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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
06 de diciembre de 2007

“Candidato en construcción”

Ebrard le apuesta, al mismo tiempo, a ser el plan B y el plan A del lopezobradorismo

Su estrategia no es nueva ni desconocida. Los ejemplos previos son aleccionadores

Aquí hemos señalado que una buena parte de los primeros 12 meses de su gestión como jefe de Gobierno del Distrito Federal, el señor Marcelo Ebrard los dedicó a la construcción de un liderazgo del que carecía cuando llegó al cargo hace un año. Con un poco de imaginación, en realidad en el edificio del Cabildo frente al Zócalo capitalino se podía leer un gran letrero que rezaba: “Líder en construcción”.

Pero una vez cumplido un año frente al gobierno capitalino, y con la misma pizca de imaginación, ese letrero podría haber cambiado por uno más adecuado a los tiempos por venir: “Perdone las molestias que esta obra le ocasiona. Candidato presidencial en construcción”. Y la señal más clara de esa mudanza de “líder en construcción” a “candidato en construcción” la vimos con la expropiación del Centro Histórico a favor del gobierno y los intereses político-electorales del gobernante en turno, una vez que durante décadas ese territorio estuvo en manos del comercio ambulante.

En pocas palabras, que la expulsión de los ambulantes del Centro Histórico no sólo fue una medida para entregarlo a los ciudadanos —los dueños originarios de las calles—, sino que en el fondo Marcelo Ebrard ya lo utiliza como el espacio privilegiado para toda suerte de artificios que le permitan edificar su candidatura presidencial, una vez que los niveles de popularidad lo han colocado ya como un naciente líder político y social. Y quienes tengan alguna duda, sólo tienen que darse una vuelta por el Zócalo, hoy convertido no sólo en la pista de patinaje sobre hielo más grande del mundo, sino en el mejor ejemplo de que asistimos a la “construcción de un candidato presidencial”.

Y por supuesto que serán muchas las voces que señalen que en la llamada izquierda mexicana, en el PRD, ya existe un pretenso para ocupar la Presidencia en el aún lejano 2012, en referencia al señor Andrés Manuel López Obrador. Y pudieran tener razón, pero también es cierto que en política el futuro resulta intangible, impredecible y volátil; pueden pasar muchas cosas y los políticos profesionales aconsejan que en la búsqueda de todo cargo público se debe acudir con más de un as bajo la manga.

En esa lógica, la estrategia del jefe de Gobierno parece un diseño de tantos atajos como objetivos. Es decir, que Marcelo Ebrard le apuesta, al mismo tiempo, a ser el plan B y el plan A para los objetivos del lopezobradorismo —según sea el caso—, y hasta tiene en su mazo de posibilidades, la baraja de jugar por la libre, con el respaldo de otro partido político. Y en esa ruta, el señor Ebrard parece haber cumplido la primera etapa de su estrategia, la de convertirse en un líder político y social, al tiempo que es un gobernante bien calificado por un sector amplio de los capitalinos. La segunda fase de ese diseño tiene que ver con la construcción de un potencial candidato presidencial, para lo que proyectará acciones de gobierno y ocurrencias populistas y hasta populacheras que trasciendan las fronteras del valle de México, como fue la ayuda a Tabasco, en tiempos de emergencia.

Por ahí de 2009 —no sabemos si antes, durante o después de las elecciones federales intermedias—, veremos el inicio de la tercera etapa de la campaña rumbo al 2012, y consistirá en la construcción no sólo de un potencial candidato presidencial, sino de uno que resulte “ganador”. ¿Qué quiere decir eso? Que no bastará con haber edificado a un candidato presidencial, sino que esa figura deberá alcanzar los niveles de popularidad y aceptación que lo conviertan en un “pastelito apetecible” para cualquier franquicia político electoral. Pero la estrategia de Marcelo no es nueva y tampoco desconocida por los mexicanos. Los ejemplos previos son aleccionadores.

En primer lugar está el caso de Vicente Fox, quien desde el gobierno de Guanajuato rompió todos los dogmas de la vieja clase política para colocarse, primero, como un precandidato del que muchos se reían, y luego en un poderoso aspirante que gracias a su audacia y a una buena estrategia, ya que no tenía contrincantes enfrente cuando llegó el tiempo de elegir candidato, tanto dentro de su partido como en otras formaciones partidistas. Al final, Fox se impuso no por sus cualidades como potencial presidente —a pesar de que engañó a muchos bobos que incluso le apostaron al voto útil—, sino gracias a una efectiva estrategia de mercado y de imagen. El segundo ejemplo es el de AMLO, quien pareció haber contratado al entonces presidente Fox como el constructor de su campaña —por las torpezas del ex presidente, que le hizo buena parte de la campaña—, al tiempo que desarrolló una estrategia de imagen y golpes populistas y populacheros que lo convirtieron en el líder que todos esperaban. Los fenómenos Fox y AMLO son los modelos a seguir para el jefe de Gobierno capitalino.

Lo que no queda claro, acaso ni siquiera para el propio Marcelo, es lo que ocurrirá por ahí de finales de 2010 y principios de 2011 respecto de su relación con López Obrador. Hasta hoy, Marcelo ha mantenido su alianza con AMLO, permite y hasta estimula su papel de subordinado del tabasqueño, incluso ha aguantado que le llamen títere de López Obrador.

Nadie puede decir que Marcelo sea un tonto, un sometido y menos un títere. Se le podrá señalar de muchas cosas, menos de esas. ¿Entonces por qué ha aguantado todo eso? Por estrategia. Si las cosas no se le dan a AMLO para regresar como candidato presidencial, impulsará a Marcelo, si Ebrard logra un liderazgo sólido como presidenciable y AMLO le estorba, entonces lo dejará y buscará su propia candidatura. Así de fácil. Es cosa de tiempo.

En el camino

Sin duda inteligente la respuesta de Carlos Navarrete a la carta de AMLO. Dijo el jefe de los senadores del PRD: “Hagamos un nuevo partido, en donde PRD, PT y Convergencia pongan su registro en la nueva fuerza política, y que Andrés sea el jefe”. ¿Saben cuándo ocurrirá eso? Nunca. Y si no, al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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