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(El siguiente relato no es nocivo para la salud. Es un cuento, historia, o como quiera llamarle y cualquier similitud con la realidad es, claro, a propósito). Es uno de estos últimos días, donde el termómetro parece indicar que el invierno se fue y estamos en primavera-verano. En Tlalmanalco, estado de México, todo está listo para recibir a Enrique Peña Nieto. Inaugurará un centro de salud. En la casa de gobierno, se da sus últimos retoques frente al espejo; mientras, en la sede del evento, las mujeres escogen los lugares de la primera fila. Quieren verlo de cerquita, y por qué no, hasta tocarlo. Llevan sus cámaras fotográficas digitales o los teléfonos preparados. Peña Nieto decide transportarse en una de las camionetas que tiene a su disposición. Esta vez no usará el helicóptero, como casi siempre. Ya abordo de ella, toma su celular y en su directorio busca el teléfono de “RS”. Conoce bien esas iniciales. Justo va pasando debajo de un puente vehicular, cuando el celular al que marcó da el primer timbrazo. A su derecha, en un muro, todavía ve los restos de pintura de hace algunos años. Alcanza a leer: —Arturo Montiel para Gobernador… Cierra de un golpe el celular y algo murmura… Su chofer con cara de asombro, lo voltea a ver y le pregunta: —¡¡¿¿Perdoooón??!! —No me hagas caso— le responde. Toma unos lentes oscuros que hay en uno de los asientos. Se los pone; pero inmediatamente se los quita. Toma el fólder donde lleva su discurso para darle una releída, pero lo suelta rápidamente. Ese muro lo inquietó. Pide que prendan el aire acondicionado. Se recarga y cierra los ojos. En un momento de meditación, comienza un diálogo consigo mismo. —¿Caray Quique, por qué te sacó tanto de onda el murito ese…? ¿Le tienes miedo a Montiel? —¿Miedo…? ¡No inventes! Porqué le debo de tener miedo. Para nada, trabajé con él. Ya ves hasta decían que era mi tío. —Pues pareciera que sí. Tampoco puedes olvidar que fue tu jefe, y que gracias a él, estamos donde estamos. —Para nada. Es gracias a mis compromisos de campaña, es por los que estamos aquí. Punto. —Por favor… Con él diste tus primeros pasos en la administración… él te apoyo con todo y bajo ciertas condiciones. Que has cumplido, claro, como dar pronto carpetazo a cualquier investigación en su contra. No se puede quejar… Entreabre su ojo derecho: —Sí, pero me lo debo a mi esfuerzo, a mi trabajo. Sólo a mí y nadie más. Así sus ex colaboradores que ahora están conmigo. Ellos no me deberán nada a mí cuando yo sea… Dice mientras se toca el pecho con su dedo índice derecho. —Pero sabes que tarde o temprano si ahí llegas, volverá a salir el tema Montiel, ¿o no? Enseguida abre los ojos y se sienta correctamente. —Mira, creo que esta charla no nos lleva a ningún lado. Así que cambiemos de tema. Justo en este momento, pasan sobre uno de los tantos bulevares que hay en el estado de México. El motociclista que encabeza la comitiva le hace señas al chofer de la camioneta oficial para que se abra a su izquierda, quién sabe porqué. Pero el conductor no le da tiempo hacer la maniobra. Aquí, Peña Nieto se asoma a la ventana y alcanza a leer en una plaquita: —Bulevar Gobernador Arturo Montiel Rojas. —¡Chin…! Habla a su oficina para que lo comuniquen con su secretaria de Obras o con el de Comunicaciones. No se explica cómo es que esta obra todavía tenga ese nombre. —No hagas corajes. Mira, creo que si eres abusado puedes seguir los pasos de él. —¿Qué, quieres que me rajen a la hora de las candidaturas en el 2012? ¿Qué me deje mi futura y joven esposa que aún no tengo? ¿Qué acabe deprimido? —No. Ahora que ya no podemos salir en spots en Televisa, creo que es hora de que vayamos rebautizando todas las obras públicas con personajes famosos. —No. No es buena idea. —Bueno. Allá tú si quieres quedarte fuera de la pelea. O quizá deberías participar en una telenovela. Tienes el porte, la imagen, el aura de soltero codiciado. —Podría ser, pero sabes, mejor me espero. Mi fuerte es que llevo gran parte de mis compromisos de campaña cumplidos. —Y bueno, la difusión en la televisión también ayuda y siempre apareces en los noticiarios aunque sólo estornudes, jajaja. –Sí y dicen que les doy dinero para ello. No es así. ¿No ves que ven en mí la clara posibilidad de llegar a la Presidencia? Sólo un tonto como Manlio Fabio Beltrones piensa que no está ya decidido. Si Fox nos sacó de Los Pinos; conmigo regresaremos. —Pues abusado, porque ahí van Marcelo Ebrard y Juan Camilo. —Del primero no me preocupo. Somos buenos com-pa-ñe-ros, que no amigos, por el bien de nuestros gobernados, tú sabes. De Juan Camilo, pues, me llevo bien con Felipe Calderón. Punto. —Sí lo sé; como muestra, ahí está el tren suburbano. Por fin llegan al lugar del evento. Las mujeres se arremolinan al lado de la camioneta negra. El gobernador vuelve a tomar los lentes. Baja el cristal de la puerta. Se queda sentado y se deja ver como toda una estrella de televisión. Sólo estira la mano para saludar. —¡Quiero ser tu primera dama! ¡No seré regia, pero también puedo transformarte!— le grita una de ellas. El resto sólo gritan como si de un ídolo de rock se tratase. Y eso a él le encanta. katia.katinka@gmail.com . RECUENTOEl anuncio de Fidel Castro de que no volverá a buscar ni aceptaría la presidencia cubana, por cuestiones de salud. El poder podría recaer, hoy mismo, en su hermano Raúl, quien optó por el apoyo de Luiz Inácio Lula da Silva en vez de Hugo Chávez, para realizar una posible transición en la isla.
Uno.— El posible contagio que tendremos a causa de la recesión económica que vive Estados Unidos. Por lo pronto, la secretaria de Hacienda informa que sí podría afectarnos, pero “no de manera importante”. Mmm. Dos.- La integración del nuevo consejo general del IFE, pospuesto desde diciembre pasado. Ahora la disputa radica en si son 3 o los 6 los integrantes que se elegirán en la Cámara de Diputados..
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