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Contra políticos tradicionales y límites a ciudadanos
Mensajes del proceso electoral ‘americano’ a los políticos y a los partidos mexicanos ‘Spots’ pagados por particulares: cuando México va, su modelo, EU, viene de vuelta Como parte destacada de la programación de los medios que difunden información en nuestro país, no debe sorprender que el proceso para designar candidatos presidenciales por los partidos políticos de EU ocupe en estos días una buena porción de la agenda del debate público mexicano. Lo que ahora llama la atención es la intensidad de la presencia de ese tema en México, acaso sólo comparable con el interés que provocó aquí y en prácticamente todo el mundo, hace casi medio siglo, la campaña innovadora de 1960, en la que los candidatos John F. Kennedy y Richard M. Nixon inauguraron los debates por televisión. Están por supuesto las grandes explicaciones generales de este fenómeno. La más socorrida plantea que, aunque sólo los ciudadanos estadounidenses participen en las elecciones primarias y constitucionales de su país, el tema forma parte de la agenda del debate global en tanto se asume que el resultado afecta a los pueblos de todo el globo. Y están también las expectativas singulares del proceso actual, comparables asimismo con las de 1960. Por ejemplo, si hace 48 años la expectación radicaba en si Kennedy sería el primer presidente estadounidense perteneciente a la minoría católica, hoy el público de la globalidad vive la expectativa de si Barack Obama será el primer negro en llegar a la Casa Blanca. O si Hillary Clinton será la primera mujer comandante en jefa del mayor poder planetario. Pero hay un elemento adicional que redunda en la familiaridad con que se vive el proceso electoral estadounidense en una parte importante de la agenda pública mexicana: el hecho de que el reclamo democrático de las clases medias mexicanas en proceso de ciudadanización se forjó por décadas frente al espejo del modelo electoral de EU. Y no debe quedar duda de que esa influencia permanece y de que los nuevos fenómenos y los nuevos debates de la actual campaña estadounidense tendrán efectos en los próximos procesos electorales de México, como los tuvieron en el pasado. Entre los rasgos más característicos de ese modelo electoral estadounidense exportado a México y al mundo, están los que configuraron eso que hoy se conoce como democracia mediática, que ahora enfrenta cuestionamientos tanto en su lugar de origen como en prácticamente todos los países en los que se implantó. Las tribulaciones del cambio Como parte de esos rasgos, destacan los debates televisados entre candidatos y precandidatos. Pero los previos a los cotejos de Iowa y New Hampshire de estos días fueron seguidos en México y el mundo no sólo en los cortes noticiosos o en las ediciones de los medios, sino, íntegramente, o editados por los partidos y los particulares, en You Tube. Recursos como éste se extienden en nuestro país y les permiten a los ciudadanos enviar y acceder a textos, audio e imágenes sin la mediación de los medios convencionales y sus funciones selectivas y de interpretación con las que le imponen su giro o su intención a noticias y opiniones. Este nuevo instrumental hará posible también contrarrestar en nuestro país las restricciones recientes impuestas a los medios, a los partidos y a los particulares en materia electoral. Otro mensaje del actual proceso electoral estadounidense a los políticos y a los partidos mexicanos tiene que ver con el notable rechazo de una parte creciente de las audiencias, particularmente las juveniles, al discurso de los políticos tradicionales, rechazo que previsiblemente se potenciará en las siguientes elecciones mexicanas. Ello acarrea problemas adicionales para las estrategias discursivas de los contendientes, como se está viendo ahora en Estados Unidos y probablemente se verá en México. Por ejemplo, independientemente del resultado de anteanoche en New Hampshire, el fenómeno de la formidable respuesta de los electores al discurso más naturalmente comprometido con el cambio —el de Obama— terminó por diluir la acicalada, cautelosa propuesta inicial de cambio de Hillary Clinton. Y ésta, en su estrategia para contrastar su supuesta experiencia de gobierno con el idealismo (supuestamente impráctico e impracticable) de Obama, se lanzó a un pragmatismo tan agresivo que la llevó a demeritar el sueño igualitario de Martin Luther King (identificado étnica y discursivamente con Obama) con un argumento que acabó por identificar a la ex primera dama con el presidente que dividió al país y al mundo al extender la guerra de Vietnam, Lyndon Jonson, a quien la aspirante presidencial le atribuyó el mérito mayor de haber cabildeado la implantación de los derechos civiles de los negros con más efectividad que las movilizaciones de Luther King. Si los efectos de este discurso no dañan la expectativa de triunfo final de los Clinton, sí podrían traer daños adicionales a los infligidos por el actual presidente Bush a la convivencia del país. Porque la señora Clinton pareció remitir a un idealismo inviable no sólo el derecho de un no blanco a aspirar a la Presidencia, sino la posibilidad de una propuesta de gobierno que lleva en la persona misma de su abanderado un claro proyecto multicultural y liberal para la nación más poderosa de la tierra. La Corte y la reforma electoral Finalmente están otros mensajes de la campaña de EU a los políticos mexicanos, que atañen a las demás herramientas del modelo estadounidense de marketing político, plenamente arraigadas en nuestro país en los últimos lustros, como las técnicas de persuasión publicitaria de corte comercial (spots, jingles) y los sondeos de opinión. Estas herramientas han estado sometidas a cuestionamiento en el mundo, así como a controvertidas reformas electorales en los congresos de Estados Unidos y de nuestro país. Pero cuando el sistema político mexicano va, su modelo, el sistema estadounidense, viene de vuelta. En particular, las reformas aprobadas allá en 2002 para limitar el derecho a difundir mensajes pagados en los medios por personas y grupos independientes de los partidos fueron flexibilizadas al máximo por la Corte de ese país en junio de 2007. Y dos meses después, en septiembre, los partidos mexicanos dominantes aprobaron una reforma constitucional no sólo limitando, sino suprimiendo ese derecho de los particulares, reforma que ahora está siendo combatida en los tribunales de nuestro país por diversos grupos de particulares. Y quien promovió en EU, con la mejor intención, las reformas de 2002 para transparentar los recursos de las campañas, John McCain, ganó la primaria del martes para la candidatura presidencial republicana, sin aquella restricción y sin los recursos de Romney, en su partido, ni los inmensos apoyos corporativos a favor de Hillary, en el lado demócrata. El mensaje del proceso estadounidense va aquí contra las restricciones de los derechos de los ciudadanos y les habla a los políticos mexicanos de un creciente peso en las campañas y en las urnas de particulares independientes de los partidos. jose.carreno@uia.mx
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