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    Agenda del debate
José Carreño Carlón
03 de enero de 2008

Los temas de 2008, desvirtuados por las guerras hacia el 2012

Sólo un periodo del Congreso con acuerdos; luego, el inicio de la batalla de la elección intermedia

En la mira: inflación, apertura, control de procesos electorales y de la comunicación, aborto…

Son varios los temas —entre vitales y explosivos— que se perfilan para ser colocados en el centro de la agenda del debate público desde estos primeros días y a lo largo de 2008.

Pero todo indica que su tratamiento será guiado, dominado y por tanto desvirtuado por las guerras desatadas ya por los jefes de bandos, bandas y de tribus, de todos los partidos para la conquista del poder de aquí a las elecciones generales de 2012.

El escenario de 2008 se vuelve más inquietante si se considera que apenas transcurra, si acaso, el primer periodo de sesiones del Congreso —entre febrero y abril— ya estarán detonando abiertamente los proyectiles de la crucial batalla de la elección intermedia de 2009, que incluye el cambio de gobierno en varios estados clave (Nuevo León, Sonora, Querétaro, con San Luis Potosí, Campeche y Colima) así como la renovación de la Cámara de Diputados.

Entre los más inmediatos temas centrales de la agenda de 2008 aparecen, por sus repercusiones sensibles tanto en las realidades como en las percepciones de la mayoría de la población, las anunciadas presiones inflacionarias que generará el alza de los combustibles (gasolinas, gas diesel) y de la energía eléctrica en los precios de una serie de bienes y servicios básicos.

Sin embargo, a ningún tipo de esclarecimiento conducirá en este punto un debate ya iniciado y adulterado por la violencia verbal de quienes politizan el tema satanizando a quienes sacaron adelante el modesto paquete fiscal del que este aumento forma parte. Lo que sí pueden lograr —como ya lo han hecho los opositores de los acuerdos en esta materia— es que el Ejecutivo vuelva a caer en la tentación de pretender reducir (ilusoriamente) los costos políticos del aumento, con medidas que en cambio sí acarrean nuevos costos financieros y pueden terminar, allí sí, reduciendo a la nada los de por sí magros efectos positivos de la llamada reforma fiscal alcanzada en septiembre pasado.

El siguiente tema del debate anunciado para 2008 es el del vencimiento de los últimos plazos para la liberación del comercio de maíz, frijol, azúcar y leche en polvo procedentes de Estados Unidos y Canadá, por el impacto desfavorable en algunas zonas agrícolas de la llegada de esos productos al país a precios más reducidos, al lado del impacto favorable que algunas de esas importaciones tendrán en el control de las presiones inflacionarias del año.

Ruido vs. información y análisis

No se esperan mayores aportaciones de la desinformada y des-informante retórica antiTLC —ni de la ausencia de propuestas viables— de los grupos que en estos días se han manifestado contra la apertura y se disponen a involucrar en sus protestas a mayores contingentes. En contraste, el equilibrado balance del editorial de EL UNIVERSAL de ayer documenta y analiza puntualmente las ventajas que trajo al país el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al lado de desventajas agudizadas por la irresponsabilidad —que ahora llama a corregir— de los gobiernos mexicanos (y de los líderes agrarios) que dejaron ir los 14 años de plazo que tuvieron para preparar al campo mexicano para la apertura.

Lo que sí aportarán probablemente las protestas anticarestía y antiTLC tripuladas por los grupos políticos en busca de acomodo en sus partidos —dentro de esta anticipada y feroz lucha por el poder— es un ruido formidable que aplazará una vez más el debate de fondo sobre la economía mexicana, que previsiblemente registrará en 2008 un menor crecimiento que el esperado, pero con una inflación que puede repuntar a niveles preocupantes.

Hay, por otra parte, temas vitales para elevar la eficiencia de la economía mexicana y de la competitividad del país, que previsiblemente ocuparán el debate del 2008. Uno de ellos es el de la reforma energética, una vez que los jefes partidistas que controlan la agenda política aparentemente han acordado llevarla adelante sin tocar la Constitución. Menos segura, pero no descartable del todo, podría ser la discusión de la también postergada reforma laboral. Y, más probablemente, el tema de la reforma judicial, cuya conclusión quedó pendiente en el periodo anterior del Congreso, se colocará entre los primeros a ser desahogado en el año que despunta.

Lo cierto es que todo lo que no sea acordado en el primer semestre difícilmente se concretará en el segundo, sometido ya a las guerras del futurismo político.

Y lo cierto también es que esos jefes políticos tienen su propia agenda, para ellos más importante que la agenda de sus electores y la del interés nacional. Aunque es una agenda que puede resultar igualmente explosiva. Especialmente en los temas en que se proponen seguir adelante con su proyecto de tomar el control de los órganos reguladores de los procesos electorales y de la comunicación política.

Más conflagraciones anunciadas

De allí que algunos no quiten el dedo del renglón de un periodo extraordinario del Congreso para que los jefes políticos puedan recomponer sus intereses en el gobierno del Instituto Federal Electoral, que a los diputados se les deshizo entre las manos en los últimos días del periodo ordinario que concluyó en diciembre.

El problema es que el litigio resultante de las reformas electorales del año pasado todavía no concluye. Y previsiblemente también este semestre llegarán a la Suprema Corte las decenas de amparos de particulares, hombres de negocios e intelectuales, contra las limitaciones a las libertades informativas y de expresión incorporadas en dichas reformas.

Es este un tema presente en la legislación electoral estadounidense, cuyas correcciones impuestas por la Corte de aquel país en junio pasado, influyeron en la participación de numerosos grupos independientes de los partidos y de los comités de campaña en el Caucus de Iowa que ahora culmina.

Ahora llega el tema a la cancha de la Suprema Corte mexicana, cuyo Pleno abrió ayer sus sesiones de 2008 con su propia agenda cargada de conflagraciones adicionales para la agenda del debate público del año.

Entre otros temas desahogará las acciones de inconstitucionalidad que presentaron la PGR y la Comisión Nacional de Derechos Humanos contra las reformas de la Asamblea Legislativa del DF que despenalizan el aborto en el Distrito Federal, así como los casos de presuntos abusos en los choques de San Salvador Atenco y los amparos contra la nueva Ley del ISSSTE, así como violaciones a las garantías individuales durante el plantón de la CNTE en Oaxaca.

Si a esto agregamos que el PAN en el Senado se propone incorporar el tema de una nueva Ley de Medios de Comunicación y el PRI seguir adelante con su llamada reforma del Estado, para replantear los cotos de poder del Ejecutivo y el Legislativo, no nos queda más que apresurarnos a desearles a los lectores un feliz Año Nuevo, antes de que éste sea vencido por la vejez prematura que le deparan tantos aprestos de guerra.

 
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PERFIL
 
José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos datos de una trayectoria de décadas en la comunicación pública.

Profesor de derecho de la información de la UNAM y coordinador de periodismo de la Universidad Iberoamericana, realizó sus estudios de licenciatura en la Universidad Nacional y los de pos-grado en Leiden (Países Bajos) y Navarra (España)

 
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