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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
01 de febrero de 2008

Energía y TLC: el ajedrez

En los diálogos de los centros de poder para preparar la reforma energética se ha pedido absoluta discreción

La movilización de ayer es parte de una disputa de poder; sus autores intelectuales apuestan al fracaso de Calderón

Cuando el poderoso grupo de los tres negociaba la reforma electoral —el G-3 lo integran legisladores de PAN, PRD y PRI en el Congreso—, los jefes de esos partidos no sólo diseñaron la estrategia para decapitar y someter al IFE, sino que ocultaron a los ojos y los oídos de la sociedad en general que de última hora sacarían una carta escondida, que resultó toda una bomba.

En efecto, nos referimos a la iniciativa que el G-3 “sacó de la manga” para que el poder mediático de la televisión y la radio quedara fuera de los procesos electorales. Y sin duda la jugada les salió “redonda” a los jefes de los tres partidos, que le dieron un impensable “palo” a los medios electrónicos, sin que los poderosos capitanes de la televisión y la radio pudieran reaccionar a tiempo.

Cuando preguntamos a los barones de PAN, PRD y PRI la razón por la que escondieron hasta el último momento la decisión de sacar de los procesos electorales a los medios electrónicos, la respuesta fue bastante simple: “Porque de no seguir esa estrategia, los medios nos comen, aplastan la reforma y no sale nada”.

Y en efecto, aun con el poco tiempo que tuvieron para reaccionar, los concesionarios de la radio y la televisión estuvieron a punto de derribar la reforma.

La historia viene a cuento porque resulta que en el caso de la reforma energética que viene parece que PAN y PRI están dispuestos a seguir por la misma ruta de ocultar a los ojos de la sociedad en general la parte dura de los acuerdos que han alcanzado. Y es que le podemos decir que en los diálogos que se llevan a cabo entre distintos centros de poder político y económico para preparar la reforma energética, se ha pedido absoluta discreción a las partes. Incluso, no existen documentos en circulación, ante el riesgo de las filtraciones.

Y por supuesto que no faltan las dudas de rigor frente a la estrategia seguida: ¿por qué acordar en lo oscurito? ¿Qué es lo que ocultan? ¿Acaso los ciudadanos somos retrasados mentales como para no entender lo que negocian? Pero además de las anteriores interrogantes, tampoco se debe desechar la posibilidad de que los estrategas de PAN y PRI pretendan “enfriar” la discusión, no exhibir de manera pública sus cartas, para no dar tiempo a la reacción de los adversarios o de la sociedad, y en general para no lanzar combustible a un debate que ya subió a los titulares mediáticos.

Por lo pronto, es un hecho que los estrategas del gobierno, del PAN y el PRI, trabajan en una estrategia mediática para combatir, desmentir y revertir el impacto del estandarte del PRD: el de “la privatización de Pemex”. Ayer le decíamos que en buena medida la reforma que viene se resolverá en los espacios de los estrategas mediáticos, en la capacidad de las partes para convencer o no a sus clientelas sobre la bondad de sus banderas y la maldad de las del adversario.

Está claro, por lo demás, que PAN y PRI no van por la reforma constitucional, sino por cambios a la legislación reglamentaria. Esa situación tiene una vertiente de la que poco se habla y que facilita el trabajo legislativo. Es decir, que para reformar las leyes reglamentarias en materia energética sólo se requiere la mayoría más uno en el Congreso. Y esa mayoría la consiguen fácilmente PAN y PRI.

Frente a esa situación, queda claro que una estrategia fundamental en el proceso que desembocará en la reforma energética se apoyará precisamente en el convencimiento ciudadano de las “bondades” de la reforma, por un lado, y de las perversidades de la misma, por el otro. La guerra mediática, de buenos contra malos, de polarización social y de traidores y patriotas, estará en el centro de la reforma.

Por lo pronto, en el Distrito Federal vivimos ayer una probadita de la capacidad que pueden desplegar los opositores a que se hable siquiera de rescatar Pemex. Por supuesto que la movilización de ayer en la capital del país fue un acto de protesta contra el TLC —por la entrada en vigor del capítulo agrícola—, y que está lejos de tener un parentesco con la reforma energética. Sin embargo, sí es un termómetro para medir la vigencia de las habilidades y la capacidad de movilización de sectores sociales que, independientemente a lo que resulte de la reforma energética, se manifestarán contra todo lo que venga del gobierno de Calderón, del PAN o del PRI.

Y es que la eventual aprobación de una reforma energética sería un sonado triunfo para el gobierno de Felipe Calderón —quien deberá pagar caro a sus aliados—, y de lograrse la reforma significaría una severa derrota para la llamada izquierda mexicana y en especial para el PRD, que ve en Pemex una de sus identidades fundacionales. En sentido contrario, si la reforma energética fracasa, el triunfo sería para el señor Andrés Manuel López Obrador, verdadero artífice de la movilización de ayer y de las que vienen.

Al final de cuentas, la movilización de ayer y las manifestaciones previsibles por la reforma energética son parte de una disputa de poder, en la que los autores intelectuales le apuestan al fracaso del gobierno de Calderón, mientras que el gobierno de los azules le apuesta a ganarle la partida a los amarillos desde el ejercicio del poder.

Por eso, el gobierno de Felipe Calderón no puede permanecer ajeno a la demostración de fuerza de ayer y menos puede ser insensible a las demandas planteadas por los manifestantes. El gobierno de Calderón debe reaccionar rápido y de manera efectiva si no quiere perder el control de lo que asoma como el conflicto más serio que enfrenta en el segundo año de gobierno.

En el camino

Por cierto, luego de la manifestación de ayer, y de las públicas expresiones de repudio al titular de la Sagarpa, Alberto Cárdenas, se insiste en que el secretario de Estado renunciará en cualquier momento. Y claro, se mantiene en su cargo sólo por la demostración de fuerza que hace el propio presidente Calderón. Y será el sereno, pero el señor Cárdenas ya es sacrificable.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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