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Para celebrar los 25 años de la aparición del libro Ojo de jaguar, del poeta chiapaneco Efraín Bartolomé, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y la Casa Juan Pablos coeditaron este libro en una hermosa edición de formato pequeño en pasta dura, con prólogo de Marco Antonio Campos. Campos fue el primer editor de Efraín Bartolomé, precisamente con Ojo de jaguar, que se publicó en las Ediciones de la Revista Punto de Partida, en 1982. Explica el también poeta: “Cuando en 1982 Efraín Bartolomé publicó modestamente Ojo de jaguar, sólo unos cuantos admiraron a un poeta fuera de serie. Ahora, años después, aumentado, nos lo entrega de nuevo. Es el libro de su estado natal, Chiapas, un lugar donde se siente a la tierra y al hombre en carne viva. Hay paisajes recobrados, historias de familia, historias de los otros, historias de sí mismo. Por la poesía de Efraín Bartolomé los nombres propios de personas, sitios y cosas son ya parte de nuestra imaginación y música”. Con sus 162 páginas y sus ocho secciones (“Selva adentro”, “Tiempo de agua”, “Donde habla la ceniza”, “Corte de café”, “Tatuajes en el agua”, “Ala del sur”, “Lengua nocturna” y “Audiencia de los Confines”), en efecto, el nuevo Ojo de jaguar (México, 2007) está sustancialmente aumentado. La edición original constaba de las primeras cuatro secciones. Ahora, al enriquecimiento de poemas, Bartolomé le ha sumado también una revisión de la escritura, casi imperceptible muchas veces porque, entre otras cosas, tal como advierte Marco Antonio Campos, Ojo de jaguar desde su aparición es sorprendente y admirable tanto por su originalidad como por su madurez que se revelan desde su página inicial (Casa de los monos): “Para qué hablar/ del guayacán que guarda la fatiga/ o del tambor de cedro/ donde el hachero toca/ A qué nombrar la espuma/ en la boca del río Lacanjá/ Espejo de las hojas/ Cuna de los lagartos/ Fuente de macabiles con ojos asombrados/ Quizá si transformara en orquídea esta lengua/ La voz en canto de perdiz/ El aliento en resoplar de puma/ Mi mano habría de ser/ una negra tarántula escribiendo/ Mil monos en manada sería mi pecho alegre/ Un ojo de jaguar daría de pronto/ certero con la imagen/ Pero no pasa nada/ Sólo el verde silencio/ Para qué hablar entonces/ Que se caiga este amor de la ceiba más alta/ Que vuele y llore y se arrepienta/ Que se ahogue este asombro hasta volverse tierra/ Aroma de los jobos/ Perro de agua/ Hojarasca.” La poesía de Ojo de jaguar recupera el paraíso: lo nombra y, al nombrarlo, lo reconstruye. Es uno de los libros de poesía más perdurables entre los producidos en la segunda mitad del siglo XX en México. Para Campos “es admirable la precisión de los juegos de luz y sombra en las imágenes del libro”. Por ello, al aconsejar la lectura y la relectura de este poemario que está cumpliendo cinco lustros, dice concluyente: “Veamos lo que ve el prodigioso ojo de jaguar. Oigamos una voz, una gran voz. A un gran poeta”. Este gran poeta que, con imagen, música y palabra precisas nos entrega la siguiente perfección (Jaguar): “Un sol del tacto/ Por la intrincada selva de mis nervios/ lo miro caminar/ Perfecto hijo del día y de la joven sombra/ Suave centella:/ silencioso paseante de mis venas”. Pocos poetas pueden sentirse tan afortunados de que su libro inaugural siga siendo no sólo vigente sino también vivo y en constante cambio, evolución y crecimiento. Ojo de jaguar es una referencia fundamental en la poesía mexicana y hay una razón más para la celebración de sus 25 años: los cinco lustros de interesar y formar lectores de poesía.
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