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La guerra de Tamaulipas
Va por lo menos una semana y el saldo no es todavía claro; no se puede afirmar, sin caer en falsos triunfalismos, que el Estado vaya ganando, ni hablar de un debilitamiento fatal del cártel del Golfo La que se libra en el estado nororiental de la República es una auténtica guerra; no convencional, pero guerra al fin. Nada que ver con los “operativos” simulados con los que arrancó el gobierno de Felipe Calderón, en los que tropas del Ejército y policías federales llegaban a los estados para encontrar las plazas casi vacías, porque el Operativo Michoacán, el de Nuevo León o el de Tijuana se habían anunciado con bombo y platillos un par de semanas antes, y todo terminaba en un bonito desfile de tanquetas y carros militares por tranquilas calles y narcotraficantes huidos o escondidos. En Tamaulipas se están librando batallas reales y cruentas entre los militares y federales contra el cártel del Golfo y su poderoso brazo armado de Los Zetas. Va por lo menos una semana y el saldo no es todavía claro; no se puede afirmar, sin caer en falsos triunfalismos, que el Estado vaya ganando esta guerra, y tampoco se puede hablar de un debilitamiento fatal de una de las organizaciones más antiguas y sanguinarias de la delincuencia organizada en el país. Ayer una primera versión del dicho del subprocurador de la PGR, Noé Ramírez Mandujano, pareció caer en ese falso triunfalismo: “Agoniza el cártel del Golfo”, decían los titulares de los portales de internet, que atribuían la tronante declaración al funcionario de alto nivel de la PGR. De momento, el desliz de Ramírez Mandujano recordó a los yerros que en el pasado cometieron otros gobiernos con el cártel del Golfo. El 14 de enero de 1996, por ejemplo, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo deportó y entregó a Juan García Ábrego al gobierno de Estados Unidos, no faltaron los oficiosos funcionarios a cargo de la PGR, entonces bajo el mando del panista Antonio Lozano Gracia, que decretaran que, tras el descabezamiento y la captura de su principal líder, que desde entonces está preso en Estados Unidos, la organización criminal asentada en Tamaulipas “estaba agonizando”. No habían pasado ni seis meses de aquellas triunfales declaraciones cuando emergía en la escena del crimen organizado, tras dos fugaces líderes a los que asesinó a mansalva, Osiel Cárdenas Guillén, el nuevo jefe del cártel del Golfo que, con su mítica crueldad y capacidad sanguinaria desmentía al gobierno zedillista y dejaba en ridículo a la Procuraduría de Lozano Gracia. Osiel no sólo demostró que su cártel, el mismo que fundó en los años 60 Juan N. Guerra, con el tráfico de alcohol, ropa y mariguana entre las fronteras de Texas y Tamaulipas; la organización que había crecido después con su sobrino Juan García Ábrego, que se especializó en el tráfico de mariguana e inauguró el tráfico de cocaína en México, ese grupo que el gobierno mexicano y la DEA bautizaron como el cártel del Golfo, estaba más vivo que nunca con su nuevo liderazgo. Otro ridículo más de las autoridades mexicanas se daría siete años después: cuando Osiel fue detenido en Matamoros y encerrado en el penal de alta seguridad de La Palma, tras haber operado por varios años en la total impunidad y haber escapado a más de cinco intentos de captura, la Procuraduría del general Rafael Macedo de la Concha proclamó que las horas del cártel tamaulipeco estaban contadas. El ridículo del gobierno de Fox fue quizás el peor. Osiel Cárdenas no sólo siguió operando y liderando, desde “la prisión más segura del país”, a su organización criminal, sino que ya preso, diseñó el plan de expansión que, en alianza con Benjamín Arellano Félix, del golpeado cártel de Tijuana, le permitió sacar al cártel del Golfo de la zona de Tamaulipas, Veracruz y Coahuila, su región de operación tradicional, para hacerse presente en casi todos los estados del país. La prisión no le impidió a Osiel organizar a su sanguinario ejército de Los Zetas. Formado en un principio por 50 militares de élite —despedidos por el gobierno foxista al desaparecer a las fuerzas especiales conocidas como GAFE—, este grupo de sicarios se volvió una auténtica organización paramilitar que creció en número y en sofisticación y crueldad de sus operaciones. Cárdenas Guillén, el que supuestamente estaba acabado, desató entre 2005 y 2007 la más sanguinaria guerra entre narcotraficantes por territorios de todo el país, y se enfrentó a sus enemigos de La Federación, formada por el cártel de Sinaloa, de El Chapo Guzmán, y el antiguo cártel de Juárez. En medio de esa batalla que sembró de cadáveres y ejecuciones casi todas las ciudades importantes del país, el subprocurador José Luis Santiago Vasconcelos, entonces titular de la SIEDO, hizo el peor oso en relación con el cártel del Golfo. En los últimos meses de 2005 se aventó la puntada de declarar, oficialmente, que “Los Zetas no existen”. En el colmo del absurdo, mientras los sicarios de Osiel se movían por todo el país descabezando a sus enemigos y grabando videos de torturas y ejecuciones, el procurador Daniel Cabeza de Vaca avaló y ratificó la declaración de inexistencia del grupo de matones del cártel del Golfo, el 13 de diciembre del mismo año. ¿‘Zetas’ agonizantes? Así se llega al escenario actual de guerra en Tamaulipas y a la declaración del subprocurador Noé Ramírez sobre un cártel del Golfo “agonizante”. Por la noche, la oficina de comunicación de la PGR desmintió la afirmación del titular de la SIEDO y la atribuyó a una “errónea interpretación” de los reporteros que lo entrevistaron ayer al final de un foro sobre procuración de justicia. En realidad, dijo la Procuraduría, Ramírez Mandujano sólo habló de “algunas partes de la delincuencia organizada que están agonizando”. Como sea, el peor error del gobierno federal en este momento sería confiarse y creer que tiene dominados a los sanguinarios Zetas. La capacidad de respuesta de ese grupo, tanto por su entrenamiento militar en el extranjero como por el tamaño del armamento que poseen, ha motivado que se incremente el número de efectivos militares y policiales que están llegando a Tamaulipas. El reforzamiento de la línea fronteriza en ciudades de Texas, a través de grupos de élite como los SWAT, habla de que del otro lado del Bravo saben el tamaño de la guerra que se libra en territorio de Tamaulipas y los riesgos para su frontera. Lo que detonó la decisión del gobierno de Calderón de mandar toda la fuerza militar y federal a Tamaulipas fue la muerte de Juan Antonio Guajardo Anzaldúa. El político de Río Bravo, ejecutado el pasado 29 de noviembre tras sus denuncias de la infiltración del cártel del Golfo en las pasadas campañas locales tamaulipecas, tenía fuertes vínculos con el Ejército, y fue el único político local que salió en defensa de la presencia de los militares en la entidad cuando el secretario de Gobierno del estado pidió que los militares salieran del estado durante el pasado proceso electoral de noviembre. Lo que se vive en este momento en Tamaulipas es reconocido por la propia PGR como una guerra frontal, no sólo de las fuerzas federales sino de los propios Zetas. “Hay un cambio radical en la estrategia de Los Zetas ante la presencia del Ejército y las policías federales en su territorio. En lugar de huir y esconderse hasta que pasen los operativos, esta vez modificaron sus tácticas y decidieron enfrentar y repeler la presencia federal para tratar de retomar el control de su principal lugar de operaciones. Eso ha provocado que los comandos y cabezas de este grupo se concentren todos en territorio tamaulipeco y estén combatiendo frontalmente a los militares”, dijo a esta columna una fuente de la PGR. El pronóstico para esta guerra no convencional es reservado en el propio gobierno. Decir que tienen totalmente cercados a Los Zetas o que ese grupo agoniza parece un exceso de confianza. Ojalá el procurador Eduardo Medina Mora no repita el error de sus antecesores de dar por muerto a un cártel que cada vez que le dan los santos óleos revive y se reinventa como el monstruo de las mil cabezas. NOTAS INDISCRETAS… Quienes escucharon la declaración de Andrés Manuel López Obrador de que sí buscaría ser candidato presidencial por segunda ocasión en el 2012 aseguran que hubo una acotación importante en la frase del tabasqueño. “Yo voy a ser candidato, solamente si se dan las condiciones”, dijo AMLO. ¿Y cuáles son esas condiciones? Que su segunda candidatura tuviera realmente posibilidades de ganar la Presidencia; Andrés Manuel, dicen los que lo oyeron, difícilmente se expondrá a un escenario como el que tuvo Cuauhtémoc Cárdenas en 1994, cuando pasó de un triunfo robado en el 88 a un tercer lugar en las votaciones nacionales seis años después. De hecho, fue bastante claro que López Obrador hablaba de Cárdenas cuando dijo: “Yo sí tengo dignidad”. Sólo si tiene plena garantía de que ganará, de que podrá sacarse la espina que trae atravesada desde el 2 de julio de 2006, se lanzaría por la candidatura. Hasta ahora la relación entre Marcelo Ebrard y López Obrador no se ve afectada por la confesión adelantada de las aspiraciones del tabasqueño. No hay enfrentamiento ni rivalidad ni mucho menos competencia, dicen cercanos de Marcelo. Es más, los marcelistas afirman que “si llegado el 2012 Andrés Manuel fuera mejor posicionado que él, Marcelo declinaría y se haría a un lado”. Lo que no tienen muy claro el jefe de Gobierno y sus estrategas es qué pasaría en el caso contrario. Si Ebrard llega mejor posicionado al 2012, ¿Andrés Manuel se haría a un lado para dejarle la candidatura? Quién sabe si sea porque le pegó al gordo o porque el poder lo ha mareado, pero el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, ya perdió la noción del valor de nuestro peso. Ahora que es millonario, Fidel dice que va a construir 17 Centros de Atención Primaria a las Adicciones, con un valor de 6.6 millones de pesos cada una. La verdad es que el costo de esos centros está calculada por las autoridades federales del ramo en 1.6 millones de pesos, y para ello tiene destinada una partida federal de 26 millones de pesos provenientes de recursos decomisados al narcotráfico. O sea que, además de malo para las matemáticas, Fidel quiere pararse el cuello con inversión federal y de paso lavar su imagen tras la embarrada que le dieron cuando lo asociaron al chino Zhenli Ye Gon. Ah, qué caray con los nuevos ricos... Los dados mandaron escalera. Buena semana. sgarciasoto@hotmail.com salvador.garcia@eluniversal.com.mx
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