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Hablando de mujeres y traiciones…
Zavaleta empieza a convertirse en símbolo y podría ser una potencial aspirante presidencial Las señoras Batres y Barrales hicieron el trabajo sucio. Y sí, esto se vio aún más feo No, el tema no es el clásico de Martín Urieta: Mujeres divinas. No, el tema es esa grosera combinación que se pretende hacer entre el género femenino y la traición. La traición política, claro. Todos conocen el escándalo desatado por el encuentro entre la señora Ruth Zavaleta, presidenta de la Cámara de Diputados, y el señor Juan Camilo Mouriño, secretario de Gobernación. La diputada Zavaleta fue insultada a más no poder por la claque del señor Andrés Manuel López Obrador y por el propio ex candidato presidencial. Y los insultos, que aparecieron en todos los medios y de manera especial en las versiones electrónicas que sirven de propaganda al tabasqueño —como El sendero del Peje—, fueron de tal rudeza que en realidad exhibieron una peculiar y profunda misoginia, salida de lo más radical y atrasado del partido amarillo y, por supuesto, de un puñado de las propias mujeres perredistas dedicadas a la política. Pero casualmente, y contra lo que esperaban los encargados de insultar y denigrar a la señora Zavaleta, resulta que la presidenta de la Cámara de Diputados se ha convertido no sólo en una revelación del quehacer político en manos de las mujeres, sino que para algunos la diputada empieza a convertirse en un símbolo que en los próximos cuatro años podría terminar —según los cálculos de Los Chuchos—, en una potencial aspirante presidencial. Como todos saben, la embestida contra la diputada Zavaleta empezó desde que fue propuesta por su grupo político, el de Los Chuchos, para presidir la Cámara de Diputados durante todo el primer año de la actual Legislatura. El primero en oponerse fue el señor López Obrador que, insultos de por medio —y con adjetivos soeces—, la descalificó. Y la historia de ese rencor es vieja, data de los tiempos en que la lideresa provivienda se negó a plegarse a los designios del señor López Obrador. Luego vino la toma de posesión de Felipe Calderón, el retiro pactado de Ruth Zavaleta de la Mesa Directiva —acordado con sus compañeros de partido, y con nadie más—, y el insulto del señor Gerardo Fernández Noroña, quien no sólo acusó de traidora a la diputada Zavaleta, sino que dijo que “aflojó el cuerpecito”. Los insultos siguieron cuando la diputada se reunió con Margarita Zavala, la esposa del presidente Calderón, y llegaron a su punto de ebullición luego del encuentro institucional entre Ruth Zavaleta y Juan Camilo Mouriño. El señor Andrés Manuel López Obrador acuñó la frase del tocamiento de piernas, claro, políticamente hablando. El insulto soez a la diputada Zavaleta provocó a los señores Obrador y Noroña una crítica casi generalizada —en medio del silencio de sus fieles de la intelectualidad y el periodismo—, al extremo de que la misoginia política cambió de fuente de origen, no de destinataria. Sí, por aberrante que parezca, el trabajo sucio contra la diputada Zavaleta se les encomendó a las señoras Valentina Batres y Alejandra Barrales, diputada federal la primera y aspirante a la dirigencia del PRD capitalino la segunda. La señora Barrales —cuello de ganso de la guerra de AMLO contra la señora Zavaleta— llegó al extremo en un acto de campaña en el que gritó: “Quiero que se oiga fuerte. No sólo no me voy a dejar agarrar las piernitas, sino que no me va a temblar la mano para expulsar a los traidores”. Este nuevo lance catalizó una pelea en la que la también diputada Valentina Batres, hermana de Martí, otro escudero de AMLO, ha solicitado la destitución de la presidenta de la Cámara de Diputados. ¿Las razones? Las mismas, que ha incurrido en traición al mesías tropical. Se escuchaba tan feo la misoginia política de los varones contra la diputada Zavaleta, que encargaron a mujeres como las señoras Batres y Barrales hacer el trabajo sucio. Y sí, eso se vio aún más feo. Pero donde todos los enamorados del mesías debieron tragar sapos y serpientes —empezando por los señores López Obrador y Fernández Noroña y terminando por las señoras Batres y Barrales—, y donde quedó exhibida la estatura de esos políticos y sus estrategias mentirosas y engañabobos, fue cuando todos guardaron silencio frente a “la otra traición”. ¿A qué nos referimos? Sí, a la gira que hizo la gobernadora de Zacatecas, la señora Amalia García, junto con el presidente Calderón, a regiones donde los migrantes zacatecanos se han asentado, en Estados Unidos. La gobernadora sólo hizo lo que debía hacer. Desempeñarse de manera institucional. Sí, por eso resulta curioso el rasero del señor López Obrador. Si una de sus aliadas políticas, como es el caso de la gobernadora Amalia García —que lo apoya para mantener el control del partido a través de Alejandro Encinas—, decide viajar junto con el presidente Calderón, desempeñar su responsabilidad institucional, entonces no hay traición ni agarrón de piernas, ni se aflojó el cuerpecito, ni se pide la renuncia de la señora gobernadora. Pero si el acercamiento con el gobierno de Felipe Calderón es de uno de los adversarios de AMLO, entonces ese adversario o adversaria son vistos como traidores, quemados en leña verde, insultados con lenguaje soez, mostrados en la plaza pública como lo peor de la humanidad o, en su caso, lo peor del género femenino. Curiosa manera de engañar. Pero para que el engaño exista se requieren dos, el que trata de engañar y el que permite el engaño. Es un asunto de dos. En el camino Ya apareció el peine. Bueno, uno de los peines de la declaración que hizo el pasado viernes el capitán de Televisa, Emilio Azcárraga Jean. Si se recuerda dijo, entre muchas otras cosas, que a Televisa “nadie le ha regalado nada”. Claro que se trataba de una mala apreciación, porque Televisa es lo que es gracias a los gobiernos del PRI y, por supuesto, al primer gobierno del PAN. ¿Pero cuál peine? Sí, que Azcárraga se refería a Telmex… ¿Se acuerdan del debate de que el gobierno de Salinas le regaló Telmex a Carlos Slim? Por ahí viene el asunto. La guerra por el triple play. aleman2@prodigy.net.mx
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