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09 de febrero de 2008

A través de los años, el espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón ha evolucionado considerablemente; lejos han quedado los días en que se presentaban las clásicas bandas universitarias, con los flacuchos que no pudieron quedarse en el equipo...

...o en los que la agrupación Up With People animaba al público a cantar “Viva la gente”… ¡horror! Pero ahora todo ha cambiado. Tal vez, el momento más memorable fue cuando Justin “accidentalmente” puso al descubierto el caído pecho derecho de Janet Jackson durante el Súper Bowl XXXVIII. También ha destacado la participación de artistas ingleses en un programa netamente gringo, como Sting, McCartney y los Stones, a quienes habría que preguntar si entienden que no se trata del mismo deporte que practican el Manchester y el Arsenal (aunque seguro sospecharon algo cuando vieron salir a los jugadores con cascos y hombreras).

En su edición XLII, los encargados de aliviar la tensión durante 13 minutos fueron Tom Petty y sus Heartbreakers, quienes se presentaron sobre un escenario con forma de corazón, atravesado por la forma de una guitarra Flying V. El set de canciones consistió en “American girl”, “I won´t back down”, “Free fallin” y “Runnin down a dream”, estas tres últimas del álbum en solo de Petty, Full Moon Fever de 1989, con la brillante producción de Jeff Lynne que sigue brillando después de casi dos décadas, como el punto más alto en la colección musical del floridano.

Pero ésta no fue una presentación más, si tomamos en cuenta que el que presenciamos fue sin lugar a dudas el mejor Súper Tazón de la historia. En un entorno deportivo que definió el significado de “espectacular”, la banda sonora adquirió un nuevo sentido en el que se pueden hacer varias interpretaciones: previo al evento, se transmitieron algunas cápsulas en las que se podía ver a los Patriotas con “Runnin´ down a dream” como fondo musical; dentro de este contexto, el título de esta canción se entiende como “persiguiendo un sueño”, una alusión a la oportunidad para Nueva Inglaterra de conseguir por primera vez en la historia una marca de 19 victorias y 0 derrotas. No obstante, cuando terminó el partido y los Gigantes alzaron el trofeo, con la misma canción de fondo, su título adquiría otro significado; “atropellando un sueño”, el equipo neoyorquino había, literalmente, arrollado por el suelo al mariscal patriota, dejando a sus rivales con 18 victorias y una derrota gigante.

El nombre de Petty, Tom, es también el nombre del entrenador ganador, Tom Coughlin, veterano discípulo de Bill Parcells que, en su regreso a Nueva York, vería la gloria; Tom también es Brady, el mariscal del que tanto se habló durante la semana y a quien ya se estaba comparando con leyendas como Bradshaw y Montana.

Y qué decir del mote de la banda de Tom Petty: los Rompecorazones. ¿En qué otro Súper Tazón podría quedar mejor este calificativo? los menospreciados Gigantes se convirtieron en el equipo sorpresa más improbable de la historia —junto con los Jets de Joe Namath— al despedazar los corazones de los aficionados a los Patriotas, y mandar a la quiebra a los apostadores, al dejar en ridículo a los medios de comunicación negligentes que llamaron “poderosa” a la Conferencia Americana y “débil” a la Nacional. Hay que estudiar el primer capítulo de la historia del deporte: “no hay enemigo pequeño”.

Con este artículo se pone el punto final a una eufórica semana post-Súper Tazón.

Juanito el del Demo juanitoeldeldemo@gmail.com conduce Binario, el programa de rock, comics y videojuegos en Ibero 90.9, los jueves a las 21:30 horas.

 
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