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Zarpazo del ‘Tigrillo’
El mensaje ya no es el de aquel todopoderoso empresario que tenía en sus manos al Estado Para el gran público casi pasó de noche —porque se quedó en notas interiores de los diarios del pasado sábado y no alcanzó relevancia en la radio y la televisión— una poco usual declaración del presidente de Televisa, el señor Emilio Azcárraga Jean, quien al participar en un encuentro empresarial se quejó amargamente de que en México los gobiernos no defienden, como en Estados Unidos, a los empresarios y capitales locales. Pero además envió un mensaje que no parece casual: “No sé qué haya pasado en otras empresas, pero en Televisa, a nosotros no nos regalaron nada, nosotros hemos pasado por varias crisis, varios presidentes y varios políticos que sí han robado muchísimo dinero… en México lo que se dice es que no hay que apoyar a las empresas mexicanas, en todos los rubros, no sólo en televisión”. Y luego advirtió: “Lo que tenemos que entender todos, los legisladores y los empresarios, es de qué se trata la conectividad y la tecnología, porque todo mundo opina, pero tecnológicamente nadie conoce lo que hay detrás”. Hay que insistir que no se trata de una declaración común y corriente y que viene de uno de los más poderosos capitanes de empresa mexicanos. Por eso valen las interrogantes: ¿a quién se refirió el señor Azcárraga Jean cuando habló de que a Televisa no le “regalaron nada”, cuando se refirió a políticos “que sí han robado muchísimo”? ¿De qué hablaba cuando pidió a legisladores y empresarios, que entendieran la conectividad y lo que hay detrás, tecnológicamente? Primero hay que decir que el lenguaje utilizado por el Tigrillo no es usual en el empresario Azcárraga Jean, por lo menos no de manera pública. Por eso podemos suponer que al capitán de Televisa le interesaba “si y sólo si” que su mensaje llegara a un destinatario preciso. Y también está claro que los mortales de a pie no somos los destinatarios del mensaje de Azcárraga. De ser así, habríamos escuchado en los medios electrónicos retumbantes cabezas periodísticas: “Políticos ladrones: Azcárraga”. ¿Entonces por qué la queja y quién o quiénes son los destinatarios de la misma? Lo segundo que se debe aclarar es algo que todos saben, pero que parece que olvidó el señor Azcárraga. Presumió que a Televisa “nadie le ha regalado nada…”. ¿No? ¿En serio? Podemos buscar en la historia de Televisa, desde los tiempos brillantes de la W, y la conversión al monopolio de la televisión y recientemente al poderosísimo grupo que es Televisa, y veremos que el emporio que construyeron los integrantes de la dinastía Azcárraga no se entiende sin la complicidad de los gobiernos del PRI. Más aún, la supervivencia de los regímenes priístas se debió en buena medida a una inconfesable alianza que convirtió a Televisa en “soldado” de los presidentes del PRI en turno —lo que al mismo tiempo significaba el control total de los informativos—, en tanto que el monopolio recibía a cambio no sólo la mayor transferencia de dinero público —vía publicidad—, sino las garantías necesarias para consolidar al monopolio. Y apenas en el sexenio pasado, Televisa recibió todo lo que reclamó al entonces presidente Fox, empezando por el decretazo y terminando con la cuestionada ley Televisa, que finalmente fue echada abajo por la Suprema Corte. Pero si para el señor Azcárraga todo lo anterior quiere decir que a Televisa nadie le regaló nada, pues entonces hablamos de otro planeta. De regreso a las interrogantes planteadas, debemos entender que el señor Azcárraga Jean conoció los casos de políticos que “sí se han robado muchísimo”. Lo curioso del caso es que si cuenta con tan privilegiada información, por qué razón se niega a identificarlos: ¿quiénes son esos políticos, señor Azcárraga? Pero existe otra lectura de esta parte de la declaración del capitán de Televisa. En efecto, el tercero de los Azcárraga pudiera estar enviando un mensaje a políticos en activo, que tienen cola que les pisen. ¿Qué pasaría si Televisa revela un caso de corrupción? Tenemos enfrente ejemplos contundentes: el caso Montiel, que destruyó al ex gobernador mexiquense, y el de Bejarano, que destruyó al hombre fuerte del ex jefe de Gobierno. Lo más significativo, sin embargo, es que el mensaje de Azcárraga Jean ya no es el de aquel todopoderoso empresario que tenía en sus manos a los poderes del Estado, el que arrogante vimos apenas en los meses previos al 2 de julio de 2006. Y sí, luego de que la Corte echó abajo la ley Televisa, de que los senadores tienen bajo el brazo la iniciativa de nueva Ley de Radio y Televisión, y de que la televisión y la radio fueron echados de los procesos electorales —lo que le arrebató a los poderes fácticos de los medios electrónicos todo su poder sobre las instituciones del Estado—, el señor Azcárraga se siente desprotegido. Y no le falta razón al jefe de Televisa, ya que a pesar de todo el poder económico que tiene su grupo empresarial, la realidad es que se enfrenta a otro poder también descomunal, el de la arrogante partidocracia que todo lo somete. Con la nueva reforma electoral a Televisa le amputaron una parte fundamental de su poder político. Pero en la rebatinga no faltaron las amenazas de los partidos de que no se debía descartar la posibilidad de que se pudieran promover legalmente dos nuevas cadenas nacionales, incluso una extranjera. Pero hay más. Resulta que la guerra entre los grupos mexicanos por el llamado triple play —telefonía, internet y televisión—, será una batalla decisiva en los años por venir. Y si tomamos en cuenta que Televisa parece no tenerlas todas consigo, entonces se explicaría lo inusual de las declaraciones de Emilio Azcárraga. Y para sorpresa de todos, parece que nadie, entre los grupos políticos y menos el gobierno, acusaron recibo del zarpazo del Tigrillo Azcárraga. aleman2@prodigy.net.mx
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