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    Economía Informal
Macario Schettino
24 de enero de 2008

Una vez más

Aunque ya van varias colaboraciones dedicadas al tema de la recesión en Estados Unidos, habrá que seguir con el asunto, porque no parece quedar claro lo que allá ocurre, al menos no para la mayoría

El país vecino sufrió el año pasado una crisis inmobiliaria. El origen de esta crisis es el mismo de siempre: la codicia. Estados Unidos vivió una etapa de expansión económica muy prolongada, prácticamente toda la década de los 90, en buena medida sostenida por lo que después Greenspan llamaría “exuberancia irracional”. En lenguaje más común, porque los inversionistas metieron mucho dinero en negocios que no tenían un soporte claro, pero al convertirse en atractores de inversión, fueron incrementando su “valor”. Así, las acciones de empresas de internet se multiplicaron por 10 y por 100, sin que produjeran nunca ganancias. En algún momento tendrían los inversionistas que percatarse de ello, y eso ocurrió al inicio del 2000. Sin embargo, ya acostumbrados a la riqueza, los estadounidenses habían iniciado un proceso de crecimiento de precios en los bienes raíces, que sirvió para aminorar la caída de las bolsas. Es decir, que a la burbuja “punto com” le siguió la burbuja inmobiliaria.

Esta burbuja empezó a romperse a mediados de 2006, pero hizo crisis el año pasado. Miles de personas que habían comprado casas con crédito de pronto se encontraron con que la casa valía la mitad de lo que habían pedido prestado, y decidieron dejar de pagar, cancelar el crédito, o entregar la casa. El problema es que los bancos, codiciosos, habían otorgado créditos sin garantías suficientes, de manera que el problema de los compradores de casa se convirtió en un problema de los bancos, y a través de ellos, de todo el sistema financiero. Esto se hizo claro en octubre pasado, y sólo en la semana pasada parece haber tocado fondo, cuando todos los fondos de inversión y bancos asumieron pérdidas multimillonarias.

Esta crisis financiera, sin embargo, podría trasladarse al resto de la economía. Si esto ocurriese, habría la tan temida recesión. Es decir que hoy no la hay, e incluso no existen señales claras de que vaya a ocurrir. Lo que sí hay es una preocupación general, muy evidente en la medida de confianza de los consumidores. Esta confianza ha caído mucho en los últimos meses, y a eso ayuda la rapidez con que los medios de comunicación magnifican eventos en la búsqueda de audiencia. En Estados Unidos y en todas partes del mundo.

Lo que hoy vemos es el nerviosismo de los inversionistas que no saben si en el transcurso del año la economía de Estados Unidos, la más importante del mundo, tendrá una contracción o no.

Si hay esta contracción, afectará a todo el mundo, empezando por los socios comerciales más importantes de ese país: China, Canadá, México y Japón, en orden de importancia.

La medida del gobierno de Estados Unidos, de crear un paquete de 150 mil millones de dólares para reactivar la economía, va en la dirección de impedir que la crisis financiera se convierta en crisis productiva, es decir, en recesión. La discusión entre Bush y el Congreso para determinar cómo exactamente se utilizará el dinero no ayuda a la tranquilidad de los mercados. Por eso, la Reserva Federal tomó una medida muy agresiva: el mayor recorte en su tasa de interés desde el inicio de los 80, anunciado además con una semana de anticipación a la junta de mercado abierto, que es cuando normalmente se anuncian cambios en la tasa de interés.

Esta medida puede ser más importante que el paquete del gobierno, puesto que al reducir la tasa hace menos probable que la crisis financiera se traslade a la producción. Si la tasa baja, los deudores pagan menos por su hipoteca, lo que les permite seguir consumiendo, y el consumo es el gran motor de la economía estadounidense. La combinación de este menor costo de las deudas con la ayuda que el gobierno entregará, vía menos impuestos (propuesta de Bush) o directamente (propuesta de los demócratas), es muy probable que impida que la recesión efectivamente ocurra.

Sin embargo, el nerviosismo no se termina, en buena medida porque no responde a análisis serenos de la situación, sino a los “instintos animales” propios de los mercados financieros. Si se logra controlar este nerviosismo en lo que resta de enero, creo que tendremos un año bastante mejor de lo que originalmente se había esperado. Pronto lo sabremos.

www.macario.com.mx

 
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PERFIL
 
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Ha sido profesor investigador en El Colegio de México y el Tecnológico de Monterrey. Es director de Investigación y Programas Doctorales del Tec de Monterrey, campus Ciudad de México, y director de la sección Finanzas de El Universal. Ha publicado 12 libros. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.
 
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