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Petróleo para todos
En el próximo periodo del Congreso, según se dice en prensa, se discutirá una reforma energética. De entrada, hay ya quienes quieren impedir la privatización de Pemex, que no parece que nadie haya planteado Es más, no creo que nadie quisiera comprar una empresa quebrada, como es el caso de nuestra petrolera, pero ya ve que los políticos aprovechan la menor oportunidad para inventarse banderas que les ayuden a juntar votos. Discutir este tema es algo complicado, porque algunos lo convierten en sinónimo de soberanía, o de patriotismo, y cuando algún asunto se eleva al nivel de valores, los argumentos se vuelven irracionales con mucha facilidad. No creo que haya ningún producto que deba ser símbolo de nacionalidad, porque eso rebaja al concepto, y estoy convencido de que quienes hacen esto no han logrado separar los problemas. El petróleo como referencia de soberanía resulta de su importancia como elemento para lograr independencia económica, no por sí mismo. Es decir que lo relevante es la potencia económica que nos permita ser soberanos, es decir, darnos órdenes nosotros solos. Cuando un producto no sólo no ayuda a tener más independencia económica, sino que empieza a ser un lastre, en nada sirve a la soberanía. En México, la industria petrolera es un lastre. No el petróleo en sí, sino la manera en que lo estamos utilizando. Pemex es una empresa muy ineficiente, tanto por las restricciones que implica su carácter de empresa de gobierno como por su sindicato, que como todos los de gobierno ha ido acumulando prebendas por décadas hasta acabar con la empresa. Como usted sabe, los pasivos laborales de esa empresa son prácticamente equivalentes al valor de los activos. Es decir que todos los fierros que hay son, en el fondo, propiedad de los trabajadores. Pemex no es de usted ni de ningún otro mexicano, salvo que sea parte del sindicato. Pero no se trata sólo de que el sindicato sea absurdamente costoso. Es también su carácter de empresa pública, como le decíamos, puesto que debe seguir todos los trámites del gobierno, que están hechos para controlar el gasto (aunque no lo logren) y no para promover la eficiencia. Así, comprar cualquier cosa se convierte en un problema mayor, y los mecanismos de vigilancia acaban deteniendo cualquier iniciativa. Para terminar el negro panorama, el gobierno extrae de Pemex prácticamente todo el dinero que ésta genera. Lo hace para poder funcionar ya que los mexicanos no pagamos impuestos. En lugar de que el gobierno le cobrase a Pemex un derecho de 40 o 50%, como se hace en la mayor parte de los países, le cobra, más o menos, 75%, y luego se queda con buena parte de las utilidades, si llega a haberlas. Es sólo gracias a que nos encontramos con Cantarell que México ha podido exportar petróleo, e incluso ser una potencia en este renglón. Antes de que ese manto fuese descubierto y puesto a trabajar, por allá de 1978, no exportábamos. Desde antes de la nacionalización de la industria México ya no tenía mucha importancia en el mercado internacional, pero después de ella no existimos. Algunos años lográbamos exportar un poco, otros años importábamos, pero no éramos un jugador relevante en el mercado. Dicho de otra manera, ni Pemex ni la nacionalización han servido de mucho. Lo que nos colocó en el mapa fue Cantarell, y se acaba a gran velocidad. En este año, que será el trigésimo de producción del manto, la producción caerá a menos de un millón de barriles al día, después de haber alcanzado su máximo en 2004 con 2.2 millones. En un par de años más, dejará de producir, y nosotros dejaremos de tener importancia en el mundo del petróleo. Con un poco de suerte, nos alcanzará para el consumo interno. No más que eso. Evitar este panorama exige corregir las tres grandes fallas que le he comentado: las restricciones a la administración, los abusos del sindicato, y la exacción que realiza Hacienda. Brasil hizo algo similar hace poco más de 10 años: liberó a la empresa de la camisa de fuerza del gobierno (aunque no privatizó, porque Petrobras sigue siendo propiedad del Estado), estableció un cobro de derechos razonable, y ordenó la relación con los trabajadores. En esos 10 años, Petrobras ha pasado de ser una empresa miserable, como Pemex, a ser un modelo de eficiencia. Lo único que se requiere para empezar a resolver los problemas es pensar un poco, no demasiado. No hay producto que nos haga soberanos. La soberanía resulta de la potencia económica, y ésta es la que debemos construir. Nadie puede ser autónomo si no tiene para comer. Ni los individuos ni las naciones. www.macario.com.mx
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