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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
03 de febrero de 2008

Sólo restan 11 meses para hacer reformas de gran calado

En 2009, veremos el regreso del PRI y el retroceso del PAN y PRD

Frente a una realidad aceptada por todos —la de que 2008 será un año clave para la vida política mexicana—, ahora lo interesante pareciera descubrir cuál será el papel de los tres grandes partidos políticos, sobre todo porque el reacomodo resultante de julio de 2006 —que llevó al PRD a la segunda posición y al PRI al tercer puesto, pero como fiel de la balanza—, con toda seguridad no se repetirá en 2009 y, para entonces, otro será el escenario.

De manera insistente hemos dicho aquí que esa “carambola de fantasía en que terminó” la polarizada elección de aquel año, es lo más parecido a un alineamiento astral, ya que de golpe y porrazo, la derecha y la izquierda mexicanas se colocaron como las dos más importantes e influyentes fuerzas políticas del Congreso, en tanto que el PRI cayó al tercer sitio. Sí, pero cayó parado. Y es que como en pocas ocasiones, su papel de mediador y también de “puente” entre la polarización de la derecha y la izquierda fue su salvación.

Pero para tratar de entender el papel que podrían jugar en los cambios por venir los tres principales partidos, vale la pena entender del proceso del que vienen, y lo que existió antes de julio de ese 2006, que por cierto fue otro inédito.

Los azules

El Partido Acción Nacional llegó a julio de ese 2006 no como la fuerza política que en su primera oportunidad de acceder al poder había ensayado todo aquello por lo que luchó durante seis décadas, sino como un cadáver que había sido “vaciado” de sus nutrientes fundamentales, por un “bulto político” del que todos se enamoraron en su momento, y de quien todos renegaron al terminar su patética experiencia. Sí, nos referimos al señor Vicente Fox.

A muchos se les olvida hoy que el PAN llegó a esa contienda de 2006 inmerso en una de las divisiones más severas de su historia, ya que el político que “asaltó” al partido y que lo despojó de su primer triunfo electoral no sólo pretendió imponer a su sucesor —a Santiago Creel—, sino que se encargó de edificar a sus propios adversarios: a Andrés Manuel López Obrador y a Roberto Madrazo.

Y no, no se trata de un juego de palabras. Si revisamos con cuidado los movimientos políticos rumbo a la elección de 2006 en el gobierno foxista, veremos que el guanajuatense fue el creador de los tres grandes mitos que se debió enfrentar todo aquel que aspiraba a la Presidencia de la República. Sí, Vicente Fox fue el mayor promotor de las campañas electorales de Andrés Manuel López Obrador —con el caso del desafuero—, de Santiago Creel —a quien pretendió imponer desde la Secretaría de Gobernación—, y de Roberto Madrazo, a quien Vicente Fox le creyó ingenuamente.

Esa situación, como todos saben, produjo un rompimiento en las filas de los azules y un proceso electoral adelantado, del que resultó beneficiado Felipe Calderón Hinojosa, el michoacano heredero del panismo tradicional, que en la más descabellada de las decisiones políticas se lanzó contra Fox y contra todo el aparato del gobierno. Si hacemos una revisión sensata de la memoria, podríamos concluir que eran muy pocos los que en su momento creían que el señor Felipe Calderón pudiera ser candidato presidencial, ya no resultar ganador de esa contienda que se anunciaba como una de las más peleadas en la historia. ¿Qué fue lo que pasó?

Casi nada, que Fox hizo el milagro de unificar al PAN doctrinario, pero en su contra, y, en consecuencia, contra su candidato presidencial. Ese fue el factor que hizo ganar a Calderón la candidatura. Pero ya en la contienda presidencial, es muy difícil encontrar a un experto que acepte que Felipe Calderón ganó la contienda por sus méritos y cualidades. Sin duda que se llevó una ligera mayoría de votos, pero tampoco nadie puede negar que más que un triunfo de Calderón, en realidad lo que vimos fue una derrota de Andrés Manuel López Obrador.

Por esa combinación de factores y por el escándalo posterior a la elección, el gobierno de Felipe Calderón inició su periplo con serios problemas de legitimidad y con muy graves síntomas de ingobernabilidad. Calderón había sido discípulo privilegiado de uno de los más reconocidos estrategas del PAN —no sólo por sus habilidades y talento, sino por su pragmatismo—, Carlos Castillo Peraza, de quien aprendió que en política nadie gana todo y nadie pierde todo.

Por eso, de inmediato, al arranque mismo de su gobierno, pactó con el PRI —lo que significó la continuación de una alianza que nació con Carlos Salinas en 1988—, y entregó lo que le pidieron, a cambio de reformas y apoyos que, en el fondo, pareciera que son el pavimento sobre el que regresará el PRI al poder presidencial.

Los tricolores

El PRI llegó al nuevo gobierno como el partido político más lastimado, al que muchos electores dieron la espalda, luego de una feroz pelea en la que otro tabasqueño, Roberto Madrazo Pintado, primero asaltó la dirigencia del PRI, y luego se impuso como el candidato presidencial. La experiencia desdibujó al PRI, que muy pronto fue visto en la contienda presidencial como el seguro derrotado. Ese fenómeno hizo que muchos votos del tricolor saltaran en dirección del PRD, por un lado, y en apoyo al PAN, por el otro.

Pero el PRI, más allá de los resultados de 2006, es mucho más que un hombre, un dirigente o un gobierno. Y esa fuerza —que lo ha convertido en una suerte de federación de gobiernos estatales pintados de tricolor—, lo edificó como un sólido puente entre el PRD agraviado y el PAN debilitado. La polarización político-electoral y el enojo social se atenuaron en ese amortiguador que fue el PRI, un partido que de pronto lo mismo se aliaba al PRD para obligar al PAN a ceder, que se sumaba al PAN para hacer que el PRD entrara a la ruta de los acuerdos.

En tiempos en que para los amarillos es un “pecado capital” aliarse a los azules, y que para los azules resulta sacrílego sumarse a los amarillos, la policromía del PRI regalaba los matices para toda ocasión. Lo curioso es que sin el PRI, el PAN no puede hacer nada, o muy poco. Pero igualmente, el PRD tampoco puede hacer nada sin el PRI. Pero los tricolores parecen haber aprendido que los plazos fatales en las alianzas no son más que grilletes, y como en botica, tiene para todos.

Y por supuesto que todos buscan al PRI, procuran a sus dirigentes, los escuchan, pactan, acuerdan y negocian con ellos. Y al final, como ya lo dijimos líneas arriba, pareciera que asistimos a una competencia entre la derecha y la izquierda para determinar cuál de los dos extremos de la polarización le sirve más al PRI para su regreso a Los Pinos.

Los amarillos

Pero el fenómeno más significativo, sin duda, fue el de Andrés Manuel López Obrador, un político aldeano y populista, cuyo carisma lo llevó a las alturas del poder, y que se adueñó de la candidatura presidencial de los amarillos gracias no a sus dotes de hombre de ideas, sino por ser el más popular. Y esa popularidad se la dio una suerte de graciosa concesión de Vicente Fox. Es decir, que al lanzar su campaña persecutoria contra AMLO, el guanajuatense lo convirtió en símbolo.

Pero el problema para AMLO vino después. En realidad no le ganó Calderón la elección de julio de 2006, y tampoco le ganaron la “mano” divina que a través de todos los perversos le robaron la elección. No, le ganó la soberbia, su aldeanismo, que lo hicieron creerse indestructible, infalible, iluminado, poseedor ya no de la verdad absoluta, sino de la única verdad, y que lo mostraban ante los atónitos ojos de los mexicanos pobres, como el mesías redentor.

La del 2 de julio de 2006 en realidad sólo fue la primera de las grandes derrotas del tabasqueño. La segunda en importancia e impacto, fue la derrota en el Congreso. ¿Qué quiere decir eso? Que en otro de sus interminables errores de cálculo, dejó en manos de sus adversarios, Los Chuchos, el control de la hoy numerosa bancada de diputados y senadores del PRD. Es decir, que si Obrador hubiese tenido la mayoría de lugares en el Congreso, no habría habido reformas fiscal, al ISSSTE y electoral…

Más aún, si en la próxima contienda por la dirigencia del PRD nacional ganan Los Chuchos, es muy probable que salga adelante la reforma energética que propondrá tarde o temprano el gobierno de Calderón. Y no, que nadie se equivoque. Eso no quiere decir que Los Chuchos pretendan sumarse a una eventual reforma de esa naturaleza —acaso no se sumarán de manera pública a ninguna propuesta, porque aún les pesa la losa que de traidores les colocó AMLO—, pero tampoco convertiría al PRD en instrumento para una lucha personalísima como la de López Obrador.

Por lo pronto, nadie sabe hoy lo que pasará el domingo 16 de marzo, cuando los amarillos elijan a su nuevo presidente. Pero lo que todos saben es que no tarda mucho para que se desate la guerra sucia en el interior del propio PRD. ¡Sí! Esa guerra sucia de la que tanto se quejaron, de la que se valieron para callar ciertas voces. ¿Qué se juega en el PRD, para que las guerras lleguen a ese nivel? No es poca cosa, ya que ese partido ya vale gobernantes del DF, de otras entidades, la segunda posición en el Congreso y mucho dinero de prerrogativas. Eso es lo que pelean, lo demás no es más que palabrería.

Alianzas y traiciones

Pero en 2008 es muy probable que aún veamos reformas como la energética, la laboral y la de seguridad, además de que también es muy probable que reaparezca la Ley de Radio y Televisión, luego del fallido sainete de la ley Televisa.

En el primer caso, el de la reforma energética, la apuesta puede ser de doble contra sencillo, a que el PRD no votará ninguna propuesta, por convincente que resulte. En ese caso, caminarán solos el PAN y el PRI, pero luego de una profusa campaña para hacer creer a los ciudadanos que la reforma que aprobarán PAN y PRI, es algo así como la panacea.

En el caso de la laboral, es probable un acuerdo con algunos sectores del PRD, sobre todo si los cabilderos del gobierno y del PRI entregan la ley de Radio y Televisión al PRD, a cambio de que se sume a la reforma laboral. ¿Suena descabellado? Puede ser, pero el tiempo colocará a cada quien en su sitio. La reforma de seguridad fue vetada por los diputados, más por razones políticas que por que se trate de una mala reforma. En efecto, contiene elementos que deberían ser corregidos, pero en el fondo, a los señores de la política les parece que es poco lo que ofrece el gobierno a cambio de su anuencia.

Lo interesante del caso es que esa correlación de fuerzas que hoy se impone en el Congreso podría trastocarse de manera radical. Sí, es muy probable que en las elecciones de julio de 2009, cuando sean electos los 500 diputados federales. Vamos a un ejercicio básico. ¿Podrán mantener PAN y PRD la votación que alcanzaron en 2006? Seguramente no. Son muchos los indicios de que su presencia en San Lázaro resulte a la baja, quizá más entre los amarillos que los azules. ¿Por qué?

Porque el fenómeno AMLO ya tocó techo y va en caída. Y porque nos guste o no, el PAN es gobierno a nivel federal, y el panismo sigue vivo. También es probable que en el Distrito Federal retroceda el voto a favor de los amarillos y se incremente aquel que beneficia a los azules o los tricolores. En ese caso, la razón es bastante clara. El asunto del impuesto predial se convirtió en un verdadero robo a mano armada y en despoblado. Sectores importantes de la clase media capitalina se dice agraviada por ese impuesto que, todos saben, va a parar a las campañas clientelares que impulsa Marcelo Ebrard.

Y bueno, con un PRD achicado, con un PAN disminuido, y con un PRI al alza, las cosas serán distintas. ¿Quién impondrá condiciones? Está claro, ¿o no?

En el camino

El ex priísta reputado, Arturo Núñez, quien ahora trabaja como presidente de la Comisión Técnica del PRD —el árbitro de la campal en que se ha convertido la pelea por la dirigencia nacional de los amarillos—, se aventó la puntada de declarar que “procurará que no haya fraude o división en el PRD”. ¿En serio? ¿Y cómo va evitar que no haya fraude, si por todos lados aparecen evidencias del cochinero?

Pero ese puede ser el menor de los males. Lo que de plano resulta de risa, es que los señores del PRD hayan aceptado que un hombre que durante el salinismo se encargó de operar alguno de los grandes fraudes del PRI, no pocos de ellos contra el PRD, hoy sea el árbitro de la contienda para renovar al partido amarillo y salga con declaraciones como la ya expuesta. Y es que en las casas de juegos de la política —que no son otra cosa que los centros de mala muerte que todos conocen como comederos políticos—, todos apuestan a que habrá otro escándalo, y que también ahí el jefe de Alejandro Encinas dirá que hubo fraude. Y sí, siguen las apuestas. Por cierto, no se apuesta a un ganador, sino a un nuevo escándalo de los amarillos.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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