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    Artes Visuales
Mónica Mayer
04 de enero de 2008

De propósitos y misiones imposibles

Los años pasan y con ellos los propósitos incumplidos de un año nuevo tras otro.

Por ejemplo, en 2007 decidí dedicar media hora diaria a disfrutar mi jardín.

El gusto me duró dos semanas antes de que el trabajo y otras distracciones me alejaran del cachito de naturaleza que he logrado defender de la epidemia de construcción que sigue asolando a la colonia del Valle.

El incumplimiento de este sencillo propósito de año nuevo me dejó dos preguntas: ¿Para qué quiero conservar un jardín si no lo disfruto? ¿Por qué los propósitos de Año Nuevo siempre son personales?

Ahora, para empezar el año con todos los bríos que requiere el inicio de un ciclo y la energía que necesitaremos para enfrentar la escalada de precios que se nos viene encima, en lugar de propósitos de Año Nuevo me he planteado tres misiones que se antojan imposibles.

La primera es desarrollar e implementar un plan maestro para la documentación y conservación de las artes no-objetuales, incluyendo pero no limitado a: performance, instalación, videoarte, intervenciones y arte conceptual.

El plan incluye cambiar las leyes y reglamentos necesarios para que los archivos documentales de museos que resguardan este tipo de obra se consideren patrimonio. Asimismo, considerará el desarrollo de parámetros para registrar, conservar y difundir estas propuestas de manera profesional.

La segunda misión imposible es convertir al arte en un producto de consumo masivo. Si lo tenemos y lo conservamos, hay que disfrutarlo todos.

He planeado varias estrategias, empezando por convencer a las televisoras comerciales se abrieran más a la cultura.

Viendo el éxito del evento del estadounidense Spencer Tunick y del homenaje a la pintora Frida Kahlo en 2007, me sorprende que no se les haya ocurrido un reality show o una telenovela para aprovechar el interés que ya despiertan.

También pienso lograr que el gobierno deje de tirar a la basura sus valiosísimos tiempos de transmisión en radio y TV con publicidad sobre las actividades de sus diversas instancias para utilizarlo en algo útil como campañas de salud, educación y cultura. Me conformo con cinco minutos diarios para las artes visuales. Siempre había pensado que si el público no va al arte, el arte tiene que ir al público.

Por ello apoyaba los proyectos de exposiciones callejeras. Pero viendo en lo que se ha convertido la avenida Reforma, que cuando no tiene bancas diseñadas por artistas tiene esculturas de calacas de dudosa calidad, creo que el público merece enfrentarse al arte en mejores condiciones.

Por otro lado, hoy que estamos copados visualmente por espectaculares y vallas publicitarias, me parece que las exposiciones en las rejas de Chapultepec dejaron de ser una buena opción para unirse al ruido visual citadino.

Hay que encontrar otras opciones, otros espacios. Podría optar por propuestas alternas, como regalarles camisetas con imágenes artísticas a los limpiavidrios y viene-vienes. Pero de entrada prefiero un programa que garantice que los niños de primaria y secundaria asistan a museos por lo menos dos veces al año si viven en ciudades grandes y otro de exposiciones reales o virtuales que lleguen a las escuelas.

La tercera misión, la que se antoja más difícil, es integrar una organización de artistas visuales para defendernos en casos de censura e incumplimiento. ¿A cuántos no nos han cancelado una exposición, con el gasto que ello implica, porque cambió el funcionario en turno? Sin embargo, el fuerte de la organización sería pugnar por mejores leyes y programas de cultura.

En fin. Habiendo planteado las misiones imposibles, me despido para irme un ratito al jardín.

pintomiraya@yahoo.com

 
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PERFIL
 
Mónica Mayer quiere seducir al público para que se acerque a las artes visuales, que dice, han sido relegadas a nivel educativo y en los medios de comunicación. En contraste con esa necesidad de llamar la atención, la autora confiesa que cuando escribe nunca piensa en sus lectores, pues "me pondría muy nerviosa de saber que alguien la está leyendo". Lleva más de 15 años con esta tarea.
 
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