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Luis de la Calle
09 de enero de 2008

TLCAN 2008: otra vez a debate

Casi todo lo que se ha dicho y publicado sobre el impacto de la última etapa de la apertura del TLCAN para el maíz es falso o infundado

Hizo bien el presidente de la República, Felipe Calderón, al defender, en su mensaje de Año Nuevo, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En las últimas semanas se han dado múltiples expresiones sobre el supuesto impacto negativo que tendrá en el campo mexicano la implementación de la última etapa de desgravación para la importación de maíz, frijol, leche en polvo y azúcar.

Hizo bien el presidente Calderón porque dejar pasar estos ataques infundados, y que tienen como objetivo no tanto proteger a la producción nacional de maíz sino influir en la repartición de los cuantiosos recursos presupuestarios para el sector rural (discusión de suyo legítimo), podría dañar la integridad de una de las instituciones económicas más importantes con que cuenta México, el TLCAN.

Casi todo lo que se ha dicho y publicado sobre el impacto de la última etapa de la apertura del TLCAN para el maíz es falso o infundado:

1. Se presenta a la eliminación de aranceles como potencialmente desastrosa para el campo. Sin embargo, la apertura de enero de 2008 no es de aranceles sino de cupos. Desde hace muchos años, México importa 100% del déficit de maíz (de cerca de siete millones de toneladas) libre de aranceles por los cupos que la Secretaría de Economía ha dado año tras año. Es decir, no hay en 2008 una reducción de aranceles para la importación de maíz, sino que deja de requerirse el permiso de importación que la concentraba en pocas manos.

2. Pareciera que el TLCAN hubiera tenido, en sus ya 15 años de vigencia, un impacto devastador para la producción de maíz. No obstante, la producción nacional ha crecido de 18 millones en 1993 a casi 24 millones de toneladas en 2007.

3. Se argumenta que la apertura podría incrementar los precios de la tortilla. Es exactamente al revés, es la falta de apertura (como a principios de 2007 cuando no se habían dado cupos de importación) que puede encarecer la tortilla.

4. Se afirma que el campo mexicano sufre como consecuencia de los subsidios a la producción en Estados Unidos. El gobierno mexicano tiene todos los instrumentos necesarios a su disposición en el TLCAN para compensar tales subsidios si causaran daño. El hecho es que todos los gobiernos han escogido consistentemente no hacerlo ya que el país es importador neto y se beneficia del grano en mejores condiciones. México se ha convertido en importador importante de maíz y sorgo gracias al desarrollo de las industrias avícola, porcina, bovina y lechera. Si se limitara la importación de maíz, se acabarían importando la carne y los productos lácteos, lo que no conviene.

5. Se dice que en México los subsidios al campo son pocos y no comparables a los que reciben los productores en Estados Unidos. La realidad, sin embargo, es otra: este año se van a dedicar 240 mil millones de pesos al sector rural. El problema es que los subsidios están mal distribuidos y los grandes productores —los más eficientes y lejos de ser pobres— reciben la tajada más cuantiosa. Es paradójico que el principal beneficiario de las protestas contra el TLCAN en los últimos 15 años haya sido el estado de Sinaloa. No hay otro estado que exporte más productos agropecuarios a Estados Unidos de manera preferencial bajo el TLCAN. Pero no sólo eso, cuando al inicio del tratado la producción de maíz en el estado era relativamente menor, en 2007 habrá cosechado cerca de cinco millones de toneladas resultado de generosos subsidios por parte del gobierno. En cambio, los productores en los estados más pobres del país —Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán, con milpas de dos hectáreas en promedio y rendimientos de dos toneladas por hectárea— no reciben este tipo de apoyos.

6. También se argumenta que el mercado y el neoliberalismo son siempre nefastos para el campo. En esta ocasión es exactamente al revés: el incremento de la demanda de granos en el ámbito internacional y el aumento en el precio es una magnífica noticia para el campo y representa una significativa inyección de recursos. Es un llamado para producir más y una oportunidad para capitalizar al campo.

La etapa final de la apertura debiera verse, como dice el secretario de Agricultura Alberto Cárdenas, como una oportunidad:

1. Para dejar atrás la discusión de si todos los problemas del campo son causados por el TLCAN y atacar sus causas reales.

2. Para mejorar los sistemas de comercialización y transporte para que los productores pecuarios pequeños y medianos tengan acceso a granos competitivos.

3. Para orientar a la industria pecuaria y a los procesadores de carne a los mercados externos.

4. Para redistribuir los apoyos presupuestarios de una manera socialmente más justa.

5. Para transitar hacia la producción y exportación de alto valor agregado: pasar de exportar lechugas y jitomates a exportar ensaladas y convertir al campo en la cocina de América del Norte.

El éxito del TLCAN es rotundo: las exportaciones de México se han multiplicado por cinco; el déficit comercial con Estados Unidos de tres mil millones en 1993 se convirtió en un superávit de 75 mil millones en 2007; México ha ganado participación en las importaciones totales de Estados Unidos, a pesar de la penetración china; se han atraído importantes flujos de inversión directa.

No obstante, el beneficio más importante y del que menos se habla es para el consumidor: la calidad de los productos es infinitamente superior; los precios son competitivos para todos los sectores que se abrieron; las tiendas ofrecen variedad, calidad, oportunidad, condiciones de crédito y servicios similares a las de Estados Unidos. En el sector agropecuario los beneficios para el consumidor son patentes: el consumo de cárnicos per cápita ha crecido 55% el precio real de la carne ha caído en más de 40% (al tiempo que se ha incrementado la producción); las condiciones sanitarias de los alimentos son mucho mejores; las palabras abasto y escasez suenan ahora anacrónicas y lo son.

Los hechos demostrarán al final del día quién tiene la razón en este debate crucial para el futuro de México.

buzon@cmmsc.com.mx

 
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PERFIL
 
Es director general y socio fundador de De la Calle, Madrazo, Mancera, S. C. (CMM), donde es responsable de la administración y operación de la empresa. Fue director general de Public Strategies de México. Antes, fungió como subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales en la Secretaría de Economía. Como ministro para Asuntos Comerciales de la Embajada de México en Washington, participó en el diseño, promoción e implementación del TLCAN. También laboró en el Banco Mundial como economista de país para las repúblicas Checa y Eslovaca, así como para Polonia y la antigua Zaire. Es miembro del Institute of Public Council on Agriculture, Food, and Trade, del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y del Instituto Mexicano para la Competitividad. Es doctor en Economía por la Universidad de Virginia.
 
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