El PRI perdió su carta fuerte. Pero en la batalla por el poder electoral, el PRD también podría perder a su preferido
La eficacia de la CENCA y su supervivencia parecen llamadas a convertirse en una nueva derrota para Manlio
El revés que sufrió Jorge Alcocer ensus deseos por convertirse en el nuevo consejero presidente del IFE se debe entender como una derrota al poderoso jefe de los senadores del PRI, Manlio Fabio Beltrones, quien a través de su estrecho colaborador intentaba mantener el control de los dos más importantes órganos electorales federales: el IFE y el Tribunal Electoral.
El domingo pasado dijimos en este espacio que los tres grandes partidos y, por supuesto, el gobierno federal tenían cada uno sus cartas para proponer al nuevo presidente del IFE, en ese orden: Genaro David Góngora Pimentel, Jorge Alcocer, Mauricio Merino y Lorenzo Córdova. “Los dos primeros son los más fuertes, pero en el proceso de negociación podrían pasar muchas cosas, se podrían ponderar muchas variables y en caso de un callejón sin salida, se abriría espacio a la tercería, un tercero para romper la discordia”.
Y en efecto, pasaron muchas cosas, se ponderaron muchas variables, y al final de cuentas Jorge Alcocer fue “reventado” por un sector del PRD y por la mancuerna integrada por el PAN y Los Pinos: Felipe Calderón y Germán Martínez. En esa primera escaramuza el PRI perdió su carta fuerte. Pero en la batalla por el control del poder electoral, el PRD también podría perder a su preferido, el ministro Genaro David Góngora Pimentel, identificado como “el hombre de El Peje”.
Y es que si bien el aún ministro de la Corte cuenta con el aval del gobierno, del PAN y sobre todo del PRD, el PRI podría cobrar el agravio sufrido por el revés a Jorge Alcocer en la figura de Genaro David Góngora. ¿Cómo podrían reventar al ministro? Para efectos políticos sobran los argumentos: que si no tiene experiencia electoral, que si su cargo en la Corte es irrenunciable, que si razones de edad…
En todo caso, lo interesante de la caída de Alcocer, y la muy probable de Góngora, dejaría claro que el PAN y el gobierno de Calderón no estarían dispuestos a entregar al PRI o al PRD la nueva presidencia del IFE, en tanto que PRI y PRD se negarían a que el PAN y el gobierno lograran esa posición. En esa lógica también estaría en riesgo la candidatura de Mauricio Merino, la carta de los azules. De confirmarse la hipótesis, serían muchos los descartados y se abrirían posibilidades para los candidatos no partidistas, o para aquellos que no están directamente vinculados con un líder o con un partido.
Pero el revés a Alcocer no es la primera derrota que sufre el senador Manlio Fabio Beltrones, el promotor de la Ley para la Reforma del Estado, artífice de la reforma constitucional en materia electoral y de las enmiendas al Cofipe. No, el señor Beltrones arrastra un “lastre” que se llama Comisión Ejecutiva de Negociación y Construcción de Acuerdos (CENCA), que debió ser el instrumento legislativo para procesar la reforma del Estado —y que tiene una vigencia de un año a partir del 13 de abril de 2007—, pero que en la práctica quedó reducida a una grosera burocracia que costará a todos los ciudadanos la friolera de 80 millones de pesos.
Resulta que el primer secretario técnico de la CENCA, el señor Alberto Aguilar Iñárritu —llevado al cargo por Beltrones—, convirtió la comisión a su cargo en una “piñata” personal, en donde el despilfarro fue la constante. Las primeras tareas de la CENCA, los foros de consulta para la reforma, dejaron ver el ofensivo gasto de recursos: abundantes boletos de avión, renta de vehículos y pago de hoteles de lujo. Algunas perlas lo explican. La consulta terminó el 8 de julio pasado, y entre julio y septiembre la CENCA gastó 130 mil pesos en comidas, se rentó un edificio ostentoso y caro, se compraron muebles, computadoras, cañones y pantallas de televisión, refrigeradores, hornos de microondas y vehículos, uno de ellos una camioneta Ford Escape que mandó adquirir Aguilar Iñárritu para su uso personal, además de que contrató servicios sin licitación —que beneficiaron a la parentela—, y hasta se colgó “medallas” de estudios realizados por otros grupos de trabajo.
Y no, no se crea que se trataba de crear una dependencia sexenal, sino que todo ese gasto se hizo para la CENCA, una instancia legislativa que apenas duraría un año. Por eso, en cuanto aparecieron los indicios de malos manejos, los representantes de PAN y PRD reclamaron su cabeza, la cual, ante las evidencias, fue entregada sin chistar, sin que los propios priístas intentaran defenderla. Bueno, en realidad le dieron una salida “decorosa”, al asignarle el cargo de consejero, pero, eso sí, con el mismo sueldo y los mismos privilegios.
La eficacia de la CENCA y su supervivencia —y en realidad su razón de ser— parecen llamadas a convertirse en un nuevo revés para el poderoso Manlio Fabio Beltrones. ¿Por qué? Porque es una instancia legislativa que navega a contracorriente, ya que a menos de cinco meses de concluir su vida útil y para lo que fue creada, el único consenso que existía entre los tres grandes partidos —el de la reforma electoral y el del nuevo Cofipe— ya no es parte de la agenda de la Comisión de Negociación y Construcción de Acuerdos, además de que el llamado G-5 —la chiquillada— censuró su existencia, eficacia y legalidad, al ser marginados de las discusiones y votaciones en la construcción de acuerdos para dictaminar el Cofipe.
A la CENCA le restan cinco meses para, ahora sí, intentar la construcción de acuerdos. Por delante tiene pendiente el desahogo de grandes temas, entre ellos la reforma judicial —que por cierto se podría procesar fuera de la CENCA—, y acaso el tema más importante, el del cambio de régimen de Estado y de gobierno, que polariza notablemente a los partidos, ya que no existe acuerdo entre las dos posturas encontradas, la del semipresidencialismo con un jefe de gabinete o semiparlmentarismo. Pero resulta que se atraviesa el fin de año, vacaciones de los legisladores y el cambio en la dirigencia del PRD, todos ellos tiempos muertos. Así, la cacareada reforma del Estado puede terminar en una mera reforma electoral a modo, en un cobro de facturas o nuevo reparto del poder. Al tiempo.
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