Buscar en:
  
   
    México y el mundo
Juan María Alponte
01 de febrero de 2008

Kenia: etnias, elecciones y Freud

Mi primer contacto con Kenia fue, hace muchas décadas, con Jomo Kenyatta, que sería, después, la figura política más destacada del país (36.6 millones de habitantes y 650 dólares per cápita al año) y que escribió un libro que me maravilló: Al pie del monte Kenia. Hijo de la etnia de los kikuyos, que hoy sufre las consecuencias de la guerra civil, sangrienta, desencadenada después de unas elecciones sin el IFE y ya saben lo que nos costó.

Digo que me maravilló el libro porque relataba la aparición de los misioneros ingleses con la cruz y los fusiles. Los misioneros, dice Kenyatta, se escandalizaron al ver las libertades sensuales (en ese clima) de los kikuyos que, medio desnudos, se tomaban muchas opciones. Menos la penetración que era tabú (véase a nuestro barbado Freud) y, en caso de realizarse, significaba la expulsión de la tribu. En consecuencia, el equilibrio, clima y “tabú”, establecían el equilibrio.

Los misioneros, con los ojos detrás del cogote, condenaron esas costumbres y lo que pasó, pasó: que se perdió el sentido de la prohibición o tabú y se destruyeron las formas básicas de contención.

En uno de los juicios que tuviera Kenyatta con los colonizadores británicos no pudo decir nada más que esto (no lo que había padecido con el fin del tabú de la penetración) “que no sabía cuándo nació”. El fiscal, en nombre de la Corona, dijo tener mejor información: había nacido en 1893. Pudo estudiar en Inglaterra y ser, como antes señalé, la figura histórica de la descolonización.

Ahora, en nuestros días, un elegante africano, que fuera secretario general de la ONU, ha llegado a Kenia y ha logrado reunir, ante él, al presidente Mwai que dice que ha ganado las elecciones y al líder de la oposición, Movimiento Democrático Orange, Raila Odinga, que dice no haberlas perdido. El resultado es la remontera de la sangre, un cuarto de millón de personas desplazadas, lo que es un inmenso drama humano y, al tiempo, un proceso de depuración étnica que desde 1948 se denomina “genocidio”. Esta palabra significa la decisión de hacer desaparecer a un pueblo. La palabra la acuñó, en 1944, el profesor de Derecho Internacional, Raphael Lemkin que se basó en dos palabras: una derivada de una raíz griega (xenos o genos que significa “raza”) y la otra de origen latino (coedere, que se traduce como “matar”). En suma, genocidio es la decisión de hacer desaparecer a un pueblo y no a un grupo político determinado. En este caso el conflicto electoral ha derivado en un genocidio contra los kikuyos que tienen posiciones poblacionales cerca de la capital (Nairobi) y en la extensa zona de Kamba donde, en otro tiempo, Jomo Kenyatta creó su partido: el Kenyan African Nacional Union, mientras las autoridades británicas le tenían en la cárcel.

En Kenia, como en otros países africanos, todavía duran las secuelas de la descolonización y los conflictos entre etnias no superados por un nuevo consenso. El proceso ha ido mal y lo prueba, todavía, el altísimo índice de mortalidad infantil y la alta tasa de nacimientos. Todavía el 2.7%. Recuérdese que México crecía demográficamente al 3.2% en los años 70 y, hoy, nos acercamos ya a promedios europeos. En suma, pronto estaremos ya en el 0.5% y ya, hoy, por debajo del 1%.

En consecuencia, la esperanza de vida de un keniano (que ha perdido, además, la vieja manera de ser comedido por vía del “tabú”) es de 54.1 años, casi 20 años menos que un mexicano. Éste no sabe, eso sí, si tendrá pensión al final de su vida o si, con ella, podrá vivir. Cosa que no ocurrirá a un noruego que, con el petróleo, ha creado un Fondo de Pensiones para las próximas generaciones. En suma, Kenia hace frente, con los votos, al paroxismo trágico de la guerra de etnias. Pretexto para desvivir. Lucha de poder.

alponte@prodigy.net.mx

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
Columnas anteriores
 
Italia, sin el “compromesso storico” 2008-01-31
 
Con todo respeto, ‘mister’ Bernanke 2008-01-30
 
Carolina del Sur: no negros y blancos 2008-01-29
 
A la vera del bicentenario independentista 2008-01-27
 
México y el Informe del Foro Económico 2008-01-25
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL