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Jacobo Zabludovsky
11 de febrero de 2008

Hora de reconstruir

La primera víctima del divorcio de Felipe Calderón y Marcelo Ebrard ha sido el Centro Histórico.

Desde que el jefe de Gobierno le retiró el saludo, el jefe del Ejecutivo dejó en manos de Marcelo el hacer y deshacer en un espacio donde cohabitan los poderes nacional y citadino, sede de los dos gobiernos, orgullo de todos los mexicanos, patrimonio de la humanidad.

Hace un par de meses Ebrard logró retirar de la zona “A” del Centro a los vendedores callejeros posesionados de ella durante décadas. La hazaña asombrosa mereció el aplauso general. Una mañana se fueron todos, aparecieron fachadas ocultas, les llegó el sol a las banquetas, volvieron autos y peatones, recuperamos nuestra memoria. Ahora empezamos a descubrir parte del costo: los líderes de esos comerciantes recibieron en pago de su pacífica reacción, los derechos feudales sobre 16 inmuebles insustituibles, derribados de la noche a la mañana, entre ellos el más valioso y en estado de fácil rehabilitación: la Casa de los Camilos, en Regina 97, muestra singular, hermosa, de habitación contemporánea de palacios como el de los condes Santiago de Calimaya, actual Museo de la Ciudad de México. Un bulldozer arrasó la cantera que enmarcaba zaguán y ventanas, el tezontle tres veces centenario, la madera de puertas, balcones, vigas, pisos y techos, la herrería de barandales, los originales sistemas de agua y drenaje, las losas del patio, los tabiques de la azotea, algún lavadero de chiluca labrada, tal vez una alacena empotrada, aldabones, alcayatas, bisagras, hornacinas, braceros, anafres, altares y vidrios artesanales. Trescientos años. En tres horas, basura.

Para ocultar cuanto antes el crimen, van a cometer otro: se pretende construir ahí un mercado de varios pisos. Extraña precipitación. Pobre calle. Lo peor es la complicidad de las autoridades federales, porque la protección y custodia de todos los inmuebles del Centro Histórico, públicos o privados, de acuerdo con la Ley Federal de Zonas y Monumentos Arqueológicos, Artísticos e Históricos, es responsabilidad del presidente de la República, del titular de la Secretaría de Educación Pública y del director de Instituto Nacional de Antropología e Historia. Todos a una, Fuenteovejuna, mataron al comendador por omisión, tardanza, apatía o temor a empeorar su relación con el jefe capitalino que solicitó permisos de alterar esos inmuebles, pero nunca anunció su derribo. Cuando habían sido destruidos el INAH presentó denuncias ante la PGR, para justificar su existencia. Consumatum est.

Tal vez por eso, evitar la vergüenza pública, fue que se mantuvo casi en secreto la presencia en México de Eusebio Leal, historiador de La Habana, cargo equivalente pero con amplias facultades ejecutivas, al desaparecido de “cronista de la ciudad “, porque contrasta el amor y talento que ha permitido la conservación de La Habana Vieja con la agresión cometida contra nuestro Centro. A Leal se debe que centenares de casas en pésimo estado de conservación por medio siglo de penurias, sean hoy orgullo de los cubanos. Según El Financiero del miércoles pasado, único periódico en que leí esa nota, Leal participó en una conferencia que reunió a especialistas en la Sala Ponce de Bellas Artes, y dijo que “el patrimonio histórico no debe ser una losa pesada sobre las espaldas de los pueblos pobres, pero nos negamos a aceptar que para preservarlo deba ser vendido o privatizado, arrebatando no sólo el cuerpo, sino también el alma de nuestras naciones”. Hace tres o cuatro años busqué a don Eusebio en La Habana y tuve la suerte de que me invitara a un recorrido por el malecón y calles donde contrastaban, a propósito, casas deterioradas junto a otras restauradas que al día de hoy deben ser las más. Presente en la reunión de Bellas Artes, Alejandra Moreno Toscano, dijo, tras escuchar a Leal, “algo se aprende...fuera de lo que ya sucedió...no hay listas escondidas donde el Gobierno del Distrito Federal tenga contemplada la demolición de más inmuebles históricos”. La señora Moreno Toscano ostenta el novedoso cargo, creado para ella por el jefe de Gobierno, de autoridad del Centro Histórico.

El 1 de agosto de 2001 recibí una carta firmada por Vicente Fox: “En un marco de franco respeto y colaboración, he acordado con el C. Jefe de Gobierno del DF, Licenciado Andrés Manuel López Obrador, sumar esfuerzos para lograr la protección, restauración, rescate y revitalización del Centro Histórico de la Ciudad de México... Por ello hemos decidido constituir un Consejo Consultivo... me es grato invitar a usted a formar parte...”.

El 14 de agosto de ese año, en Palacio Nacional, tomamos posesión cuatro personas: el cardenal de México, un historiador de gran prestigio, el hombre más rico del mundo con raíces ancestrales en el Centro y un oriundo de la capital, habitante vitalicio del islote donde en 1325 los aztecas fundaron la capital de su imperio.

Terminaron los gobiernos de Fox y López Obrador y también nuestras funciones sin un adiós siquiera. Pero la designación de la señora Moreno Toscano nos hizo pensar, tontos no somos, que debíamos formarnos en la cola de los desempleados. La satisfacción nadie nos la quita: en menos de seis años vimos transformarse el Centro como nunca antes en su historia.

Siento que el esfuerzo se detuvo, que la intención y los propósitos ya no son tan claros. El desdén con que se ha querido justificar, a base de argumentos falaces, la destrucción de inmuebles coloniales no presagia cosas mejores.

Hace tres días, el viernes en EL UNIVERSAL, bajo el encabezado “Construirán fachadas neocoloniales” se informa: “La reconstrucción de las fachadas de... Regina 97 y República del Salvador 184 será decisión del INAH”, dijo Leticia Bonifaz Nuño, consejera jurídica del DF, y agregó: “Donde haya que diseñar fachadas lo vamos a hacer”. Fachadas, hágame el recanijo favor. Asistimos a la fundación de Disneytitlán.

Marcelo Ebrard está a tiempo de corregir y devolverle a la ciudad, y a costa de ellos, lo que funcionarios ineptos destruyeron. Hay planos, fotos, dibujos y testimonios para reconstruir al pie de la piedra la casa de Regina 97.

 
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PERFIL
 
Periodista y licenciado en Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades periodísticas en 1946 en Cadena Radio Continental como ayudante de redactor de noticieros. En 1950, al empezar la televisión en México, inició la producción y dirección del primer noticiero profesional de la televisión mexicana y desde entonces, ininterrumpidamente, dirigió y presentó tele noticieros hasta el 30 de marzo de 2000. Fue catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante 27 años dirigió y presentó el programa periodístico de televisión “24 HORAS” transmitido en red nacional por Televisa en la República Mexicana. Del 1º de septiembre de 2001 a la fecha conduce el programa "De una a tres” de Radio Red y "La 69" de Radio Centro.
 
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