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El precio de abrir Pemex
Sabedores del apremio que Calderón tiene por el tema petrolero, los priístas están listos para ponerle las condiciones que pedirán a cambio de su voto La apertura de Pemex al capital privado en áreas que hoy están reservadas al Estado tendrá un alto precio político para Felipe Calderón. Y no será precisamente el tener a Andrés Manuel López Obrador y a sus huestes en las calles y las plazas públicas acusándolo de “traidor” y “privatizador”; el verdadero precio que tendrá que pagar el Presidente es el que le pida el PRI, su aliado para sacar la reforma legal que permita la inversión particular en áreas como la exploración y la refinación petroleras. Sabedores de la urgencia y del apremio que tiene por el tema petrolero, los priístas están listos para ponerle a Calderón las condiciones que pedirán a cambio de su voto a una propuesta de modificaciones a leyes secundarias —nada de reformas constitucionales— que rompan con el monopolio del Estado en el sector petrolero y permitan, por primera vez en 70 años, que se cumplirán de la expropiación petrolera de 1938, que los capitales privados financien actividades en esa industria que hoy les están vetadas. Mientras en el PRD lanzan amenazas de votos en contra y López Obrador se pertrecha y anuncia huelgas y paros sin saber si tendrá el apoyo de todo su partido, la negociación política para la reforma petrolera también llamada “reforma energética”, ya comenzó. El Presidente y sus estrategas han bajado la mira y ya no buscan apertura total ni reforma constitucional, como la que planteaban en la iniciativa de ley que en octubre intentaron sondear en el Congreso y que hoy está guardada en el cajón de la secretaria de Energía, Georgina Kessel. Ante la negativa del PRI y de sus senadores a discutir cambios al 27 constitucional, hoy en Los Pinos se conforman con reformar leyes secundarias e ir por partes para permitir inversión particular en áreas como exploración y la refinación petrolera. Colmilludos y expertos como son, en el PRI han definido ya el precio que cobrarán por aprobarle esos cambios a Calderón. En la bancada priísta en el Senado han definido que la apertura en Pemex va condicionada a que el Presidente y el PAN apoyen varias reformas legales que prepara el viejo partido con un fin tan específico como impactante: el control y combate a los monopolios en todas las áreas de la vida económica, con el fin de abrir la competencia e impedir la excesiva concentración de la riqueza en unas cuantas manos. Eso que suena tan rimbombante en la voz de algunos miembros de la cúpula del PRI no es otra cosa que el sometimiento de empresas monopólicas como Telmex, Televisa, TV Azteca, entre otras. Y es que en las propuestas que el PRI hará a Calderón se incluyen cambios a la ley para hacer de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) y de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) dos entidades autónomas, con rango constitucional y con facultades legales para controlar y sancionar a los grandes tiburones que hoy dominan con prácticas monopólicas sectores como las telecomunicaciones y otros. Se trata, según dicen en el PRI, de “darle dientes a la Cofetel y a la Cofeco” para que apliquen la ley y hagan valer su condición de órganos reguladores, que hoy están sometidos y controlados por las empresas particulares ante su falta de facultades. El esquema que los priístas le proponen a Calderón para aprobarle su reforma en Pemex es el mismo que ya le aplicaron con su reforma fiscal, que sólo pudo salir amarrada a la reforma electoral que diseñó y propuso el PRI con el apoyo del PRD. La ecuación es simple y muy antigua: quid pro quo, piden los priístas, lo que en español quiere decir “algo por algo”, y en inglés sería algo así como tit for tat. Si Calderón quiere urgentemente inversión privada en Pemex, como dijo ayer en su discurso, entonces tendrá que darle al PRI la aprobación de las leyes antimonopólicas y la conversión de la Cofetel y la Cofeco en instituciones autónomas —al nivel del IFE y la CNDH— y con facultades coercitivas sobre los intereses de apellidos tan poderosos como los Slim, los Azcárraga, los Salinas Pliego o los Zambrano, por citar algunos. El precio es alto y lleva un fuerte grado de costo político para el Presidente, pero la apertura en Pemex es también altamente apetitosa y redituable en lo económico y en el ámbito internacional. ¿Pagará Calderón el precio que le van a poner los priístas? NOTAS INDISCRETAS… En el mundo empresarial hay un nuevo icono: así como Carlos Slim lleva mucho tiempo en el trono del más rico de México, el empresario minero Germán Larrea se ganó el título de ser el hombre que más ganancias netas obtuvo en 2007. El dueño de Grupo Minero México movió el año pasado mil 200 millones de dólares en efectivo, dinero suficiente para tronar a cualquier banco si don Germán hubiera decidido depositar sus ganancias anuales en uno. Es, hoy por hoy, el hombre con más liquidez en el ámbito empresarial mexicano y se espera que este año, con los precios de metales como el cobre y el oro al alza, supere esas ganancias. Tanto dinero en cash ha hecho que en algunas oficinas del Congreso ya le echen el ojo y estén pensando en poner un impuesto a las ganancias en la boyante industria minera nacional… En Los Pinos están más que preocupados por la constante promoción en televisión de políticos como Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard. Tan preocupados que en la casa presidencial llevan un monitoreo puntual de las noticias que se transmiten de esos dos personajes en los informativos de las dos principales televisoras. Dicen que intentan documentar la promoción que se hace de esos dos políticos para, eventualmente, reclamar que se les dé mayores espacios que al propio Presidente… El acto masivo y apoteósico del PAN en el DF tiene muchas aristas. Por un lado está la estrategia de los azules con la que intentan aprovechar la fuerte división del perredismo en la capital, y por el otro el envío de mensajes futuristas. Porque la declaración de Germán Martínez, al anunciar su cambio de residencia al DF cuatro años antes de la elección de jefe de Gobierno —para la cual la ley electoral marca tres años como requisito para ser candidato—, parece enviar el mensaje de que Martínez podría ser, más que rival, compañero de fórmula de Juan Camilo Mouriño en 2012. ¿JC a Los Pinos y Germán al DF?... Los dados abrieron con Serpiente. Mal comienzo. sgarciasoto@hotmail.com salvador.garcia@eluniversal.com.mx
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