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Sarkozy se casa antes de las municipales
A unas semanas de las elecciones municipales —que tendrán una importancia indudable como aceptación o rechazo del gobierno—, Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, se ha casado (la tercera). Pero sólo tres meses después de su divorcio con Cecilia. Actúa así, sin más, como un meteoro. Ha roto, cierto, con todas las hipocresías, pero su ritmo, énfasis y egocentrismo parecen romper la tradición cartesiana de la reflexión y la mesura. En un artículo anterior me permitía decir que “parecía ir delante de las cámaras de la televisión y no detrás”. Las cámaras, sorprendidas cada día, corren y corren. Los franceses que tenían el buen tino de distanciarse de la vida privada de sus políticos ahora, con Sarkozy, no pueden hacerlo porque, inevitablemente, cada acto de Sarkozy parece una provocación. Su ex, la famosa Cecilia, que proclamaba que no soportaba la fidelidad y lo probó con alguna fuga famosa, es dejada en la prehistoria de las costumbres tradicionales con el caso de la nueva esposa: Carla Bruni: cantante en euros y modelo en euros. Pertenece a una gran familia italiana. Su castillo en Castagneno Po, no lejos de Turín, revela que los Bruni Tedeschi están en el ghota de los industriales más poderosos del norte italiano donde Milán tiene, con el Club Milán, a Silvio Berlusconi como patriarca. Turín es el otro polo. Sin dejar de admitir que la casa que los Bruni poseen en la Costa Azul, en Cap Negre, sobre el mar, tampoco es de eludir como prueba de opulencia. Ricos, poderosos y amantes de las artes, Carla Bruni, dice en L’Express de París, “vivía como una princesa”. Cantante con éxitos notorios (según Le Figaro en el 2003 obtuvo regalías por un millón 100 mil euros), modelo prestigiosa, dominando varios idiomas y con 40 años, cumplidos el 23 de diciembre (53 Nicolás Sarkozy) y con idilios repentinos, Carla Bruni ha pasado a ser, en unos días, esposa del presidente y primera dama de Francia. La prensa, esquiva a esos trámites, ha sido integrada, sin más, en la marea mediática. L’Express hace una encuesta sobre el tema: “Carla Bruni, Enquete sur la femme qui dérange” (Encuesta sobre la mujer que perturba) y que se inicia así: “Ha modificado el curso del mandato presidencial con más fuerza que no importa que revisión constitucional. Hace vacilar la popularidad del jefe de Estado. Mañana será la ‘premiere dame’ de France. Cambio en el Elíseo, revolución de los modos políticos. ¿Cómo la ex mannequin y cantante se deslizará en los trajes de la tía Yvonne?”. Yvonne, todo hay que decirlo, fue la esposa serena, discreta, distante de honores y presencias, del general De Gaulle. Su biógrafa, Delphine Le Guay (Femmes de président) hace esta apología: “Cerca de su padre, capitán en la Primera Guerra Mundial y de su madre, enfermera mayor del hospital de Calais… tuvo sentido del silencio, la obediencia y la lejanía”. El ejemplo de la “tía Yvonne” parece un exceso y, acaso, otra provocación respecto no sólo a Carla Bruni, sino en orden a la misma ex Cecilia… Lo fantástico es que hasta Le Nouvel Observateur hace una encuesta, barbada, —reflexiva— entre famosos “moralistas”, “profetas”, “guardianes del orden republicano”, los “estigmatizados”, los “humillados”, los “rivales” (entre ellos el primer ministro de Chirac, Villepin, que aspiraba a ser presidente), los “epidérmicos”, los “monjes-soldados”… Quedan todavía sectores, pero me he quedado sin aliento. Con esa enumeración verán ustedes hasta dónde han llegado las cosas. Lo que realmente me extraña es que no se integre, en la encuesta, a los votantes que irán a las urnas, en las próximas elecciones municipales, en las aldeas tradicionales y en las grandes ciudades. Tampoco sabremos nunca lo que opinaría la “tante Yvonne”. Buenos días, si ello es posible. alponte@prodigy.net.mx
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