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Albert Jacquard es uno de los ensayistas franceses contemporáneos más brillantes, con formación profesional en ingeniería, genética, biología y ciencias humanas. Educador por excelencia, sus libros buscan facilitar la comprensión de los lectores comunes sobre ciertos aspectos que, en una jerga especializada o cientificista, pueden resultar impenetrables. Divulgador de la ciencia y las humanidades, Jacquard es autor, entre otras obras, de La materia y la vida, La explosión demográfica, Los hombres y sus genes, La preocupación de los pobres, Yo y los demás: iniciación a la genética y La ciencia, ¿una amenaza? Un libro particularmente útil, ameno y lúcido es el que lleva a cabo, en formato de diálogo o entrevista, con la profesora de filosofía Huguette Planès: Pequeña filosofía para no filósofos (México, Random House Mondadori, DeBolsillo, 2006, primera reimpresión), en el cual Jacquard responde a una serie de interrogantes en materias y temas tan diversos como la alteridad, la biología, el cociente intelectual, la conciencia, la ética, la felicidad, la genética, Hitler, la imaginación, la justicia, el derecho, la libertad, la lógica, la naturaleza, la cultura, el poder, la religión, la sabiduría, la técnica, el trabajo, la utopía y la verdad. Jacquard aborda cada uno de estos temas con claridad y sencillez para un mayor entendimiento de los no especializados. Este es un libro de divulgación que nació de una experiencia con alumnos franceses de bachillerato que, a iniciativa de Huguette Planès, interrogaron a Jacquard en 1995. Luego de esa experiencia, la profesora Planès concibió, en colaboración con el ensayista, un diálogo más abarcador en el que Jacquard ofrece respuestas que abren o amplían nuestro conocimiento del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Por ejemplo, en el tema de la alteridad, Jacquard expresa lo siguiente: “La tolerancia es una actitud muy ambigua (‘Para eso hay unas casas’, decía Claudel). Tolerar es creerse en situación de dominar, de juzgar; consiste en considerarse muy bueno por aceptar al otro a pesar de sus errores”. Respecto de la inteligencia, Jacquard nos recuerda lo que dijo el escritor francés Boris Vian: “La desgracia de un tipo inteligente es que nunca lo es lo suficiente como para no decirse que es el más inteligente”. Asimismo, define la inteligencia como el conjunto de efectos resultantes del funcionamiento de nuestro sistema nervioso central, y nos aconseja desconfiar del denominado coeficiente intelectual que muchos han convertido en una verdad matemática que, en sus peores consecuencias, desemboca en la afirmación de que el coeficiente intelectual medio de los negros es inferior, en 15 puntos, al de los blancos. Jacquard impugna más de una creencia, presuntamente científica, fácilmente manipulada por los políticos. Así, afirma: “Todos tienen derecho no a la felicidad, sino a una organización colectiva que no obstaculice su consecución. De igual manera, no podemos pretender el ‘derecho a la salud’, pues la salud depende de numerosos factores sobre los que la sociedad no tiene influencia alguna; pero sí podemos exigir el ‘derecho a la atención médica’, que sólo depende de la buena voluntad colectiva”. Para este lúcido pensador, todas las cosas (incluida la ciencia, por supuesto) cuyo sustento sea la posesión de la “verdad” única, a lo que llevan por desgracia es al fanatismo y al integrismo, pues la verdad no se posee, se busca. “En cualquier caso —nos advierte—, quienes pretenden estar en posesión de la verdad son aquellos que han abandonado la búsqueda del camino hacia ella”.
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