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    Agenda del debate
José Carreño Carlón
31 de enero de 2008

Sin invasión de maíz pero con invasión de marchas anti-TLC

Ni una mazorca de más pasó la frontera al primer mes de la apertura y ni quién lo sepa

El agarre de pierna de AMLO le está resultando más caro que su “cállate, chachalaca”

Hoy, último día de enero, seguiremos —como ayer— padeciendo la invasión de la capital de la República y de otras ciudades. Marchas de personas, de ganado y de maquinaria agrícola continuarán proclamándose contra la apertura comercial que incluyó el maíz entre los productos agrícolas liberados para su importación, a partir del primer día de este mismo enero.

Pero hay un problema para la retórica derrotista y para la sobreactuación autovictimista de una considerable franja de manifestantes poco representativos del conjunto de los productores agrícolas mexicanos.

El problema para ellos radica en un hecho: que, en el primer corte de la balanza comercial del año, no hay la menor pista de la maldición anunciada. Es decir, ni se registra la supuesta invasión de ese grano procedente de Estados Unidos y Canadá, ni se desplaza del mercado el que se produce en México, ni se desata algún otro efecto perverso por obra del también supuestamente maldito Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Y no se ha incrementado la importación de maíz sencillamente porque la producción mexicana es suficiente y tiene un precio competitivo, sobre todo ante las alzas que registra ese producto en el mercado mundial, en parte por su utilización para producir combustibles.

De manera que con maíz y con un país que muestra su capacidad de producirlo en suficiencia, calidad y precio, carecerá de al menos algún sustento racional el eslogan que aturde a los capitalinos y a los habitantes de otros puntos de la República con la tonadilla cacofónica de que “sin maíz/ no hay país”.

Pero aquí parece haber otro problema, esta vez para el sistema de comunicación del gobierno mexicano de Felipe Calderón. Se trataría de un aspecto específico de la revelación publicada anteayer aquí por Noemí Gutiérrez sobre la insatisfacción presidencial ante los bajos rendimientos del gabinete en el campo de la comunicación institucional.

Porque independientemente de los propósitos deliberados de manipulación que se pueden verificar entre los organizadores de las marchas de ayer y hoy, lo cierto es que hay una serie de creencias y supersticiones extendidas y arraigadas que imaginan la apertura de México al mundo como la conducción forzada de los mexicanos a una supuesta piedra de sacrificios llamada globalización.

Un debate urgido de racionalidad

Hay antecedentes, registrados en los estudios de comunicación, de casos notables de creencias extendidas, con altos grados de consenso, pero sin base en la realidad. Y allí están las creencias, reforzadas por el oscurantismo religioso, de que el planeta Tierra era el centro del universo, incluso cuando Galileo y Copérnico habían mostrado racionalmente lo contrario.

Pero los mismos estudios de comunicación —que han clasificado aquel y otros tipos de creencias hasta nuestros días— han propuesto también una serie de estrategias para abrirle paso a la racionalidad del debate con informaciones reales y métodos para reducir las curvas de discrepancia. Éstas, las así llamadas curvas de discrepancia, suelen hacerse más pronunciadas cuando parten de creencias y supersticiones con las que conectan las estrategias de quienes medran —política, económica o espiritualmente— de la ignorancia o de las creencias, llamémoslas, sin base en la realidad.

En estas condiciones, sorprende que la agenda del debate público parezca controlada desde el 1 de enero —e incluso desde antes— por los interesados en reforzar las creencias y supersticiones sobre la apertura comercial, sin que las autoridades correspondientes hayan sido capaces de colocar en esa agenda al menos el dato duro del balance comercial que echa por tierra la superstición o el mito de la invasión de maíz importado que se dispone a acabar con los productores del grano en nuestro país.

Y sorprende también el silencio de las oficinas de comunicación gubernamentales sobre el replanteamiento del tema que ha iniciado el actual gobierno —y del que participan los líderes campesinos y los expertos más consistentes— sobre la recuperación de los apoyos al campo: aquellos convenidos con los productores hace tres lustros por el gobierno de Salinas pero ignorados en una parte considerable por los gobiernos de Zedillo y de Fox. Quizás bastaría con exhibir los montos contemplados de canalización de recursos al agro para el presente año para poner los términos del debate público en otros términos.

Por lo pronto, a pesar de que, para efectos prácticos, ni una mazorca de más pasó la frontera durante el primer mes de la apertura comercial, tendremos que seguirnos resignando a la definición de la agenda pública en base a los mensajes que en ella logran colocar —con más eficiencia que el gobierno— los burocratizados líderes de algunas organizaciones de campesinos y los autoproclamados expertos en soberanía alimentaria del Sindicato Mexicano de Electricistas, sí: los dueños reales de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro que tan complacidos tienen a los capitalinos. Y además podemos ver sus contingentes reforzados por los casi campiranos marchantes de los sindicatos de telefonistas, de los maestros, de los mineros, del Seguro Social y de la UNAM, todos ellos en su gloriosa invasión del DF y otras capitales de la República contra la liberación comercial.

Autoarrollado entre las piernas

Por derecho propio se colocó también en la agenda del debate público la expresión que utilizó el ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador para descalificar la reunión de su compañera de partido y presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta, con el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

En varios sentidos, podría resultarle más gravosa que el “cállate, chachalaca” propinado por AMLO en la campaña de 2006 al presidente de la República entonces en funciones.

Entre otros aspectos, porque esta vez podría dejarlo marginado en definitiva de la agenda de fondo de la discusión nacional.

AMLO parece empeñado en perder todo interlocutor que no sea su subordinado y en convencer a las audiencias de que ni los riesgos de la recesión estadounidense, ni el debate de la reforma energética, ni ningún otro tema crítico pueden esperar de él alguna aportación significativa.

Más que como picapleitos de cantina parece reaccionar con el infantilismo de los chavos de primaria o secundaria dispuestos a relacionarlo todo con obsesiones y simplificaciones sexistas propias de la edad. A eso redujo la entrevista de una de las cabezas del Poder Legislativo con el funcionario legalmente responsable de las relaciones del Ejecutivo con los demás poderes: a la metáfora, por decirlo así, de un supuesto intento de arrumaco de un hombre con una mujer que le pone al alcance la pierna.

Cada vez parece más claro que serán otros los portavoces de la izquierda dispuestos a abordar con capacidad y visiones a la vez maduras y modernas la complejidad del México de hoy con sus riesgos y exigencias.

jose.carreno@uia.mx

 
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PERFIL
 
José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

 
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