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El esquema que no sirve
Espero que para este momento ya se haya usted librado de las telarañas del maíz, de la crisis del TLCAN y demás tonterías que han dado vueltas en los medios de comunicación en estos días Ya debe usted saber que subsidiamos al campo con más de 200 mil millones de pesos cada año, más de diez veces lo que se destina a Oportunidades, el programa contra la pobreza extrema. Y también sabrá que no ha ocurrido un alza generalizada en el precio de la tortilla (sino sólo en algunas regiones, muy lejanas por cierto de la frontera norte, como lo documentó EL UNIVERSAL ayer mismo). Ni hay un desplazamiento masivo de campesinos, ni nos inundan los granos de Estados Unidos. Es decir, no pasa nada. O sí, pero no lo que dicen los vividores de la protesta. Efectivamente hay pobreza en México, no cabe duda de ello; ciertamente tenemos problemas de productividad muy serios, especialmente en el campo; es verdad que hay cerca de 20 millones de mexicanos viviendo en un campo que apenas puede sostener una quinta parte. Todo esto es cierto. Pero nada de esto apareció en el último año, ni desde que se firmó el TLC. Todo esto es resultado de la manera como funcionó este país durante el siglo XX. Y no desaparecerá hasta que no cambiemos profundamente esa forma de funcionamiento. Sostener un país con base en una economía primaria es algo perfectamente posible, siempre y cuando se viva en el siglo XVII, o antes de ello. Después, es decir desde hace trescientos años, los países que han intentado sobrevivir con base en su producción agropecuaria se han hecho relativamente pobres, frente a esos otros países que producen con base en los otros sectores económicos: la industria y los servicios. Pero la industria, y los servicios con alto contenido informático, son sectores propios de una forma de producción diferente de la agraria. Se trata de lo que en el siglo XIX se empezó a llamar capitalismo. Se trata precisamente de esa transformación que Marx intentó explicar conforme ocurría. México ingresa al capitalismo gracias a la reforma profunda que inició Benito Juárez y desarrolló Porfirio Díaz. Antes de ellos, México apenas tenía algunas muy pequeñas fábricas. Casi todo se producía en la casa, desde los jabones hasta la ropa, o en pequeños talleres, talabarteros, cereros, herreros y demás. A fines del siglo XIX México se industrializa como ningún otro país de América Latina, y para inicios del XX somos los primeros en tener una gran fundición de acero (Fundidora Monterrey). El ingreso de México al capitalismo implicó una reducción relativa de ingreso de los campesinos frente a un nuevo grupo, los obreros, que ganaban bastante mejor. Los enfrentamientos a la caída de Díaz no modificaron significativamente este proceso. La “capitalización” de México continuó por el mismo rumbo, ahora guiados por los jóvenes sonorenses que llegaron al poder en 1920, y se mantuvieron hasta que Cárdenas los expulsó en 1935. Es ahí cuando tenemos un cambio: en un intento por ahorrar pasos en la mejoría de la población, Cárdenas decide seguir el camino “socialista”. El Estado se convierte en el gran rector de la economía, se destruye a la “aristocracia rural”, se agrupa a la sociedad en corporaciones, se limita a los empresarios. Con base en ese esquema vivió este país desde entonces y hasta mediados de los ochenta. Sin embargo, el agotamiento ocurrió mucho antes. El crecimiento sostenido por el campo llegó a su punto máximo en 1965. En ese año se alcanzó la máxima extensión sembrada, que prácticamente no ha cambiado. Una vez llegando a ese punto, todo crecimiento dependía de mejoras en productividad, que no pudieron ocurrir a gran velocidad. La gran “revolución verde” ya había pasado. Es en ese momento cuando México debió abandonar la idea de un país agrario-agrícola, que se industrializaba con soporte gubernamental, y en el que el gobierno controlaba todos los aspectos sociales, políticos y económicos. Pero no lo hicimos. Peor todavía, cuando la economía mundial tuvo que cambiar a inicios de los 70, nosotros ya íbamos en sentido contrario, tratando de reactivar un modelo que ya estaba totalmente agotado. El resto de la historia, y por qué es relevante, lo platicamos el jueves. www.macario.com.mx
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