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    Agenda del debate
José Carreño Carlón
07 de febrero de 2008

Entre divisiones destructivas y unanimidades autoritarias

Un lastre en México y EU: la política de identidad, de clase, raza, género o patriotera

En crisis, la estrategia de AMLO de enseñar los dientes a sus oponentes

Parece clara una realidad extendida en México y en el mundo caracterizada por la existencia de una diversidad de opciones de consumo material, político, cultural, mediático o espiritual. En unos casos esto ha propiciado la dispersión e incluso la fragmentación de los grupos o de las fuerzas representativas de esas opciones. Y en otros casos ha generado la división y a veces la polarización de las sociedades entre dos grandes propuestas.

En estas condiciones tan proclives a la división suelen surgir paradójicamente pretensiones de imponer unanimidades, con la afirmación de la posición propia como la única correcta, justa o deseable y con la exclusión de las demás, supuestamente por incorrectas, injustas o indeseables.

Ejemplos ilustrativos de lo anterior aparecen en la agenda del debate público de esta semana.

Por una parte están los procesos electorales internos de los partidos políticos estadounidenses, presentes con intensidad en nuestros medios y en nuestras conversaciones cotidianas. (Con una diferencia: mientras en EU los resultados del “supermartes” electoral comparten titulares con la dramática entrada de su economía en recesión, en México sigue dejándose en segundo plano el desplome que ya acarrea a la economía de nuestro país la situación del país vecino.)

Pero por otra parte están los temas de la agenda mexicana que dividen hoy a los políticos de nuestro país. Y aquí aparecen las propuestas de una reforma energética, tema que uno de los bandos políticos pretende erigir en asunto de división nacional, de guerra prolongada, si bien hasta la fecha esta iniciativa no parece haber logrado pasar de las agendas de los partidos y de los medios a la agenda del público.

Respecto del tema estadounidense —establecido por los medios como parte de la agenda pública mexicana— es interesante saber que, según el editorial de ayer de The New York Times, los estadounidenses han dejado claro que están hartos de las divisiones partidistas y se muestran temerosos de sus riesgos.

De acuerdo con las motivaciones de sus votos, expresadas en las encuestas de salida de las urnas el pasado martes, los electores del Partido Demócrata hicieron ver que en el centro no hay un debate entre programas, sino que la llamada política de identidad —de raza, de género o de clase— preside peligrosamente la pelea entre Barack Obama y Hillary Clinton. Mientras que en el bando republicano, la extrema derecha está tratando de herir de muerte a su puntero, el moderado John McCain, con la política de identidad basada en apelaciones patrioteras de nación y de partido.

Apelación patriotera México-EU

El Times expresa su temor de que en los siguientes meses —de aquí a la definición de las candidaturas en las convenciones de cada partido, en agosto y, finalmente, a la elección presidencial de noviembre— los actores políticos seguirán mostrando sus dientes de pelea y atacándose a morir, dejando al país más dividido de lo que le deja la actual presidencia de W. Bush.

A partir del antidemocrático punto de partida de su campaña —el de su victoria inevitable— es sabido que la pareja Clinton fue la que primero abrió fuego contra Obama en el momento en que el crecimiento del aspirante negro desafió aquel arrogante punto de partida. El problema es que los ataques de los Clinton echaron en contra de su campaña una impresionante cantidad de primo-votantes, jóvenes en los que Obama despertó la disposición de acudir a las urnas por primera vez, y quienes anticipan ahora, en mensajes al NY Times, que no se molestarán en acudir a votar si el candidato del Partido Demócrata no es el propio Obama. Esto, en respuesta al pronunciamiento del diario neoyorquino a favor de la esposa del ex presidente. No es así como funciona la democracia, reprende el Times a los jóvenes obamistas.

Para complicar más las cosas, del lado republicano la ultraderecha se monta en otra expresión de la política de identidad, la expresión patriotera, que (con la política de identidad de clase, raza o género) se erigen en lastres del desarrollo político cuando tienden a polarizar a las sociedades a favor de esos valores, excluyendo los valores compartidos en el marco de los intereses generales que cruzan los valores de las identidades.

Y esto vale para Estados Unidos y para México.

Pero hay una complejidad adicional en este debate: mientras en Estados Unidos es la derecha radical la que abraza la causa patriotera para descalificar como traidor a McCain —por no compartir las más rudas políticas de defensa de la integridad de la patria— en México es una autoproclamada izquierda radical la que postula la política de identidad patriotera para calificar como traidores a la patria a quienes no comparten sus particulares ideas sobre la forma de manejar la industria petrolera nacional.

Enseñar o pelar los colmillos

Con miras a monopolizar la candidatura a la Presidencia de 2012, el candidato presidencial derrotado en 2006, Andrés Manuel López Obrador, parece transitar de la pretensión autoritaria de someter a la unanimidad a todas las corrientes de su partido, a la división autodestructiva del propio partido. Es el paso —en efecto— de la pretensión de imponerles la unanimidad a los legisladores del PRD para que lo secunden en la empresa de evitar por cualquier vía la aprobación en el Congreso de una reforma energética, a la pretensión de excluir del partido a todo aquel que cuestione las posiciones del caudillo.

No otra cosa parece significar la exigencia del candidato de AMLO a presidir el PRD, Alejandro Encinas, a “que se busquen otro espacio” quienes dudan de la fuerza del extraparlamentario Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo que encabeza López Obrador. No fue remota la alusión de esa frase al candidato de Nueva Izquierda a la presidencia del partido, Jesús Ortega, quien anunció la creación de un paralelo y parlamentario Comité de Defensa del Sector Energético, y quien a su vez aludió los actos del movimiento extraparlamentario como “cañonazos al aire”.

AMLO y sus seguidores más fieles anuncian que su movimiento contra la simple discusión de una reforma energética en el Congreso desatará una respuesta de crisis y división nacional que hará palidecer su “resistencia civil pacífica” que violentó y bloqueó por largas semanas la vida de la ciudad de México en rechazo a los resultados electorales de 2006.

Pero en la medida en que no parece haber visos de que esa pretensión pase de la agenda de AMLO a la agenda pública, todo parece indicar que ha entrado en crisis la estrategia del ex candidato presidencial de mostrar los dientes en son de guerra a quienes ha erigido en traidores: sus oponentes en su propio partido y sus enemigos en el Ejecutivo y el Congreso, así como los medios, “aliados a los traidores”, a los que ahora demanda espacios para continuar su guerra por esos mismos medios.

jose.carreno@uia.mx

 
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PERFIL
 
José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

 
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