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2008: el año clave del sexenio
Con la apropiación del gabinete, el presidente parece implicar que está dispuesto a arriesgar su capital político para impulsar algunas de las reformas Los recientes cambios en el gabinete reflejan que Felipe Calderón entiende la importancia de este año para su sexenio. Con ellos, consolida el quehacer político del gobierno en tres áreas críticas: el manejo político, la política social y la relación con el PAN. En la Secretaría de Gobernación, en la de Desarrollo Social y en su partido, el presidente tiene ahora a sus colaboradores más cercanos, con los que ha trabajado más tiempo y con quienes comparte su visión del país. Ahora más que nunca, Calderón es su propio gobierno y el PAN deja de ser partido de oposición. Este segundo año es particularmente importante al haber ya terminado la curva de aprendizaje, por la ausencia de elecciones de gobernadores, por anteceder a 2009 en que se renueva la totalidad de la Cámara de Diputados y por las ominosas condiciones de la economía de Estados Unidos. Con la apropiación del gabinete, el presidente Calderón parece querer implicar que está dispuesto a arriesgar su capital político para impulsar algunas de las reformas pendientes en las próximas semanas. La ahora probable recesión en Estados Unidos no hace sino acelerar la urgencia de las reformas y del buen gobierno. Para poder sortear una caída en la actividad económica del principal socio comercial, es indispensable que México se confirme como una economía sólida, en vías de modernización y en la que se dan grandes proyectos de inversión como una clara muestra de su viabilidad futura. En esta coyuntura económica hay que consolidar la estabilidad macroeconómica y no exacerbar el ciclo de Estados Unidos, llevar a cabo varias de las reformas pendientes para incrementar la competitividad, al tiempo que el Ejecutivo muestre capacidad para licitar y ejecutar obras que sirvan, por primera vez en mucho tiempo, como una medida contracíclica con un presupuesto balanceado. Sólo con una acción concertada del Estado, y con una visión hasta ahora ausente, podría superarse el ciclo descendente de la economía estadounidense y beneficiarse de mayores flujos de inversión en plantas y maquinaria y equipo, al acelerarse la desindustrialización de Estados Unidos y por la relativa fortaleza del euro que hace al país muy atractivo en Europa, así como demostrar la robustez económica del país y la importancia de su mercado interno. El éxito de las reformas no depende sólo de la voluntad del presidente y su equipo, sino de la capacidad de forjar coaliciones en el Congreso. La clave reside, una vez más, en la posibilidad de llegar a acuerdos en el PRI, independientemente de que el PRD se sume o no a una o varias de las iniciativas. La puerta para que PAN y PRD legislaran sin el PRI está cerrada y no se abrirá. La selección de consejeros del Instituto Federal Electoral es uno de los primeros retos y será un buen indicador de la probabilidad de futuras reformas. Si el PRD, o Andrés Manuel López Obrador, radicaliza sobremanera su postura, se niega participar en el nombramiento de consejeros para guardarse la opción de protestar las elecciones de 2009 ó 2012 y el PAN y PRI acaban votando solos, podría facilitar la coalición de estos últimos para otras reformas ante su propia marginación. El PRI tendrá que evaluar qué le conviene hacer de cara a las elecciones de 2009; si se comporta como oposición responsable y vota a favor de algunas de las reformas o si se expone a que se le caricaturice como obstáculo. Dado que la expectativa es que el PRI recupere un número relevante de curules en 2009 (por razones aritméticas al recuperar su nivel natural de preferencias y el PRD caer al suyo), lo más probable es que la dirigencia del PRI opte por un camino intermedio: apoyo a las reformas para que no lo acusen de obstruccionista, pero reformas poco ambiciosas para no incurrir en costos políticos. Esta estrategia del PRI no necesariamente disgustará a Los Pinos. En 2007 la agenda legislativa apoyada por el Ejecutivo descansaba en privilegiar las reformas posibles y no las deseables. Ahora la misma estrategia se implementará desde Bucareli, a menos de que el presidente decida elevar la apuesta y la ambición de las reformas. El problema de buscar conseguir solamente iniciativas posibles es que, ante la perspectiva de que el PRI recupere curules en 2009, el PRD pierda y el PAN, en el mejor de los casos, mantenga el número actual, no se vislumbra un mejor panorama postelecciones intermedias. El crecimiento del PRI en las elecciones de 2007 es sintomático de que, fuera de las elecciones presidenciales y sin candidatos nacionales, los tres partidos tienden a converger a su nivel natural de preferencias. La única manera para desviarse de este estado de cosas es esperar a que a largo plazo la urbanización de la población rural debilite al PRI o a tener antes elecciones con alta participación ciudadana. Esto no se logrará, sin embargo, sin iniciativas de reforma “deseables”, de alta envergadura. En la sesión ordinaria del Congreso que empieza ahora en febrero, se conocerá el grado de ambición de las reformas y la probabilidad de que el presidente Calderón convierta la elección de 2009 en la búsqueda de un mandato que invite a los electores a participar. En las condiciones macroeconómicas actuales, no hay, otra vez, margen para errar. El éxito que se tenga en 2008 marcará al del sexenio. Nota: una de las primeras pruebas para el nuevo secretario de Gobernación será la marcha anti-TLCAN del 31 de enero. El gobierno cometería un grave error si cediera antes de las presiones para renegociar. Además de las cifras contundentes a favor del tratado, vale la pena preguntar cómo es posible que el porcentaje de mexicanos en pobreza haya caído más de 10 puntos porcentuales entre 1994 y 2006 y en el sector rural más de 14 puntos, si el TLCAN ha sido tan negativo como van a decir los marchistas. buzon@cmmsc.com.mx
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