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    Mirada al mundo
Paul Krugman
13 de febrero de 2008

Una larga historia

Las noticias económicas de la semana pasada fueron bastante sombrías. La crisis de crédito está empeorando, y un reconocido índice de las tendencias en el sector servicios —es decir, la mayor parte de la economía— se cayó por un precipicio

Todavía no es seguro que nos dirigimos a una recesión, pero las probabilidades son cada vez mayores.

Y si el pasado sirve de guía, las dificultades persistirán por bastante tiempo, digamos que hasta mediados de 2010.

Los problemas que enfrenta actualmente la economía de Estados Unidos se parecen mucho a los que provocaron las últimas dos recesiones, pero esta vez combinados.

Por un lado, la explosión de la burbuja inmobiliaria está jugando el papel que jugó la explosión de la burbuja puntocom en 2001. Por el otro, la crisis de las hipotecas de alto riesgo está creando una “asfixia” de crédito que recuerda a la sufrida después de la debacle de las sociedades de ahorros y préstamos de finales de los 80, que condujo a una recesión en 1990.

Ahora bien, quizá haya escuchado que esas recesiones fueron breves. Y es verdad que las últimas dos recesiones terminaron oficialmente tan sólo 18 meses después.

Sin embargo, las fechas del fin oficial de dichas recesiones son profundamente engañosas, al menos en la experiencia de la mayor parte de la gente. Hay una razón por la que la administración Bush, en sus cada vez más infructuosos esfuerzos por ensalzar el desempeño económico durante su periodo, siempre habla de los empleos creados desde agosto de 2003. Y es que fue sólo en ese momento —dos años y medio después de que comenzara la recesión— cuando la economía de EU comenzó a experimentar algo parecido a una recuperación. Y sucedió lo mismo una década antes: la recesión que comenzó en 1990 terminó oficialmente en marzo de 1991, pero la recuperación sin generación de empleos que le siguió infundió en los estadounidenses una sensación de miseria económica que perduró hasta las elecciones de 1992.

Dado que los problemas actuales de la economía de EU parecen una combinación de los sufridos en 1990 y 2001, la forma que tome este episodio de adversidad económica probablemente será similar a la de episodios anteriores: incluso si la recesión oficialmente es corta, los malos tiempos perdurarán bien entrada la próxima administración.

¿Qué tan severa será esta adversidad? La naturaleza de “doble burbuja” —la inmobiliaria y la de crédito— del problema de fondo, sugiere que bien podría ser peor que la de 1990 o la de 2001.

Y algunos economistas muy respetados están haciendo terribles advertencias. Ha provocado gran alboroto un nuevo ensayo de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff que compara el caso de EU con el de otros países avanzados que han experimentado crisis financieras en los últimos años. Determinaron que el perfil actual de EU se asemeja al de las “cinco grandes crisis”, una lista que incluye, por ejemplo, la crisis sueca de 1991, que provocó que la tasa de desempleo se disparara de 2% a 9% en dos años.

Quizá tengamos suerte y eso no suceda. Pero, ¿qué podemos hacer para limitar los daños?

Desde septiembre, la Reserva Federal ha reducido su tasa de interés cinco veces, y todos esperan que la reduzca más. Las tasas de interés también fueron reducidas dramáticamente en las últimas dos crisis y, sin embargo, éstas perduraron de todos modos durante años.

Entretanto, el Congreso y la administración Bush llegaron a un acuerdo sobre un paquete de estímulos que ha sido muy publicitado. Sin embargo, el paquete, aunque es mejor que nada, probablemente no marcará ninguna diferencia notable en el problema, debido en parte a la insistencia de la administración y de los republicanos en el Senado de bloquear precisamente las medidas con más probabilidades de resultar efectivas, como extender el seguro de desempleo y la entrega de cupones para alimentos.

No obstante, para enero próximo la Casa Blanca tendrá un nuevo ocupante. Si la depresión económica continúa, lo que es probable, ello ofrecerá una oportunidad de considerar otras medidas más efectivas.

En particular, ahora sería un buen momento para pensar en la posibilidad de ir más allá de los recortes fiscales y la devolución de dinero, y estimular la economía con algo de muy necesitada inversión pública, digamos reparando la deteriorada infraestructura del país.

La usual palabrería en contra de usar el gasto público como una forma de estímulo económico es que tarda demasiado tiempo en funcionar, por lo que, para el momento en que el dinero comienza a fluir, la recesión ya terminó. Pero si éste resulta ser un declive prolongado, lo que parece bastante probable, eso no sería un problema.

Sin embargo, no obtendremos ninguna medida innovadora para ayudar al país a menos que el próximo presidente tenga un par de atributos clave.

Primero, él o ella no debe tener las anteojeras ideológicas que hacen que la actual administración y sus aliados rechacen ferozmente la idea de que el gobierno puede hacer alguna cosa positiva más allá de recortar los impuestos.

Segundo, él o ella debe conocer y estar interesado en la política económica. Los presidentes no tienen que ser sus propios economistas en jefe, pero sí necesitan saber lo suficiente como para tomar la recomendación correcta.

¿Tendremos ese tipo de presidente? Manténganse en sintonía.

 
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PERFIL
 
Sin duda, uno de los economistas más destacados del mundo. Autor de más de 18 libros y columnista estrella del New York Times, ha pasado toda su vida académica investigando y dando clases en Yale, Stanford, MIT y actualmente Princeton. Krugman escribe, según sus propias palabras, para incomodar a la gente. "Si una columna no genera inquietud al leerla, entonces el autor ha malgastado el espacio. Esto es particulamente cierto en economía, donde todos tienen fuertes puntos de vista, pero pocos se detienen a reflexionar sobre ellos".
 
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