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PRD-AMLO: la ruptura
En el juego del poder de la reforma electoral y el IFE, López Obrador perdió piezas de su proyecto Se trata de una división en los hechos que no tardará mucho en tener su carta de defunción En los hechos, y a pesar de las mil máscaras con las que han querido ocultar la relación irreconciliable entre los dos grandes grupos que disputan la franquicia del PRD, la ruptura ya es inocultable y se exhibió a lo ojos de todos en la menguada concentración popular del pasado 18 de noviembre en el Zócalo capitalino, en donde —además del escándalo de Catedral— la nota la dieron las grandes ausencias. Por eso, la carta que envió a los líderes parlamentarios del PRD el señor Andrés Manuel López Obrador —el pasado lunes— no es más que la confirmación de un “rompimiento anunciado”; ya que de golpe y porrazo el líder tabasqueño descalificó a los legisladores de su partido, los avances de una reforma electoral que —cuestionable y todo— colocan al PRD como uno de los grandes ganadores, y hasta significó una suerte de desagravio —si no es que hasta una venganza— contra los imaginarios o reales artífices del supuesto fraude. En realidad López Obrador se exhibe como lo que siempre ha sido: intolerante, autoritario y nada democrático —lo sorprendente, en todo caso, es que algunos de sus fieles apenas se den cuenta—, ya que con su carta a los líderes parlamentarios del PRD lo que hace es levantarse, patear la mesa y hasta llevarse las fichas del juego —una vez más— cuando las cosas no salen como él quiere, cuando parece derrotado nuevamente, ahora en la negociación, como ayer lo hizo en la elección. ¿Qué dijo AMLO en su misiva a Javier González Garza y a Carlos Navarrete? Primero expresó su “absoluto desacuerdo” con la reforma electoral, esa que guillotinó al IFE, le arrebató parte de su carácter ciudadano, echó de las elecciones al poder fáctico de la radio y la televisión, y dejará el control de las elecciones en manos de los partidos. ¿Por qué hasta ahora, al cuarto para las doce? ¿Por qué no expresó su desacuerdo absoluto cuando se realizó la reforma constitucional? La respuesta es elemental. Porque en el juego del poder en el que se metieron el tabasqueño y el PRD, el señor López Obrador perdió lo que considera piezas fundamentales de su proyecto personalísimo, no de su partido y menos de la democracia mexicana: la figura de coaliciones en el nuevo Cofipe (canceladas por la reforma), por un lado, y el control del IFE a través de su preferido para presidir el Consejo General del Instituto —el ministro de la Corte Genaro Góngora Pimentel— por el otro. En el primer caso, todos saben que AMLO fincó su futuro político-electoral en la sobrevivencia del Frente Amplio Progresista (FAP), un “muégano” político que poco o nada aportaba al PRD y a los grupos hegemónicos como el de Los Chuchos, y que tarde o temprano terminará por “desfondar” al partido amarillo. Frente a una realidad incontrovertible como esa —y que sobrevaluó a partidos como el PT y Convergencia—, Los Chuchos no vieron mal que se acabara con las rémoras partidistas que, por lo demás, les resultan altamente costosas en lo político y económico. Acabar con las coaliciones por ley, no es más que acabar con el juguete de AMLO. En el segundo caso, el de la disputa por la presidencia del IFE, el señor López Obrador perfiló a su preferido y amigo, el ministro Genaro Góngora Pimentel —mientras que el PRI impulsó a Jorge Alcocer y el PAN al ex consejero Mauricio Merino— pero ya en las “vencidas” políticas, como todos saben, el primero en caer fue Jorge Alcocer, alfil del PRI que en lo más parecido al “fenómeno dominó” habría derribado lo mismo a Genaro Góngora que a Mauricio Merino. Es decir, que al caer el hombre del PRI para presidir el IFE, se rompió el punto de equilibrio y también habría quedado fuera el del PRD, y acaso el del PAN. Se le puede dar crédito o no a la hipótesis, pero lo cierto es que la carta de AMLO a los jefes parlamentarios de los amarillos parece confirmarla. Primero, al referirse a las coaliciones, López Obrador dice lo siguiente: “La iniciativa de reforma que se intenta aprobar, entre otras cosas, impide la formación de coaliciones, postura contraria a lo que ha venido defendiendo el PRD desde sus orígenes”. ¿Por qué reacciona hasta ahora? ¿Le interesan los principios del PRD o sus intereses personales? ¿Cómo explica esa aberración que significa defender a dos partidos rémoras, antes que a su propio partido, que es la segunda fuerza? Lo que en realidad defiende AMLO, más allá de la demagogia “ceceachera”, es al que en el futuro sería su nuevo partido, sea el PT o Convergencia. Cuando habla de la integración del IFE, la perla es aún mayor. Dice: “En la integración del Consejo General del IFE persiste el contubernio entre el PRI y el PAN, para mantener la subordinación de ese órgano, tal como lo hicieron cuando recientemente nombraron a los nuevos integrantes del Tribunal Electoral del Poder Judicial”. ¿Qué quiere decir con eso? Se podría señalar que por su exceso de trabajo como director y distribuidor de cine, no se dio cuenta que desde la reforma constitucional no se cambió nada respecto al reparto de cuotas para integrar el IFE. Un pequeño olvido, igual al de Pablo Gómez en 2003, cuando se integró el IFE que hoy fue decapitado. Pero no, esa declaración parece el reconocimiento de que PAN y PRI se negaron a entregar al PRD y a López Obrador la presidencia del IFE. Y dígalo si no el párrafo siguiente, de la misma carta de AMLO: “No está de más precisar que, como a ustedes les consta, me he mantenido al margen de estos acuerdos y, por mi compromiso con la democracia, jamás negociaría el nombramiento de un consejero para justificar cualquier retroceso”. ¿Qué quiso decir? Es falso que no se haya mantenido al margen de los acuerdos, porque todos en el PRD saben que ha metido no sólo la mano, sino todo el cuerpo. Luego reconoce la negociación de consejeros del IFE, las cuotas que nunca cuestionó en la reforma constitucional, que ahora no le favorecen, y que todos en el PRD, PAN y PRI han negado. Además de que delata que el PRD votará a favor en lo general, del Cofipe, y en contra en lo particular. Es la ruptura en los hechos, que no tardará mucho en tener su carta de defunción. Al tiempo. aleman2@prodigy.net
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