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PRD: ¿terminará en tribunales?
Asistimos a los previos de una guerra en donde los contendientes harán todo con tal de ganar Del tamaño de la lucha previa por renovar la dirigencia será la crisis que enfrentarán El 16 de marzo próximo el Partido de la Revolución Democrática vivirá uno de sus más competidos y polarizados procesos de selección de su dirigencia nacional —que, como todos saben, enfrenta a Jesús Ortega y a Andrés Manuel López Obrador, en la persona de Alejandro Encinas—; contienda que podría terminar no sólo en una fractura, sino que por las muchas irregularidades que muestra la pelea, el asunto podría ser resuelto en tribunales. Y si bien no debiera ser una novedad para el perredismo que sus procesos internos concluyan en campal y en medio de un cochinero, también es cierto que lo cerrado y confrontado de la lucha por la dirigencia nacional podría terminar en una disputa que, al final de cuentas, podría ser resuelta por el Tribunal Electoral. Es decir, una de las instituciones a la que mandaron al diablo los amarillos. ¿Pero qué tan cerrada será la contienda? ¿O será cierto que Los Chuchos tienen el triunfo en la bolsa? Para darnos una idea del tamaño de la pelea y del contenido de las alforjas de Jesús Ortega y Alejandro Encinas, vale la pena informar que en un inédito que dejó estupefactos a propios y extraños, en su campaña de afiliación de septiembre a noviembre de 2007 el PRD “engordó” su padrón de afiliados de 4 a 7 millones de ciudadanos. Es decir, que en sólo tres meses casi duplica el número de ciudadanos de todo el país que presurosos hicieron largas filas para afiliarse al partido amarillo. ¿Tiene sentido ese inédito? Pues sí, porque resulta que los estrategas de las corrientes que disputan la dirigencia del PRD diseñaron sendos esquemas para convencer al mayor número de simpatizantes a que se afilien al PRD, para con ello influir en la votación a favor de uno u otro de los aspirantes, en la elección del domingo 16 de marzo. ¿Y qué creen? Pues sí, los seguidores de AMLO y los de Jesús Ortega llevaron cada uno algo así como millón y medio de nuevos afiliados. ¿Y quién pompó? Porque comprar votos cuesta, y no es barato. Pues precisamente es ahí donde “la marrana tuerce el rabo”. Los dos bandos dicen tener evidencias de que son afiliaciones compradas con dinero público. ¿Dinero público? ¡No! Esa es sólo una cara de la guerra. Existen otras. Por ejemplo: ¿sabe usted a quién apoyan los seis gobernadores amarillos? Acertó si pensó en Marcelo Ebrard, Amalia García y Narciso Agúndez —gobernantes del DF, Zacatecas y Baja California Sur, respectivamente— como los que apoyan a Alejandro Encinas, el “alfil” de AMLO. El respaldo a Jesús Ortega viene de los gobernadores de Michoacán, Chiapas y Guerrero: Leonel Godoy Rangel —que es gobernador electo—, Juan Sabines Guerrero y Zeferino Torreblanca. Es decir, tres gobiernos para cada uno, con las diferencias de militancia que muestra cada entidad. ¿Y cómo anda el apoyo en regiones perredistas por excelencia? En el valle de México está la clave. Como ya se dijo, Alejandro Encinas tiene el apoyo de todo el aparato del Gobierno del DF —de donde además presuntamente sale dinero para el proselitismo de Encinas—, que preside Marcelo Ebrard. Pero además el “delfín” de AMLO tiene el respaldo de 12 de las 16 jefaturas delegacionales del DF. Sin duda una fuerza notable en la que sobresale, nada menos que la influencia del grupo de la pareja Bejarano-Padierna, cuya capacidad de movilización no puede ser ignorada por nadie. Pero resulta que en apoyo a Jesús Ortega aparece la poderosa delegación de Iztapalapa —cuyo número de militantes es igual al de 10 de las delegaciones que apoyan a Encinas—, y que sumada al corredor mexiquense de Ecatepec, Texcoco y Nezahualcóyotl, superan por mucho la fuerte militancia que tiene Encinas en la capital del país. Ese corredor de la conurbación entre el DF y el estado de México es el bastión de un potente grupo mexiquense que acostumbra vender caro su amor: la llamada Asamblea Democrática Nacional, que jefatura Héctor Bautista. Luego de jaloneos y chantajes, se sabe que finalmente se acordó un pacto entre Jesús Ortega y Héctor Bautista, con lo que garantiza esa alianza, que resulta clave para Los Chuchos. Todo lo anterior nos puede dar una idea del peso que tiene cada uno de los aspirantes a presidir el PRD. Sin embargo, a partir de una encuesta reciente que se realizó en el interior del grupo de AMLO, se prendieron los focos rojos. Alejandro Encinas estaba lejos, muy lejos de Jesús Ortega —por ahí de 10 puntos porcentuales—, alarma que provocó que se rompieran reglas, pactos y acuerdos. Primero, AMLO expresó su abierto apoyo a Alejandro Encinas —a pesar de que los contendientes habían acordado que no aceptarían respaldo de liderazgos como el de AMLO—, luego aparecieron apoyos económicos salidos de quién sabe dónde, al grado de que Los Chuchos ordenaron documentar las irregularidades para presentar los recursos respectivos ante las autoridades electorales. Asistimos a los previos de una guerra en donde los contendientes echarán mano de todo, de lo que sea necesario —casualmente los que hablan de fraude—, con tal de ganar. Y del tamaño de la guerra previa que vive el PRD en la renovación de su dirigencia será la magnitud de la crisis que enfrentarán a partir del domingo 16 de marzo. Y en una de ésas todo termina en una disputa que deberá resolver el Tribunal Electoral, en medio de reclamos de fraude y recuento de “voto por voto”. En el PRD, por cierto, esa historia no es nueva. Al tiempo. II En el camino Ya está en librerías el más reciente libro de Humberto Musacchio: Historia del periodismo cultural en México, una diligente investigación sobre la evolución del periodismo cultural mexicano, una de las secciones fundamentales para entender la solidez y la evolución de las ideas en el México independiente. Musacchio nos entrega otro imprescindible… Por cierto, un golpe más de Marcelo Ebrard: ya hay internet gratuito en el Centro Histórico. Y ni modo, los viajes ilustran. Y eso hace la diferencia. aleman2@prodigy.net.mx
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