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Juan María Alponte
23 de enero de 2008

España: de cara a sus comicios

España se prepara —después de la legislatura más conflictiva desde la transición— para las elecciones generales de marzo. Las encuestas anticipan un cierto “empate técnico”. El líder del Partido Popular —Rajoy— admite la posibilidad de una gran coalición. El presidente del gobierno, Zapatero, excluye esa posibilidad y pide un voto que dé al Partido Socialista “una clara mayoría”. ¿Existe? No parece.

La formación de las “listas” ha proporcionado ya un primer debate que no es favorable al Partido Popular. En efecto, Rajoy ha cerrado el camino al alcalde de Madrid, su figura más amable y lúcida que, en teoría, representaría el centro-izquierda de los populares. Al hacerlo, Rajoy se inclina, equivocadamente, por una proposición que coloca al partido, en vez de aspirar a un verdadero centro reformador, ante la posibilidad de que el mensaje que ha enviado contra el popular alcalde de Madrid (Gallardón) presuponga la “derechización” del partido en el cuadro de Aznar. Es el peor camino. Incluso partiendo de la hipótesis del cansancio y la crispación que ha generado Zapatero (no sólo él, bien entendido) implica la peor proposición electoral para un país desarrollado: ofrecerle un bastión derechista.

Zapatero, a su vez, ha generado tantos espacios conflictivos que, todos al tiempo, han permitido confrontaciones que, desgraciadamente para España, estimulan la idea de la ruptura, es decir, la idea de las “dos Españas”. La confrontación del gobierno socialista con la Iglesia no es sólo responsabilidad de Zapatero. La Iglesia olvida las lecciones históricas de la guerra civil y no quiere asumir, en un Estado laico, una interpretación abierta. En síntesis, vuelve a presentar la idea de la “familia tradicional” —respetable— contra una sociedad disparada hacia una nueva interpretación de las relaciones sexuales, prematrimoniales y sociales. Ignorando los cambios reales de una sociedad industrial moderna, la Iglesia se aventura no en su autotransformación, sino en una senda sin porvenir. Si el gobierno, cierto, ha abierto tantos frentes y no puede controlarlos, la Iglesia parece admitir, al revés, que las mutaciones que la sociedad está viviendo no existen. Elegir la exaltación, como mártires, de los sacerdotes, monjas y civiles asesinados por los republicanos, frente a una exaltación, de la otra parte, de la “memoria histórica”, convoca, en un país que todavía no ha cicatrizado todas sus heridas, agitaciones que posibilitan la aparición de los demagogos y no de los liberadores de la conciencia.

La decisión de Rajoy cerrando el camino al Parlamento al alcalde de Madrid —para ser él mismo el candidato sacral del partido— revela que la transición histórica, fundada en la conciliación, tiene penosos y serios agujeros.

En suma, las elecciones generales de marzo colocan a los votantes ante opciones con demasiadas tensiones. Si “elegir es elegirse”, como decía el filósofo del existencialismo, resulta que los dilemas del elector español normal son difíciles. Se cruzan problemas como el de la ETA, los nacionalismos, las víctimas del terrorismo, el pasado que todavía es un pasado a manejar con pinzas y, en síntesis, la proposición convivencial ha sido derivada hacia una crispación que no es el mejor camino para un país que en muchas ocasiones ha optado por la confrontación mortal. Las responsabilidades son comunes, pero el Partido Popular está cerrando el camino a un proyecto de centro que sea modernizador y no se pierda en Aznar. Las nuevas libertades, los nuevos modelos de existir, no pueden clausurarse con un tradicionalismo o un radicalismo incomunicable. Salvo para una minoría, de uno y otro lado, enclaustrada en pasiones y no en una visión nueva de la economía y la sociedad.

alponte@prodigy.net.mx

 
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PERFIL
 
Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escrito 37 libros, entre los que destacan Retrato de una Familia Babélica; las biografías de Colón y Lenin; Historias en la Tierra y Los Liberadores de la Conciencia.
 
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