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Germán, Mouriño y el sombrero ajeno
La Segob es una posición insaciable, que se traga a aquellos que creen que se pueden servir de esa alta responsabilidad En las primeras elecciones de 2008, el PAN de Martínez Cázares dio muestras alarmantes de que no existe Apenas en horas recientes, los dos “hombres del Presidente”, los señores Juan Camilo Mouriño y Germán Martínez Cázares, nos enseñaron los dos lados de la contradictoria moneda azul. Sin pudor alguno, el primero —el galán del gabinete, como motejó al señor Mouriño una conocida revista del corazón— “saludó con sombrero ajeno” y hasta se aventó la puntada de una frase que parece aventurada, si no es que temeraria y hasta irresponsable: gracias a las acciones contra el narcotráfico, “ya debilitamos al crimen organizado”, dijo, luego de presidir una reunión del Gabinete de Seguridad Nacional. ¿Cómo debemos entender la declaración del señor Mouriño? Una lectura puede ser que, en efecto, el de la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico es logro importante del gobierno del Calderón. De esa manera, y en el supuesto de que ese sea el mensaje, entonces las medallas no le corresponden al nuevo secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, que no ha cumplido ni un mes en el cargo. Y si el mérito no es de Iván, ¿entonces de quién es? El sentido común indicaría que entonces los antecesores del señor Mouriño al frente de Gobernación no eran tan malos, como para que a menos de un mes de ocupar la casona de Covián Juan Camilo presuma, con la contundencia con que lo hizo, los logros alcanzados por el gabinete de seguridad en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. En realidad lo que “campechanamente” presume hoy el casi campechano no parece más que el saludo con sombrero ajeno. Es decir, si es tan bueno lo que hoy se hace en materia de persecución del narco, entonces lo que se hacía hasta hace menos de un mes no era tan malo. Pero también debemos reconocer que el asunto tiene una buena dosis de coherencia política. ¿Por qué? Pues porque luego de que su salida de Los Pinos se nos vendió a todos como el gran cambio de timón —en donde operaba a placer, sin reglas formales y menos responsabilidades oficiales—, y de que su llegada al frente de la Secretaría de Gobernación se ofreció a los ciudadanos como la llegada del mesías, cualquiera estaría urgido de resultados. Y en efecto, en forma muy parecida a lo ocurrido durante el gobierno de Ernesto Zedillo, en los tiempos de la unción de Emilio Chuayffet como responsable de Gobernación, el señor Mouriño llegó como el tocado por la mano divina, y debe ofrecer, ahora sí, resultados tangibles, aunque éstos no hayan sido cosechados ni por su trabajo directo y menos por el de sus colaboradores. Como quiera que sea, lo cierto es que los primeros pasos de la gestión de Juan Camilo al frente de Gobernación dejan ver con mucha claridad que es un servidor público que ya está viendo la puerta de salida, la posibilidad de transformarse en precandidato y luego en candidato presidencial adelantado, antes que olvidarse de la construcción mediática y convertirse en un hombre de Estado. La Secretaría de Gobernación, todos los políticos profesionales lo saben —y hacemos énfasis en los profesionales—, es una posición política insaciable, que se traga completos a aquellos que creen que se pueden servir políticamente de esa alta responsabilidad. Pero si existen dudas de que “el guapo” del gabinete sigue los pasos del mexiquense Chuayffet, y del hombrecito Creel —al querer convertir esa secretaría en la feria de sus vanidades—, basta con hacer un contraste de su desempeño con el de su colega de equipo, el nuevo jefe nacional del PAN, Germán Martínez, quien paga los platos rotos de la desastrosa gestión de su antecesor al frente de Acción Nacional. En las primeras elecciones de 2008 —por no mencionar las de 2007, en las que el PAN resultó apaleado—, el PAN de Martínez Cázares no sólo no pintó en la contienda electoral —en las municipales de Quintana Roo y Baja California Sur—, sino que dio muestras alarmantes de que no existe. Y un partido político que no existe, cuando es el partido en el gobierno, es lo más parecido a un gobierno que no existe. Bueno, el señor Martínez Cázares “apechugó”, tragó sapos y serpientes y hasta guardó silencio —en seguimiento a la máxima de que en política y frente a la derrota los que se quedan callados “se ven más bonitos”—, cuando bien pudo haber dicho que la derrota se debió al muy mal trabajo político de su antecesor. Se confirma que la victoria tiene muchos padres y hasta mucha madre, pero la derrota es huérfana. Pero lo verdaderamente interesante es que cuando el PAN es gobierno federal por segunda ocasión consecutiva, cuando el principal partido opositor al PRI logró echar a los tricolores y quedarse con el poder presidencial, en las bases, en los pueblos, municipios y estados, el PAN ya no existe. ¿Dónde quedó el fenómeno Fox? ¿Dónde quedó esa mística de la doctrina azul que producía triunfos en los municipios más impensables y los pueblos más apartados? Todo eso se acabó. Por lo menos una señal clara de ello es que en Quintana Roo y en Baja California Sur, las victorias electorales más significativas hayan sido las del PRI y el PRD, y que incluso en la península el partido de la profesora Elba Esther Gordillo, Nueva Alianza, se haya convertido en la segunda fuerza electoral. El contraste que vemos entre los dos “hombres del Presidente” nos deja ver con mucha claridad —como dicen los clásicos— “de qué lado masca la iguana”. Y sí, la reproducción de una película que ya vimos en ese partido. La lucha entre el poder mediático, de la imagen y la popularidad, contra el operador del partido. Al tiempo. En el camino Bien por Andrés Manuel López Obrador, cuando pide a la televisión que se abra para el debate de la reforma energética. Pero el problema no es sólo ese, sino que el tema se traslada al nivel de la credibilidad. ¿Quién, más allá de sus fanáticos, le cree que le interesa el petróleo? En la historia de AMLO, todos saben que ha usado a Pemex, en más de 20 años, para construir su popularidad. Ya está bueno de engaños, de tomarnos el pelo. ¿O no? aleman2@prodigy.net.mx
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