que todos saben que a partir de la postura asumida luego de julio de 2006 por la segunda fuerza electoral del país —una postura que todos conocen y no pocos padecen, porque los amarillos les declararon la guerra a los azules y al gobierno de Calderón—, la realidad es que los amarillos pavimentaron el camino de la alianza PAN-PRI. Frente a esa realidad, que no es más que una monumental torpeza de un sector del PRD, de los más radicales y más atrasados, a ninguno de los dos partidos potenciales aliados les quedaron espacios para moverse por otra ruta, ya que el PRD se negó y se sigue negando a toda posibilidad de negociación, alianza, acuerdo o diálogo que meta a los amarillos en la toma de decisiones y en el reparto de beneficios. De esa manera —y salvo una porción nada despreciable de la reforma electoral que ganaron los amarillos— el PRD ha permanecido ajeno y ausente de los grandes debates nacionales —en una suerte de eutanasia política— porque más que una fuerza política propositiva el PRD se ha convertido en una fuerza destructiva de sí mismo, de sus logros, de sus liderazgos, de sus bases sociales y de su credibilidad y confianza ciudadanas, más que del gobierno de Calderón. Cuando los amarillos decretan “cero diálogo” con Calderón, también decretan “cero avance” de su partido, de sus propuestas e ideologías; “cero logros”, “cero posibilidades de responder a sus electores”. Y en política, como en la naturaleza en general, órgano que se paraliza, se atrofia y muere. ¿En cuántos estados de la República el PRD es un órgano político muerto? El caso más reciente lo vimos en el estado de Hidalgo, donde los electores prefirieron al viejo PRI, no porque sus candidatos sean más honestos o más confiables, sino porque ciudadanos de regiones como Hidalgo ven al PRD sin vida. Por donde se le quiera ver —y esa es una historia que el PRD ya vivió entre 1996 y 2000— el PRD está obligado a entrar a los debates sobre los grandes problemas nacionales, a proponer y empujar sus iniciativas, si no quiere que en 2009 y 2012 el PRI y el PAN, en ese orden, regresen a lo suyo, al cogobierno de la derecha. En el camino Y a propósito de la derecha, resulta preocupante lo que pasó en el canal 22 de televisión —televisión del Estado—, en donde una empresa lechera canceló su pauta publicitaria en protesta por la línea editorial de dicho canal de televisión. Ahora resulta que dar espacio al tema homosexual provoca esa modalidad de censura. Pero lo más grave es que no aparecen, por ningún lado, los rabiosos defensores de la izquierda. aleman2@prodigy.net.mx
|