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Para finales de los años 50, los urbanistas continuaban realizando, sin ningún orden nuevos trazos a diestra y siniestra cual si se tratara de hacer enchiladas, acarreando fuertes críticas por parte de expertos extranjeros y de los habitantes de esas colonias que quedaban construidos a medias, sin ninguna clase de servicios, todo por la prisa de acelerar la metástasis del gran tumor de asfalto en el Distrito Federal. Llegados los años 60, en Naucalpan, Zaragoza y Tlalnepantla, la población urbana ya había alcanzado más del 70%. En Lomas Hipódromo, Tecamachalco, Jardines de San Mateo, Bosques de Echegaray, La Florida y Ciudad Satélite, las siete asociaciones vecinales ya habían logrado supuestos acuerdos con las autoridades para concluir las obras inacabadas e incluso se anunció por parte de las autoridades un presupuesto (para muchos ficticio) de aproximadamente 15 millones de pesos. Entre las zonas que en opinión de los especialistas mostraban más claramente el arma de dos filos que significaba construir sin ninguna clase de planificación, se encontraba ciudad Nezahualcóyotl. El atraso en las obras de urbanización pendientes continuaba despertando protestas por parte de sus habitantes, acostumbrados a escuchar promesas y conformarse con los paliativos del funcionario en turno, quien al concluir su gestión, heredaba a su relevo el mismo abultado folder de pendientes. A principios de esa década, algunos reportajes dieron a conocer las condiciones infrahumanas en que vivían cientos de pobladores de este lugar. La construcción de casas de cartón, lámina y trebejos continuaba siendo una práctica común entre los pobladores de esta zona. El alumbrado público en sus sectores más alejados era inexistente, y ya ni hablar del agua potable, sistemas de drenaje, etcétera. Lo más grave era que en la zona habitaban niños y ancianos que a causa de las duras condiciones de vida, enfermaban constantemente sin contar con ninguna clase de asistencia médica. A finales de la década de los sesenta, exactamente un 8 de julio de 1968, se publicó en este mismo diario un excelente reportaje sobre esa zona, denunciando la falta de atención por parte de los urbanistas. El texto decía: Sobre ciudad Nezahualcóyotl prácticamente sabemos todo. Sabemos que se fundó como la antigua Tenochtitlán, sobre un paraje lacustre, y que en su fundación también tuvieron que ver, si no un águila, sí muchos buitres. Sabemos que sus habitantes dividen el año en dos estaciones: la de las polvoredas y la de las inundaciones, y que no conocen ni la luz eléctrica, ni las instalaciones de agua potable, ni los sistemas de drenaje. A juzgar por los nombres que los habitantes de Neza han dado a sus colonias: Agua Azul, Pirules, Sol, Evolución, Loma Bonita, Manantiales, Esperanza, Valle de los Reyes, sabemos que poseen un espíritu poético y optimista. Sabemos los nombres técnicos de las enfermedades que más frecuentemente los azotan: la bronquitis aguda, la amigdalitis, la gastroenteritis y, en general, todas las de origen hídrico. Lo único que no sabemos es qué van a hacer los fraccionadores para cumplir las promesas que han hecho a los habitantes de Nezahualcóyotl y que versan sobre tendido de líneas de luz, drenaje, agua potable, banquetas, conformación de arroyos, etcétera; qué van a hacer las autoridades para a cumplir con lo prometido. A casi 30 años de haber sido publicado este artículo por El Universal, continúa siendo exacto y vigente en la descripción de los sectores más apartados de Ciudad Neza. Una prueba que el dedo urbanizador sólo deja su huella ahí donde el cobre reluce y los billetes marean con sus muchos ceros, cualquier evocación al próspero rancho de los Fox… es mera coincidencia. ciudadeayer@gmail.com
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